Anotaciones sobre la pereza
Día 1
Mi techo es azul brillante.
No tiene estrellas ni ventanas.
Ruge como el mar
me mantiene despierta con sus sonidos de avalancha.
Mi techo me aplasta cuando tengo pesadillas.
Cruje sobre mis huesos,
rebota en mi cadera.
Mi techo es el norte;
una libreta sin desorden.
Mirar al cielo.
Burbuja rosada,
nubes naranjas.
Mi cielo es un techo,
es un techo mi cielo.
Día 2
Hay tres plumas en mi almohada,
son menta, púrpura y naranja.
La naranja le hace daño a mi cara.
Me acerco y se me resecan las escamas.
Me broto y soy pura rosácea.
No me alejo, la olfateo.
No me muevo.
Prefiero la alergia a admitir que tengo un cuerpo.
Día 3
El derecho a la pereza. El derecho a la pereza. El derecho a la pereza.
Día 4
Creo que mi cerebro ya no sabe descansar.
No recuerdo cómo tomar café en la mañana,
y pensar nomás en café.
Saborear los trozos de papelón.
Jugar con la leche.
Imaginar que es espuma de mar en mi taza glaseada.
Tomar café y soñar.
Olvidé cómo tomar café e imaginar.
Día 5
No cociné, pero llevo dos días comiendo x3.
Dormí. Lloré. Ordené.
Todo me costó.
Abrí mi cuaderno y escribí:
soy una estrella,
básicamente el sol.
Día 6
La pereza es un ecosistema que anda:
alga, selva, polillas y larvas.
La pereza es elegir las batallas.
Porque pelear cansa.
Y dejar de hacerlo desgasta.
La pereza tiene el metabolismo más lento.
30 días en digerir
una sola hoja.
No hay apuro, estamos aquí.
La pereza es mamífera.
Como yo.
Observa y se despereza.
Gabriela Mesones Rojo es poeta, periodista, editora y artista visual ocasional. Es autora de Paisaje Ulterior (Common Books, 2018) y fundadora de El sucio editorial. Es feliz durante la temporada de mango y siempre intenta ver el amanecer.



