Poesía colombiana: Jenny Bernal

Leemos algunos textos del nuevo libro de Jenny Bernal (Bogotá, 1987), Tres estaciones para llegar al mar, Isla de libros, 2026. Los poemas están acompañados por una nota de Frank Báez. Jenny Bernal, ademas de poeta es mediadora de lectura. Ha publicado Llevar el aire (2018) y Selfie (2025). Realizó la selección y prologo de la antología Postal del oleaje, poetas nacidos en los 80; Colombia – México (2013) y coeditó la antología Emilia Ayarza (2020).

 

 

 

 

Tres estaciones para llegar al mar

 

¿Es posible atrapar a Colombia en un puñado de poemas? Claro que es posible y con esta publicación Jenny Bernal lo logra con gran maestría. Aunque claro, al igual que un escarabajo, Colombia termina escapándosele entre los dedos. Aún así, deja el testimonio. A diferencia del cronista o del novelista, que describen el entorno colombiano con un lenguaje rebuscado o aspiran a ser la voz de la ruralidad, Bernal se sirve en Tres estaciones para llegar al mar de versos transparentes como el arroyo de la montaña y permite que el paisaje hable, que la niebla susurre y que los campesinos se expresen. Contraponiendo los lugares comunes, los clichés y lo manido, hace lo que cada poeta debe hacer: mirar el mundo como si estuviera recién hecho. Este es un poemario que se ha creado caminando, un libro que ha surgido de los abrazos, de las nubes que descienden para tragarnos, del cálido sueño de los lugareños, un libro que como una road movie nos lleva de un punto a otro, que cuando lo cerramos y lo ponemos de vuelta en el estante, ya somos otros, más sabios, más ricos.

 

Frank Báez

 

 

 

 

 

***

 

 

 

 

 

Esta es la manera de narrar lo intangible

de curar la patria ajena y propia

de descubrir

la arteria desnuda del río

que lleva olvidos

y formas de contarlo todo.

 

 

 

 

 

Cuando se es extranjera

se abre una puerta y entra con más fuerza la luz.

¿Hoy quién seré?

Alguien más afable,

menos triste,

hago una pausa, le dejo al afluente las respuestas.

Soy extranjera,

no sé qué cuerpo es este

ni cuántos lo han amado.

Dije adiós a la casa materna,

me pidieron prudencia.

Atrás los arrumes de arena,

la ciudad y mi débil paso sobre el asfalto.

Soy extranjera,

escribo mi historia con una mano sorda

preparo la otra, la que borra.

 

 

 

 

 

 

 

Arazá

 

En el patio de una casa humilde

en el centro del árbol

el único fruto maduro.

El exterior está cubierto por una capa

amarilla, frágil,

en el interior el latido del sol

del río Guayas y la quebrada de Las Damas,

las historias de los libros

y una pulpa fresca

que no se pudre

que ignora a los guardianes de acero

—la injuria tallada en el aire—

y borra con su sabor agridulce

el miedo.

 

 

 

 

 

 

 

Rosario

 

Se mueven las piedras del río

encallan en la orilla,

dejan el camino libre para la sangre fresca.

Se avista una coreografía de aves entre las 4 y las 5 de la tarde,

tropiezan con un aire enrarecido,

no es el vapor acostumbrado

es el halo de los tiempos de antes,

regresa

para quitarle al camino su seña de luz.

Con el cálamo de una paloma blanca

firmamos un acuerdo endeble,

intentamos honrar la memoria,

pero los amantes de los casquillos de metal

presionan el gatillo

y se sumergen en la danza de la ira.

Los transeúntes

llevan el conteo de sus muertos,

hacen un rosario

con las letras y la carne de otra voz que se silencia.

Nadie escucha los rezos,

los gallinazos se sirven la cena.

 

 

 

 

 

 

 

Tres estaciones para llegar al mar se inspira en más de tres años de viaje por el territorio colombiano el libro está disponible en librerías de Colombia, para su versión e-book se puede adquirir en cualquier parte del mundo aquí 

 

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