Poesía peruana: Claudia Ugarte

Leemos algunos textos del primer libro de la poeta peruana Claudia Ugarte, Herencia de los cuerpos (PSE, 2025). Según Edgar Saavedra, estos poemas “nos remiten a un pasado primigenio que a veces podemos vislumbrar en los sueños o en las visiones”.

 

 

 

Claudia Ugarte Valencia es periodista y fotógrafa peruana, licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha participado en proyectos culturales como el Festival Internacional de Cine Lima Independiente y el Festival de Poesía de Lima, y es socia del sello editorial Toé. Su trayectoria incluye periodismo, producción audiovisual, diseño gráfico y comunicación corporativa. Actualmente, es cronista y fotógrafa de viajes, con exposiciones realizadas.​​ Herencia de los cuerpos​​ es su primer poemario.

 

 

 

 

 

 

 

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​​ 

 

cada viaje​​ 

carga con la dialéctica

de ser un lobo en la estepa

tratando de formar algo

que al menos nos recuerde​​ 

la vida de los niños​​ 

y los juegos​​ 

creados para no sentirnos solos

 

solas

 

cada aterrizaje devuelve la lluvia

 ​​ que dejé​​ 

en aquella pequeña jungla

que es la misma que me llevé

para resucitar​​ 

temblores orgásmicos

 

cada despedida​​ 

y su dolor

en cada célula​​ 

separada de su todo

cuando las manos se posan

en un nuevo árbol ​​ 

 

 

 

 

 

 

 

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amaneceres sin cantos

 

trinos que no persiguen

el duelo sonoro​​ 

y madrugador​​ 

  de los gallos

 

solo aullidos​​ 

 

 

si fuera un ser con alas

tampoco cantaría más

frente a esta ventana

pues sabiendo volar

hace mucho​​ 

  habría marchado

detrás del verano

a buscar amaneceres

donde mi canto​​ 

fuera inevitable reemplazo de estrellas

 

 

 

 

 

 

 

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otra vez

la maraña de ojos​​ 

que buscan en la agonía

un destello

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ 

  ​​ ​​ ​​​​ sin prisa

 

una vez más

te enredas​​ 

en un coro de humo

mientras respiras

el ruidoso escenario inmóvil

del ómnibus en movimiento

 

volteas…

 

te encuentras

con esa mirada​​ 

que se reencuentra

en tus ojos

 

te reconoces

en esos labios sin luz

 

 

 

no eres tú

pero te contemplas​​ 

allí, en medio de una​​ 

bulliciosa soledad

que se repite

con exactitud

 

una mañana

 

y la siguiente

 

 

 

 

 

 

 

 

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vientos​​ 

primitivos vientos

transitan esta noche​​ 

y la puerta cruje​​ 

con uñas cansadas ​​ 

 

una ventana golpea

cabezas y hombros​​ 

 

  tambores sin pausa

  de guerras incógnitas

 

afuera el cielo se abre​​ 

y los ojos observan

otros encuentros no imaginarios

pero dentro de esta celda​​ 

los gritos de una encubren​​ 

las lágrimas de la otra

 

“ser hembra es cosa de machos”

sonríen burlonamente las abuelas

 

la mañana bosqueja siluetas apaciguadas

    pero no vencidas

 

 

 

 

 

 

 

 

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una casa de barro​​ 

espera en el sueño​​ 

de infancia ser elevada​​ 

desde el centro de la tierra​​ 

hacia la profundidad del recuerdo:​​ 

ese vaivén cíclico​​ 

que me devolverá​​ 

una vez y otra

lágrimas antiguas

 

camino de espiral​​ 

lleno de estrellas​​ 

trazado por mi padre​​ 

con hitos de luz​​ 

para ahorrarme los extravíos

 

otras caricias que nunca llegaron​​ 

porque el sentimiento se ahogó​​ 

en los ojos de una niña​​ 

que había olvidado la manera de jugar

 

cómo se materna, abuela

cómo se enseña el cariño​​ 

cómo se acaricia el cactus sin desaires

 

pero otro viajero estelar

más antiguo

construyó una tela de araña​​ 

solo visible​​ 

detrás de los párpados

no para atrapar malezas

sino para salvarse

 

sabía del dolor​​ 

de sus ausencias​​ 

y dejó retazos de sí​​ 

en los caminos

 

por eso​​ 

–aún–​​ 

puedo oír sus cantos

 

1

​​ Viaje

 

2

 vuelo

 

3

 ojos cansados

 

4

 hembras

 

5

 hitos sagrados

 

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