La Guaira
a Marco
Mi padre se fue lejos a pescar.
Tan lejos que cruzó el Atlántico.
No conocía la lengua del trópico
que calcina todo lo que nombra;
tampoco los pelícanos, los uveros,
los cocos que se volvieron
paisaje y pertenencia.
Distante de su tierra,
aprendió a esperar en la luz.
Pescaba en el agua de otro idioma
carites, roncadores, meros, pargos
los mismos peces que sacaba
con su anzuelo de las olas
en el muelle lejano de San Vito.
El mar era otro mar
y mi padre el mismo hombre
que se fue lejos a pescar.
Mangos
a Pedro
Los mangos se desploman
de la rama a la tierra.
Llenan la noche
de un ruido sordo
que hace del aire una caída.
Más nunca volverán a su principio
cuando esperaban madurar
el amarillo para abrir su concha
al pájaro y al diente.
Cada noche un mango
cae dentro del oído.
Cada noche el ala de tu nombre
alcanza mi ventana,
hace nido entre mis rizos,
me entrega tiernos frutos de luz.
Los mangos crecen amarillos
en el corazón que me dejas
cada noche entre las manos.
Te cumples en mi sangre
como materia que cae
y golpea la vida
en el extremo de la lengua.
Cuando un mango
toca la tierra
enloquece el amarillo
y grita el jugo de su pulpa
para que vuelvas.
San Domino
a Lucio
Hay árboles
que desafían la gravedad.
Crecen en los acantilados,
en las ranuras de las rocas,
en el borde del vacío.
Temerarios equilibristas,
se asoman al mar
con sus troncos tortuosos
y sus largas ramas colgantes.
Pudieran caerse
de un momento a otro,
precipitar en las verdes
aguas de la isla,
pero sus raíces resisten,
aferradas al negro
risco calcáreo,
luchan contra el viento,
la aridez, el abismo.
Los pinos de Aleppo
son árboles valientes
que forman un bosque
de redondas cabelleras verdes.
Me adentro
en su espinoso follaje,
en los caminos
que se abren bajo la sombra
y llego hasta el mar.
Colegio Codazzi
a mis compañeros de colegio
a Luca, Antonio, Guglielmo
In memoriam
Il nostro paese si chiamava
Agostino Codazzi,
como el geógrafo italiano
que en el siglo XIX
exploró Venezuela
y dibujó un mapa
de sus límites.
Inventamos una lengua
grande como el Adriático,
el Atlántico, el Caribe
que nombraba esta
tierra y aquella
como una misma
latitud afectiva.
Una lengua que nos dio
la pertenencia del acento.
Nos hicimos adultos
lejos de Codazzi.
Y aunque no haya regreso,
todavía existimos
en esa lengua de pájaros migrantes.
Olimpia
Cada día regreso a
la voz de mi padre:
lo veo escribir en
su máquina Olimpia
y oigo las teclas
moverse hacia Italia,
cada letra hacia el otro
lado del Atlántico
de donde un día
partió con una Vespa
y un acordeón,
sin saber la lengua
de los pájaros.
Vuelvo y lo llamo:
escucho que repite
el nombre de un
caballo negro
que en otro tiempo
cruzó el verano
con aquel galope inmortal.
Lejos quedamos
del canto de los loros,
del amarillo de los mangos,
del cobijo de los samanes,
pero más lejos todavía
del litoral donde llegó
mi padre con otro mar
en el corazón,
más solos,
arrojados,
huérfanos.
Via Venezia
El trópico está
demasiado lejos
para creer que fuimos
parte de su canto.
Demasiado lejos
está el padre
de sus manos obreras
que colaban aluminio
en moldes de cafeteras
que ahora duermen
el letargo de los objetos.
Mientras escribe cartas
y cae la nieve,
mi padre
escucha boleros
y vuelve.
Infancia
a Alejandro
Los niños que juegan en la orilla
serán peces en la corriente.
Imágenes pertenecientes al libro Adriático.
Gina Saraceni (Caracas, 1966). Poeta, investigadora y docente. Fue profesora titular de la Universidad Simón Bolívar. Actualmente es profesora asociada del Departamento de Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Fue editora de la revista Cuadernos de literatura entre 2017-2023. Con el poemario Entre objetos respirando ganó el Concurso de Poesía Víctor José Cedillo (1995); con Salobre, la Bienal de Coro Elías David Curiel (2001); con Casa de pisar duro, el XI Concurso Anual Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana (2011). Es autora de En-obra. Antología de la poesía venezolana contemporánea (1983-2008) (2008), de El verde más oculto. Antología poética de Fabio Morábito (2002) y Adriático (2021). Es coautora, junto con Antonio López Ortega y Miguel Gomes, de Rasgos comunes. Antología de la poesía venezolana del siglo XX (2019). Ha traducido al italiano a Rafael Cadenas (L’isola e altre poesie, 2007) y a Yolanda Pantin (I bassi sentimenti, 2008), y al español a Alda Merini.



