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CÍRCULO DE POESÍA

 

Foja de poesía No. 134: Ricardo Castillo

14 Ene 2010

Ricardo Castillo

Uno de los registros más singulares y frescos de la poesía mexicana se encuentra en la obra de Ricardo Castillo (Guadalajara, 1954)  cuya irreverencia y desparpajo se urden en una vuelta al habla común. Ha publicado entre otros: El pobrecito señor X, Reloj de arenas, o Il re lámpago.

 

De El Pobrecito señor X

 

 

Autogol

 

Nací en Guadalajara.

Mis primeros padres fueron Mamá Lupe y Papá Guille.

Crecí como trébol de jardín,

como moneda de cinco centavos, como tortilla.

Crecí con la realidad desmentida en los riñones,

con cursilerías en el camarote del amor.

Mi mamá lloraba en los resquicios

con el encabronamiento a oscuras, con la violencia a

            tientas.

Mi papá se moría mirándome a los ojos,

muriéndose en la cámara lenta de los años,

            exigiéndole a la vida.

Y luego la ceguez de mi abuelo, los hermanos,

el desamparo sexual de mis primas,

el barrio en sombras

y luego yo, tan mirón, tan melodramático.

 

Jamás he servido para nada.

No he hecho sino cronometrar el aniquilamiento.

 

Como alguien me lo dijo una vez: Valgo Madre.

 

 

 

 

El gran simpático

 

La realidad es una broma que ya me está poniendo

            nervioso.

Un armario con un payaso encerrado.

No hay tiempo para hacernos guiños con los ojos,

el asunto es grave, pesado:

Todo hombre come un plato diario de confusión,

las manos se desesperan en los cabellos,

el alma se vuelve espalda.

Huele a nocaut, a cuerpo amarrado al quirófano

y el dolor, cara de serio, es un charlatán.

La realidad es un teléfono timbrando,

un telegrama de certezas muy cortas.

¡ Ojo picudo!

la risa nos puede traicionar.

 

 

 

 

“El que no es cabrón no es hombre”

 

La suerte le dio el martillazo a su cochinito, sacó sus ahorros y acabó

            de mandarme a chingar a mi madre.

Si seré pendejo.

No son épocas de echar el rol con contemplaciones, de

            jugar al buen amigo con el pellejo.

La ciudad no da la mano, no abre las piernas, tira patadas

            como monito de futbolito.

(15 de abril, a la primavera le aprietan los choclos, trae la lengua

            de corbata como si le hubieran robado

            toda su crema, toda su nata)

Salgo a la calle y no me queda otra que rumiar, que chupar

            calcio en la Avenida Alcalde.

Mi corazón echa vinagre, mi esqueleto se marea, el muy

            puto se lleva las manos a la cabeza

y dice que la muerte es un puchero sentimentalón difícil

            de tragar como el pinole.

Camino de a gallinita ciega.

La tranquilidad de las 6 de la tarde me pega en las

            costillas seis campanazos en todo lo alto.

Esta tranquilidad es una macana lista para cualquier

            mandado;

las moscas que atormenten la seguridad del sistema

tendrán que vérselas con el Borra-Manchas.

Caminen pajaritos, circulen por favor.

Y sigo, las mujeres están buenas y frías como sorbetes,

no quieren acostarse con uno, no se atreven siquiera a

            meter la mano por la bragueta.

Oh, oh desolación (esta risa es de pendejo).

Y qué pinche embuste,

qué momento para estar chingando a mi madre.

Si seré pendejo, si me faltará muchísimo para cabrón.

 

 

 

 

El poeta del jardín

 

Hace tiempo se me ocurrió

que tenía la obligación

como poeta consciente de lo que su trabajo debe ser,

poner un escritorio público

cobrando sólo el papel.

La idea no me dejaba dormir,

así que me instalé en el jardín del Santuario.

Sólo he tenido un cliente,

fue un hombre al que ojalá haya auxiliado

a encontrar una solución mejor que el suicidio.

Tímido me dijo de golpe:

“señor poeta, haga un poema de un triste pendejo”.

Su amargura me hizo hacer gestos.

Escribí:

“no hay tristes que sean pendejos”

y nos fuimos a emborrachar.

 

 

 

 

Pin uno, pin dos…

 

Son las diez de la noche.

De nada sirven los 600 gramos de felicidad

que ha ahorrado mi padre.

Prevalece una agitación de ladrones en el seno familiar

y cada quien declina

con su particular manera de desventurar la sangre.

Parece como si el movimiento fuera la bancarrota,

como si el amor fuera tan sólo cosa de adolescentes.

Mi padre nos quiere,

mi madre nos ama

porque hemos logrado ser una familia unida, amante de

            la tranquilidad.

Pero ahora que son las diez de la noche,

ahora que como de costumbre nadie tiene nada que hacer

propongo cerrar puertas y ventanas

y abrir la llave del gas.

 

 

 

 

Las nalgas

 

El hombre también tiene el trasero dividido en dos

pero es indudable que las nalgas de una mujer

son incomparablemente mejores que las de un hombre,

tienen más vida, más alegría, son pura imaginación;

son más importantes que el sol y Dios juntos,

son un artículo de primera necesidad que no afecta la

            inflación,

un pastel de cumpleaños en tu cumpleaños,

una bendición de la naturaleza,

el origen de la poesía y del escándalo.

 

 

 

 

Oda a las ganas

 

Orinar es la mayor obra de ingeniería

por lo que a drenajes toca.

Además orinar es un placer,

qué decir cuando uno hace “chis, chis”,

en salud del amor y los amigos,

cuando uno se derrama largamente en la garganta del

            mundo

para recordarle que somos calientitos, para no desafinar.

Todo esto es importante

ahora que el mundo anda echando reparos,

            hipos de intoxicado.

Porque es necesario orinarse, por puro amor a la vida,

            en las vajillas de plata,

en los asientos de los coches deportivos,

en las piscinas con luz artificial

que valen, por cierto, 15 o 16 veces más que sus dueños.

Orinar hasta que nos duela la garganta,

hasta las últimas gotitas de sangre.

Orinarse en los que creen que la vida es un vals,

gritarles que viva la Cumbia, señores,

todos a menear la cola

hasta sacudirnos lo misterioso y lo pendejo.

y que viva también el Jarabe Zapateado

porque la realidad está al fondo a la derecha

donde no se puede llegar de frac.

(La tuberculosis nunca se ha quitado con golpes de

            pecho)

Yo orino desde el pesebre de la vida,

yo sólo quiero ser el meón más grande de la existencia,

ay mamá por dios, el meón más grande de la existencia.

 

 

 

 

Cami onera-Centro-Tal pita

 

A veces la vida es chusca, cosa en donde realmente come

            y ronca el amor.

Cosa que da pie ligero a las pulsaciones,

            cosa cosa, motor.

Y es por eso que dedico este poema a todas las ventanillas

            de los camiones

porque ellas nos enseñan a distinguir la vida de la teatral

            muerte.

Procure siempre la ventanilla de los camiones

y mire cómo la calle le dice que está equivocado,

que su objetivo en la vida da risa, que le sobran recovecos.

Vea cómo se va sintiendo entumido,

cómo le va faltando gas, cómo le va sobrando incubadora

            al sentimiento.

Resístase a ver su reloj,

piense que se está haciendo tarde,

piense que ha paladeado a la muerte,

piense que la vida se le puede acabar, como ha vivido,

            tontamente.

 

 

 

 

El pelícano

 

Mi amor vale un pelícano.

Un tostón de cacahuates que no tienen precio

Mi amor es una de sed, otra de hambre y otra de

            recontratopes en el portón del mundo.

Mi amor es vino, chance bien poco todavía.

Chance y a lo mejor no soy más que un campo de futbol

            sin porterías,

un sentimental opaco, con pedorrera.

A lo mejor ya no queda un tornillo que hablar en estos

            tiempos

en los que alguien cuenta el millón de su locura con los

            dedos,

en los que alguien chupa su hueso como una paleta

            helada.

Ahora que el Mar se amelcocha, se amierda al lOO%

y los pelícanos de la costa tienen sed

y son pasto de los cangrejos de ojos babosos.

Ahora que el sol está amarillo como un huevo.

Ahora que la luna cuelga en el fondo como una pendeja,

un pelícano levanta pesadamente la quijada, sonríe y

            empieza a volar,

mientras los cangrejos de la costa se sienten afortunados

porque no todos se levantan

porque los culos nunca irán a la guerra.

.

 

 

 

El chipote

 

Ahora puedo verme el cadáver, ahora puedo verme la

            sensibilidad del pulso.

La soledad tiene 360 grados. Nada gano con ir dulcemente al infierno,

nada gano con hablar de mí a estas alturas de ¡Pum! y olvido.

La calle tiene devastados los adentros; peatones de la

            ilusión, farmacodependientes del miedo.

La belleza sólo ha pasado, sólo ha dejado mucho por desear,

sólo mezquinas gratificaciones de la intimidad, puros cuentos.

Ahora puedo ver lo que la equivocación llama suerte,

ahora puedo ver cómo el dolor domestica el rumbo vitalicio.

Es mentira que los ahogados se mueran en un vaso de agua.

Es mentira lo que tú crees de ti.

 

 

 

 

De Borrar los nombres

 

 

Borrar los nombres

 

Los Cora viven en la Sierra Madre Occidental (México), son la tribu que mayor resistencia opuso a las armas del imperio de la razón española. En la hostilidad de la sierra del estado Nayarit dieron fiera batalla hasta llegar a ser el último territorio indígena sometido por la corona, más de dos sig1os después de la caída de Tenochtitlán. Doscientos cincuenta años de sometimiento posterior no han impedido a la resistencia cora encontrar pausa y modo para vivir su propio tiempo y pensamiento. Al igual que otras tribus, durante la Semana Santa, a través de la representación de la Pasión de Cristo, los guerreros coras perviven, convocan y reviven su historia, magia y religión en un acto de sagrada imaginería, donde la alusión indirecta, el tomarle el pelo a todo (a la razón práctica, al sempiterno sentido de la individualidad), parece ser el eje de ese ojo de tormenta que es la Borrada. Ancianos, hombres y adolescentes se tiznan a la orilla del río para desaparecer y surgir en la piel de un demonio, en un borrado, en un soldado de la Judea cora. Durante el Jueves Santo y el Viernes de Sangre todos habrán de resistir la disciplina en el vértigo de la carrera y la paciencia dentro del incendio inmóvil: la grave espera del enjuiciamiento de un Cristo niño que morirá en cada punto cardinal. Borrar los nombres es el testimonio de quien se vio, de pronto, en las calles de Jesús María, muy lejos de sí, desnudo y danzando, con los afanes de un corredor ritual.

 

 

 

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El jueves a las seis, desde lo alto del cañón, observo el verdadero nacimiento de la Judea: centenares de jóvenes medio desnudos aparecen como una reunión de duendes, sorprendidos por el amanecer. Se están borrando, lo cual significa que están tratando de borrar su apariencia humana para tomar la figura diabólica. Han elegido una lengua de piedra rojiza donde el agua se remansa y el doble rito de la purificación y la demonización se realiza con lentitud.

            Habiéndose establecido el tiempo sagrado, los demonios deben llevarlo hasta sus últimas consecuencias, no sólo haciendo todos los horrores prohibidos durante el tiempo cotidiano, sino extremando su irracionalidad. A partir del miércoles, los judíos hablan al revés, y este lenguaje del absurdo se ha de mantener hasta el sábado.

 

FERNANDO BENÍTEZ

Los indios de México

 

 

Ando vendiendo valor.

 

BUFÓN CORA

 

 

 

 

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1

 

 

El jueves y el viernes hay que correr como vértebra de una de las dos serpientes, pero el viernes, además, hay que estar quieto como piedra que ya no llora. El sábado es el baño final, la desborrada en el río prometido. Pero tú no puedes decirlo ni adivinarlo pues tú tan sólo conoces un montón de imágenes rotas donde el sol bate.

 

 

 

 

 

2

 

Sueño indócil

recuerdo ceniciento

de la extravagancia de haber nacido

ser borrado

y ver las alas de la urraca sacudir el viento

            por el que te has ido.

El viento y el labio del silencio puesto en la pulpa

            del hechizo

de ser salvaje, pleno de vacío, eterno, negro.

 

Ser la sombra, lo que no eres,

negro como lo que nunca ha sido,

ser por dos días lo que nunca será,

sombra que proyecta sombra

y el tambor y la carrera y la danza cora

embriaga la sangre del que no soy

            ni es

 

¿De quién son mis antiguos pies?

¿a quién sabe este sudor

que mis labios beben?

aceptemos que el tiempo es una máscara

de múltiples cabellos

y que estamos en otra parte

donde los muertos olvidan sus amores y sus miedos

donde los muertos se acostumbran a la penumbra

donde el corazón es el espacio entero y el mundo gira

            al revés.

 

 

 

 

3

 

Cuando los bufones me señalan y se ríen

cuando los veo patear perros y cerdos

cuando hacen llorar a los niños

cuando le agarran la verga al turista

cuando el guerrero le enseña el culo

            a niños y ancianos

cuando los demonios hacen reír a las mujeres

cuando monto el burro al revés

cuando todos tienen sed

y el río fluye indiferente

cuando pienso en mí y ya no hay

            quién responda

 

 

 

 

4

 

En la sorna del diablo

en sus gritillos

en el machete que remueve lo baldío de la tierra

en el sudor de los ojos que hace grumos de ceniza

en el polvo que encala el paladar

en el sabor del tabaco después de la carrera

en la sombra de los borrados en la pared

en los filos de las piedras que no han de pisar los corredores

en los guamúchiles que mueve el viento y nadie corta

en el río que fluye y se ordena sin ser tocado

en la inmovilidad de la guardia que padece el horror del sol

            mientras es más alto y bello

en la sangre de los borrados que se quitan la sed danzando

en los ojos de sombra en las piedras de los ancianos coras

en el secreto que a todo es reacio excepto a las mentiras

en el acto de magia

en el costumbre que nadie entiende

en los hilos de música cuando todos se han ido y ya no toca

            la flauta ni el tambor

en los hilos de música que persisten cuando la calle está sola

y conversas con el ausente en un mundo que miras existir sin tí

 

 

 

 

5

 

Al doblar la esquina en la carrera

me siento más en los bufones

que en mi propio cuerpo compañero

corro detrás de sus gritos y sus burlas

y una fuerza involuntaria te socorre el corazón

            con su acento primitivo

imán de pluma que regala ritmo en las pisadas

luna llena que te honró como su hijo

eres parte de la mentira que hace recordar el tatuaje sobreviviente

eres un animal que en los nervios lleva al diablo de jinete

            muy tranquilo

eres la raíz oscura que ignorará toda la vida cómo es la luz

            pero no lo que le pertenece

el tizne de lo que siempre quisiste y ni siquiera sabías

o la luz de esto que no podrías haber sido

            si los sucesos sombríos

si los sucesos lumínicos otra red hubieran tejido

eres la mata que creció sin jardinero y te han salido espinas

eres el que no soy de una tribu que ríe en lo peor del tiempo

como si supieran la cifra final de tanto juego

de tanta sed de sol de tanta necesidad de encarar el horror

            para conjurarlo

de tanto honor de darse a la causa de la víbora del cielo

Hay que resistir entonces el vértigo de no entender

pero sentir que la carrera no es sobre las piedras

y que la tarde suena como piedras de oro que jamás serán monedas

 

 

 

 

6

 

Del baño final saldrá un extraño

que mira su propio cuerpo flotar en el río

Retorna a la serpiente que nunca supo lo que hizo

y escucha por última vez al bufón que ofertó valor a los guerreros

 

 

 

 

 

De Nicolás el Camaleón

 

 

¿Quién no se ha visto en mis ojos?

¿Quién no ha tragado su propia saliva espesa?

Puedo aullar como perro envenenado

o reír como reo de la estupidez,

pero siempre terminaré mudo,

solitario en ese punto inmóvil

donde el mundo es demasiado entrañable y desconocido.

Soy un hombre que no sabe disimular,

mi sentimiento me despeina, me demacra,

me hace gastar las suelas de una manera especial.

Si me muero, no me duele,

son mis sueños lo que lastima más.

 

 

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La boca           estropajo         hilacho            pasto seco

la ruta quebrada          la luna mareada

los vinos y trinos y capullos despuntados

la policía en lo oscuro pero el misterio sin fondo

            ni ahorros

un cascabel necesita el gato               un limoncito el caldo

inhalo axilas amadas   muerdo dientes de ajo

esta lastimadura es de veras               siete horas  de calentura        

            bastaran

o una sal de uvas        unos delicados

o tu mera diciéndome que la muerte no esta muerta

o tu mera diciéndome que la muerte no esta muerta…

 

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Lo dejo todo,

en las manos una vocación de fuego lento

que no va a ninguna parte;

en el cuerpo una reverberación

que emerge a la piel en oleadas.

Es delicioso reconocer tu propio sudor,

sentir las orejas calientes y frescas a la vez,

sentir sólo sentir

dejar a los ojos ser solamente ojos,

a la lengua, un camaleón en reposo,

sin la tentación del vómito.

Hoy no quiero hablar ni conmigo mismo,

lo dejo todo,

lo que no es posible abandonar,

de lo que no es posible huir,

no me importa el alambre del equilibrio,

encarguen a otro el miedo al abismo,

hoy escapo de mí,

dejo mi amor como quien se quita la camisa,

miro mi vida como un desorden que no vale la pena

            ordenar,

réstenle mis ilusiones al mar,

hoy sólo el desierto es capaz de conmoverme un poco,

tan grande y sin nadie

como una remota imagen de mí mismo

 

 

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¿De qué somos

que tocarnos nos gusta tanto?

 

*

 

 

 

 

De polvo, de cenizas de un fuego que aún arde

            en otro cielo.

Ah, qué hermoso animal es tu sexo,

qué ano perfecto como labios de niña fruncidos

            para el beso,

ah, como la rosa

tener la cadencia de las corrientes del viento,

ah, nuestros cuerpos, como a la iguana,

en vez de sangre, les corre el Tiempo.

 

*

 

 

 

 

Ahogado en magia, te veo la cara,

y tienes la fiebre del rumor

y el equilibrio de la caída sin miedo.

Te veo los ojos blancos, magiosa,

y sangro como tú con la luna,

sangro por ti, para ser como tú y conocerte.

 

*

 

 

 

 

Yo soy la que mira,

yo soy la que oye,

la que se lo dice en secreto,

la que acierta por instinto,

la que olvida que acertó y puede acertar otra vez,

soy la que no se distrae con las palabras,

soy la que conoce el tacto y el olor del amor,

soy quien sabe rodear cuando la prisa lo pide,

la que sabe llegar pronto cuando el tiempo es generoso.

Yo soy la mujer que mira sin mirar,

la que sueña el futuro y lo recuerda en la mañana,

la que hiere con dulzura,

soy el vientre que encubre,

soy el pulso de la sorpresa,

yo soy la unidad,

la que sabe cómo hablar, la que sabe cuándo quedarse

            callada.

 

 

Datos vitales

Ricardo Castillo (Guadalajara, México, 1954) es autor de un clásico de la poesía mexicana en la segunda mitad del siglo XX: El pobrecito señor X. Su obra poética comprende los siguientes títulos : La oruga (1980); Concierto en vivo (1981); Como agua al regresar (1983); Nicolás el Camaleón (1989) ; Borrar los nombres (1993); Islario (1996); Reloj de arenas (1996); La máquina del instante de formulación poética (2001).

Actualmente forma parte del Departamento de Estudios Literarios de la Universidad de Guadalajara.

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  • Elia Casillas

    Me gustó, Gracias Mijail Lamas.

  • EILEEN B.

    GRACIAS INFINITAS,
    ABRAZO DESDE COLOMBIA.

  • EILEEN B.

    BUENOS DÍAS,
    ME GUSTARÍA PODER ADQUIRIR EL TRABAJO DEL MAESTRO RICARDO, ME PODRÍAN DAR INFORMACIÓN?
    GRACIAS.

  • Alejandro Uribe Slas

    La poesía de Ricardo Castillo es chingona. Desde que estaba en mi carrera de licenciatura (1979?) forré uno de mis libros con una página (de alguna revista de poesía, quizás de la UNAM), con su poesía Poeta en el Jardín, que me gustó en cuanto la leí.

    Ahora que encuentro esta página y leo algo de su obra, ratifico mi gusto por esa manera chingona (que engloba muchos calificativos académicos), de escribir.

    Felicidades a Ricardo y un abrazo afectuoso

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