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CÍRCULO DE POESÍA

 

La belle dame sans merci, de John Keats

26 Jul 2010

Presentamos una versión de “La belle dame sans merci” del poeta inglés John Keats (1795-1821), en el aniversario de su nacimiento. El poema es un clásico de la poesía del mundo. La versión está a cargo del poeta, ensayista y traductor Milton Medellín.

 

 

 

 

 

La Belle Dame Sans Merci

 

Ballad.

I



O WHAT can ail thee, knight-at-arms,
Alone and palely loitering?
The sedge has wither’d from the lake,
And no birds sing.

 

 

II



O what can ail thee, knight-at-arms!
So haggard and so woe-begone?
The squirrel’s granary is full,
And the harvest’s done.

 

 

III

I see a lily on thy brow
With anguish moist and fever dew,
And on thy cheeks a fading rose
Fast withereth too.

 

 

IV

I met a lady in the meads,
Full beautiful – a faery’s child,
Her hair was long, her foot was light,
And her eyes were wild.

 

 

V

I made a garland for her head,
And bracelets too, and fragrant zone;
She look’d at me as she did love,
And made sweet moan.

 

 

VI

I set her on my pacing steed,
And nothing else saw all day long,
For sidelong would she bend, and sing
A faery’s song.

 

 

VII

She found me roots of relish sweet,
And honey wild, and manna dew,
And sure in language strange she said –
«I love thee true.»

 

 

VIII



She took me to her elfin grot,
And there she wept, and sigh’d fill sore,
And there I shut her wild wild eyes
With kisses four.

 

 

IX

And there she lulled me asleep,
And there I dream’d – Ah! woe betide!
The latest dream I ever dream’d
On the cold hill’s side.

 

 

X



I saw pale kings and princes too,
Pale warriors, death-pale were they all;
They cried – «La Belle Dame sans Merci
Hath thee in thrall!»

 

 

XI



I saw their starved lips in the gloam,
With horrid warning gaped wide,
And I awoke and found me here,
On the cold hill’s side.

 

 

XII

And this is why I sojourn here,
Alone and palely loitering,
Though the sedge is wither’d from the lake,
And no birds sing.

 

 

 

 

La Belle Dame Sans Merci

  

I

 

¿De qué adoleces, caballero,

tan sólo y pálido vagando?

Del lago el junco se ha secado,

y no cantan los pájaros.

 

 

II

 

¿De qué adoleces, caballero,

desmejorado y miserable?

La ardilla ha llenado su granero,

se ha dado la cosecha.

 

 

III

 

Un lirio veo sobre tu frente

de helada angustia y fiebre en vaho,

y en tus mejillas una rosa

también se ha marchitado.

 

 

IV

 

Traté a una dama en la pradera,

hermosa y bella – un hada niña.

De pelo largo y pies ligeros,

salvaje la mirada.

 

 

V

 

Tejí guirnaldas en su frente,

pulsera y cinto perfumados.

Y me miró cual si me amara,

gimiendo dulcemente.

 

 

VI

 

En mi corcel la hube sentado,

y en todo el día no vi más nada.

Pues de soslayo ella entonó,

una canción de hadas.

 

 

VII

 

Halló por mí raíces dulces,

y miel silvestre y maná fresco.

Y en una extraña lengua dijo:

“En verdad que te amo.”

 

 

VIII

 

Y me llevó a su cueva de elfos,

cayó en lamentos y sollozos.

Y yo cerré sus fieros ojos,

con abundantes besos.

 

 

IX

 

Y me arrulló hasta que dormí,

y ahí soñé lo más horrible

que haya soñado alguna vez,

en esta fría ladera.

 

 

X

 

Vi Reyes pálidos, Princesas,

Guerreros: todos cadavéricos,

gemían: “la bella dama sin

piedad te tiene preso.”

 

 

XI

 

Hambrientos labios en las sombras,

me dieron su hórrida advertencia.

Y desperté: me encontré aquí,

en esta fría ladera.

 

 

XII

 

He ahí el porqué aquí permanezco,

tan sólo y pálido vagando.

Si bien del lago el junco se ha secado,

y no cantan los pájaros.

 

 

Versión al español: Milton Medellín 

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