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CÍRCULO DE POESÍA

 

Foja de poesía No. 286: Raquel Lanseros

17 Abr 2011

Raquel LanserosPresentamos un acercamiento a la obra de Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973), una de las autoras más representativas de la poesía actual en España. Ha publicado, entre otros poemarios, Los ojos de la niebla (Ed. Visor, Madrid, 2008) y Croniria (Ed. Hiperión, Madrid, 2009).

 

 

 

CANCIÓN DE LA TRINCHERA

 

Señor Amor, dueño del cielo y de la tierra

tú que puedes batirnos a tu antojo

sobre el eje inicial de nuestro impulso.

Tú que te enseñoreas sobre todo lo vivo

entretejiendo un atlas de destinos cruzados.

Tú que puedes auparte a tu albedrío

 y clavar tu aguijón sobre cualquier entraña.

¿Por qué vuelves a mí? ¿Qué vil capricho?

¿Por qué me arrojas de nuevo tu jauría?

 

He aquí, amo mío, lo poco que me queda:

mi sosiego de vidrio

la enmienda frágil de una paz absorta

mi mosaico de heridas mal curadas

                               demasiado recientes para ser cicatrices.

 

Imploro tu piedad desde mi grieta,

donde se han detenido la memoria y el ánimo.

Piénsalo bien: te costaría muy poco

                  concederme una bula de misericordia.

 

Deja a los que me quieren, esta pasión debiera

maldecirme tan sólo a mí, es lo justo.

Ya he visto antes cómo mi avidez arde

en tu hipnótica pira de dios omnipotente.

 

Descuida, soy sumisa

tu adiestramiento previo ha prosperado:

quien lo ha perdido todo varias veces

              reconoce el honor de una derrota.

 

 

 

 

 

IN NOMINE LIBERTATIS

 

Si es verdad que el rencor

desgasta y envejece lentamente

        con su rumor callado de piedra de molino

apuesto por ser joven ahora y siempre.

 

Mi casa está vacía

       de chivos expiatorios y culpables.

Acumulo tan sólo

el valor necesario para seguir viviendo

bajo la protección de la alegría.

 

No me he inclinado nunca por el ánimo fácil

de tomar y obligar. Incluso lo pequeño

se me ha antojado siempre un mecanismo frágil

                                                 con más de una respuesta.

 

En mi alcoba no reinan

prohibiciones ni leyes. Mi palabra

es un patio sin llave

donde es bien recibido quien aprecie

la sombra de una higuera y un vaso de buen vino.

 

No frecuento los presos ni los jueces.

Sentencias y dictámenes les dejo

a aquellos que no dudan. Yo sólo estoy segura

que amo la libertad y sus orillas.

 

Cuando falte, buscadme entre las alas

de un pájaro que escapa del invierno.

Con las manos vacías se hace mejor camino.

No me pesan los créditos. En este mundo nuestro

toda deuda es de juego.

 

 

 

 

BÉCQUER Y EL ROCK AND ROLL

 

                                      I know it’s only rock’n’roll

                                                  But I like it

                                                    The Rolling Stones

 

 

Tú también has tenido doce años.

Tú también reconoces

                         el temblor de la piel abriéndose camino.

Has vivido el incendio de los ojos

que ven la intensidad por vez primera.

 

Es invierno. Mis dedos infantiles

                        empujan su avidez contra un poema.

Detrás está un muchacho con perilla

y ojos interminables de soñador sensual.

                  Las palabras me trepan por el pecho

                  como hormigas hambrientas…

De pronto, un golpe seco

        dentro de la conciencia.

Igual que cuando escucho un rock’n’roll.

 

La región más extensa de significado.

Poesía es lo contrario de la muerte.

Esta certeza súbita de lo desconocido.

 

Quizá sea solamente rock’n’roll.

Pero me gusta.

 

 

 

 

EL HOMBRE QUE PASEA POR MANHATTAN

 

El viento de diciembre columpia en la distancia

el esqueleto frío de los árboles.

Central Park susurra un villancico

                                      enigmático igual que puntos suspensivos.

Manhattan se maquilla en los espejos

y viste de alegría su silueta lasciva

                                          de mujer veinteañera,

bella hasta la herida y caprichosa.

 

Mientras,

él intenta despacio adivinar

en qué bando milita esa mano que late

          hundida en el bolsillo

al ritmo del semáforo en la quinta avenida.

 

Nueva York es un niño henchido de futuro.

Solamente en Manhattan puedes sentir los labios

                          del ombligo del mundo besándote en la boca.

                                                                  

Después,

puede que la ciudad

   vuelva a desvanecerse igual que un espejismo.

 

Él observa despacio

la escarcha a las orillas del río Hudson.

       Cada gota de hielo

             contiene la grandeza de un deseo.

 

De repente recuerda

                un cuadro de De Kooning.

Ocurre algunas veces:

la realidad y el arte anudan sus extremos.

Existen lluvias grises y océanos celestes,

palabras y desiertos. Del mismo modo que

el cielo y el infierno están aquí y ahora.

 

Tan sólo hay que aprender a distinguirlos.

 

 

 

 

 

TRADICIÓN ORAL

 

Me gusta amarte hincada de rodillas.

Aquí, tan desde abajo, tan cerca de la tierra

relamo el palpitar de tu cuidado

y centro mi delicia en el transcurso.

 

No es de extrañar que el mundo sea redondo.

¿Qué forma iba a adoptar, sino la de mi boca?

 

 

 

 

LA MUJER HERIDA 

 

Solamente si alguna vez amaste

               con uñas y con dientes

                sin red

                 sin salvavidas

aciertes a entender el vértigo insondable

que se extiende a los pies del desengaño.

 

Ella creyó encontrar la fuente del principio

cuando lo conoció, en medio de la tierra,

                  sin más escudo que su piel de hombre

          bruñida por el sol igual que el oro viejo.

 

Lo amó sin precipicios ni preguntas

tiernamente, en silencio

   con esa gratitud voluptuosa

      que provoca la lluvia en primavera.

 

Todo era tan sencillo.

 

Los versos inflamados de poetas infinitos

parecían seguirla a todas partes

   como si el corazón se hubiera convertido

                                en un fiel animal domesticado.

 

Porque no existe nada que perdure

una noche aprendió, como tantos lo hicieran

antes y después de ella,

que el amor es un río con cataratas propias

                                                  y remansos ajenos

que siempre desemboca en el océano.

 

Míralo de este modo: la vida te ha enseñado

siguiendo su costumbre de incansable maestra

   cómo el alma dibuja

       serenas cicatrices sobre viejas heridas.

 

 

 

 

EL DISCRETO ENCANTO DE LA AUTENTICIDAD

 

Fue Antoine de Saint-Exupéry quien dijo

que conocer a alguien

no era memorizar su nómina y su oficio

sino saber si amaba los geranios…

                             vas contando radiante mientras corres

                             al abrigo del tiempo

                             rasgando una guitarra imaginaria.

 

Yo apenas te conozco

de esa manera convencional y triste

en que se miden las gentes rigurosas

las mismas que calculan circunspectas

los números ajenos, las posibilidades

de establecer un marco común satisfactorio

como base de sólidas alianzas

que redunden en beneficios mutuos.

 

     Afortunadamente ignoro todo eso.

    Pero sé muchas cosas.

 

Aprendí navegando tu mirada infinita que los días

nos premian sólo a veces con veinticuatro horas

que un pez es el vecino del charco de la esquina

y la esquela de un príncipe un folio de papel.

 

Si conocer es verte sin que te vean los ojos

soñar a tumba abierta y no saber

                             quién se adueña de quién

pulimentar la luna

izar contigo todas las banderas

                                     exentas de pecado

vislumbrar el secreto

elevar al cuadrado la risa de la tierra

escuchar sin abismos

tender la mano igual

                  que quien construye un puente.

 

Entonces, te conozco.

 

 

 

 

EN OCASIÓN DE TODOS LOS FINALES

 

Yo nunca resistí las despedidas

   con su mezcla de muerte y precipicio

      con el aroma amargo de la finitud

                                     empalagando el ánimo

         con esa luz de hielo matutino

                      que penetra debajo de los párpados.

 

Yo nunca resistí las despedidas

      pero no sé por qué.

Me lo pregunto porque no ha supuesto

una sorpresa súbita casi ninguna de ellas.

He solido saber

con esa exactitud de los relojes

el lugar, el momento

   la documentación y el escenario

                                      en que sobrevinieron.

 

No hay engaño. El jueves diecinueve

era un jueves sin ti. Estaba escrito

mucho antes que las lágrimas

anunciasen el fin

          y todo fin es único.

 

Las despedidas son como el otoño

inevitables pérdidas

     vienen puntuales con aviso previo.

Nadie puede acusar de su tristeza

a la pequeña hoja tiritando dormida

                               en medio del camino.

 

De repente esa hoja me recuerda

los hoteles pintados de naranja.

Son dos cosas que llegan de otra época

                         igual que llega la bruma de noviembre.

Traen una carga de nostalgia limpia

sin traición ni sorpresa.

     Y sin embargo el alma

     no logra acostumbrarse en una vida.

 

Yo nunca resistí  las despedidas

porque en cada una de ellas se marchita la voz

de todas las personas que yo he sido

                                       y ya no puedo ser.

 

 

 

 

YAGO BAZAL SE DEJA VER DOS HORAS

 

La luna nueva late dentro del corazón

de un hombre declarado clandestino.

    Es una noche oscura como un crimen.

Yago Bazal avanza monte abajo

entre sombras azules que susurran su historia.

 

Porque los ideales se volvieron ceniza

hace tiempo que Yago no hace fuego.

Así,

va dejando jirones de sus mejores sueños

     en las plateadas jaras a su paso.

 

Lo recuerda muy bien.

 

Un búho reconoce el rostro tenso

a veces decidido a rebelarse

contra quienes lo excluyen de los seres humanos

aunque otras veces también muestra, de pronto,

el cansancio plomizo y demacrado

de una lucha sin plazo.

 

      Hay pocos camaradas

      y mucha escarcha rota.

 

No es la palabra frío la que agrieta la cara

ni amorata los dedos en las botas deshechas.

     Es el frío de verdad.

Es el frío espeso

de esta primera Navidad después de la derrota

pegándosele al cuerpo igual que una serpiente.

 

En la guerra Yago había odiado las palabras.

   Podía notar el pulso

      tibio como la tierra

         en las letras de sangre.

Sin embargo, ahora sabe

que no son las palabras quienes matan.

   Cada letra es un pez en el océano,

   un árbol florecido,

pero hay labios que usan las palabras

como se usa una ametralladora.

 

Fuera se han encendido

las farolas ausentes de la calle.

   Mientras,

   suspira muy despacio.

   El frío le acompaña como entonces.

Si cierra bien los ojos fatigados

Yago se puede ver

   trepando el muro de su propia huerta

      acallando a sus perros

         penetrando furtivo en su mísera casa

                                                           de trigo húmedo y ajo.

Aún puede oír el sollozo desvalido

de la mujer que ama

al verlo tan delgado y polvoriento.

 

Todas las noches Yago vuelve a huir monte arriba

con pocas provisiones y un beso triste quemándole los labios

con los ojos perdidos de los hombres

                                  cuyo futuro ha sido demolido.

 

Todos nosotros somos ahora y para siempre

las pisadas de Yago contra la piedra helada,

yo soy el pan callado de aquella Nochebuena,

tú eres la luna oscura que le ayuda a esconderse.

 

Y hoy es mil novecientos treinta y nueve.    

 

 

 

 

Datos vitales

Raquel Lanseros, (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1973) es Licenciada en Filología Inglesa, actualmente trabaja como Asesora de Formación de Idiomas en el Centro de Formación del Profesorado e Innovación Educativa de León. Colabora con poemas, traducciones y reseñas críticas en gran número de revistas y publicaciones literarias. Asimismo, su obra ha sido incluida en numerosas antologías. La última de ellas, Poesía ante la Incertidumbre. Antología de nuevos poetas en español (Ed. Visor, Madrid, 2011), ha sido publicada simultáneamente en España, México, El Salvador, Nicaragua y Colombia. Autora de los libros de poesía: Leyendas del Promontorio (Ayto. Villanueva de la Cañada, Madrid, 2005), Diario de un destello (Ed. Rialp, Col. Adonáis, Madrid, 2006), La acacia roja (Ed. Tres Fronteras, Murcia, 2008) Los ojos de la niebla (Ed. Visor, Madrid, 2008) y Croniria (Ed. Hiperión, Madrid, 2009). Ha sido galardonada con un Accésit del premio Adonáis, el Premio Unicaja de Poesía y el Premio Antonio Machado en Baeza. 

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