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CÍRCULO DE POESÍA

 

Poesía norteamericana: Gordon McNeer

24 Jun 2014
Gordon McNeer

Valparaíso Ediciones ha publicado recientemente “Mira lo que has hecho”, del poeta y traductor norteamericano Gordon McNeer.  En palabras de Benjamín Prado, “Mira lo que has hecho es un libro inolvidable, el descubrimiento del más español de los poetas norteamericanos de hoy. Ha tardado en llegar, pero que nadie dude que ha venido para quedarse”.

 

 

 

Según Benjamín Prado, “Escribir es la única forma de poder estar a la vez en las dos orillas del río, y de eso es de lo que tratan los poemas de Gordon McNeer: del modo en que el pasado nos sigue allí donde vayamos y los buenos recuerdos nos tienden la trampa de convertir a las personas que llegan en una imitación de las que se fueron. Escribir es hacerse el dormido para que el miedo pase de largo y leer estos emocionantes poemas es ver cómo su autor cuenta escritores para conciliar el sueño —Cervantes, Quevedo, Machado, García Lorca, Alberti — o tararea canciones de Bob Dylan o Neil Young para poderlas bailar por dentro con las mujeres a las que quiso. Mira lo que has hecho es un libro inolvidable, el descubrimiento del más español de los poetas norteamericanos de hoy. Ha tardado en llegar, pero que nadie dude que ha venido para quedarse”.

 

 

 

ABUELO

                                                      Para John H. Evans

 

En mis sueños veo tus pies ante mí

andando por un camino polvoriento en México.

El Colt que llevas para proteger el oro,

el Bisley 41 que vigila mi sueño,

aún no tiene ninguna muesca en el cañón.

Hace calor.

Tu ropa empapada de sudor

huele igual que tus hijos no nacidos.

Aún estamos todos vivos de algún modo.

Emiliano y Pancho son sólo

niños del pueblo de ojos muy abiertos.

Tu mundo es joven, claro, nítido.

1910 es sólo un año más.

La mujer junto a ti en mi escritorio

no ha conocido al hombre que serás algún día.

A la enfermera que te limpia la frente

en la cama del hospital

mientras allí agonizas

aún le falta mucho para nacer.

Más tarde, en el coche, dijiste:

creo que ahora se puede ir a 50.

Me duele tanto tu recuerdo:

me has vuelto del revés

y me has dejado así,

como esos animales que yo desollaba

cuando era niño.

 

 

 

 

 

 

 

HABLANDO BOB DYLAN

 

Siempre hablo dylan

con cualquier persona

que me escuchase.

Me hace sentir que pertenezco… ¿A qué?

A la humanidad. A la pandilla. A mí mismo.

 

Hay tantos muertos.

Queremos quedar,

pero no podemos.

Queremos conectar,

y acabamos hablando dylan.

 

Raquel:                         Si no fuera por ti el verano no tendría primavera.

 

Jamín:                           Pasa, dijo ella, te daré cobijo contra la tormenta.

 

Luis:                               Salid del camino si no podéis echar una mano

porque los tiempos están cambiando.

 

Boza:                            No hay éxito como el fracaso y un fracaso no es éxito alguno.

 

Dani:                            Te dejaré entrar en mi sueño si me dejas entrar en el tuyo.

 

Fernán:                       ¿Cuántas millas tiene que volar la paloma blanca antes de descansar en la arena?

 

Pozo:                            Allí está tu huérfano con una pistola, llorando

como un incendio en el sol.

 

Roxana:                      Con tu boca de mercurio en los tiempos misioneros

y tus ojos como el humo y tus oraciones como rimas

y tu cruz de plata y tu voz como campanadas…

¿quiénes entre ellos podrían enterrarte?

 

 

Jorge:                           Mi almacén tiene mis tambores arábicos ¿debo dejarlos a

tu puerta? O virgin de la tristeza… ¿debo  esperar?

 

Carlos:                        Abandonado el niño sin madre a los pies de una prostituta.

 

Alí:                                Voy a enamorarme de la primera mujer que encuentro

meterla en una carretilla de mano y rodarla calle abajo.

 

Fede:                             No confundas el paraíso con esa casa al otro lado del camino.

 

Andrea:                       Que tus manos siempre estén ocupadas, que tus pies

siempre sean veloces, que tu corazón siempre esté alegre

y que tu canción sea siempre cantada.

 

Udiel:                          Angel, Pepe, Federico, Antonio: todo está roto.

 

 

Tienes razón, Waldo, los muertos beben solos y no buscan nada en los ojos de nadie.

 

 

 

 

Datos vitales

Gordon E. McNeer (Winter Haven,1943). De ascendencia mexicano–estadounidense, su madre nació en México en el año de la Revolución. Ha sido profesor en diferentes universidades de Estados Unidos como las de Princeton, Florida, Agnes Scott o North Georgia, además de director del Estudios en el Extranjero para la Universidad de North Georgia, en la que actualmente ejerce como profesor. Ha traducido a importantes poetas españoles como José Hierro, Premio Cervantes de Literatura. Tras décadas de escritura de poemas recibiendo muy diferentes influen- cias tanto de la música como de la lírica en sus diferentes manifestaciones, este es su primer libro de poemas publicado.

 

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