Guillermo García

Guillermo García. 1984. Publicaciones en las revistas Espíritu Universitario, Palabrarte y Salamandra. Primer lugar del concurso de poesía social “Pablo Neruda” 2007. Actualmente edita la revista Salamandra de Oaxaca.

Sus poemas después del salto

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Lengua de tigre para ella

No me digan como es estar aquí
de pie desesperando
dejando fluir el corazón cual arroyos partidos
haciendo crecer los recuerdos desacralizarlos cerca del bosque
a la orilla de los ríos
Quien dijera como la pasión me vence
y el animal que soy
en el fondo ya me alcanza
empieza a drenar la percepción de todo lo que trasciende
en la cepa de la memoria
Cuantos días corren dentro de esa fuente
y la resignación no acaba de pudrirse
Si tu supieras como es estar golpeando el lago con una y otra piedra
donde las aguas intentan la nutrida habilidad de retener las ondas
y deseo cortar el hilo de las hiedras que me trepan persistentes
si te dieras cuenta
No dejaré que mires el zumbido de los soldados anónimos
ametrallando la raíz de mi interior
ni permitiré a las olas romperse en el aullido de mis lobos ancestrales
quisiera darte el aire altísimo de mis versos
el bramido de mi alma
pero solo queda el susurro de mis paisajes descorazonados
y la lluvia trepana toda la fuerza de mis terrenos
el ardor
de mis cantos enronchados

***
Se desprende la vida
como una huella temblorosa,
una presencia que es
apenas percibida
por las épocas.
_Rastros de la luz
que ondean en la niebla_.
El tiempo que se agita
se contempla,
Se desplaza:
Lo que ya fue
observando su entropía.

***

Pero me falta encontrar el secreto en el corazón del ruido
donde se forman las cadenas que he roto y liberado
ahí la fuerza de las voces se desnudan
ahí donde la lengua empieza a lanzar sus llamas
cuando el sonido que no se escuchará de nuevo desemboca
en las costillas del mundo y en sus ramas
y sus brasas de átomos menores crecen sin trayectoria
en el principio de saber que las palabras
no tienen otra vida más que esta

Entre el caminar de los hombres yacen

***

Distancia

Ahora que las calles se ha vuelto impresionantemente inhabitables.
Ahora que los días vuelven y se ahogan en este pequeño charco
fuera de casa.
Ahora que los recuerdos quedan en los vidrios de las ventanas
que tu cuerpo no circula por esta habitación donde cuelgo tus fotos
ahora lo entiendo,
y esta distancia entre tu estar lejos y tu no estar desde hace tiempo
se ha vuelto asfixiante
y ya no puedo escribirlo.

Y aquí encerrado no puedo recordarlo.

***