Heberto Padilla

Durante el mes de septiembre se cumplirán nueve años de la muerte del poeta cubano Heberto Padilla. En esta nueva entrega de Alforja, José Vicente Anaya reflexiona sobre el tristemente célebre Caso Padilla, que significó la censura, persecución y exilio para el autor de Fuera del juego.

El poeta cubano Heberto Padilla padeció el exilio durante tres periodos consecutivos de su vida y en diferentes circunstancias. El primer periodo es el de un exilio voluntario, cuando vive en los Estados Unidos de 1949 a 1959, tiempo de los muy conocidos gobernantes corruptos en su país (Ramón Grau San Martín, Carlos Prío Socarrás y Fulgencio Batista); el segundo (1960-1966) no fue propiamente exilio y tal vez deba ser considerado como una amable ausencia, ya que vivió en diferentes partes de Europa y la URSS representando al gobierno de la revolución cubana en varias actividades diplomáticas y comerciales, sin que el poeta dejara de tener algunas dificultades; y el tercero es el más terrible de su existencia, de 1980 al 2000, que culmina con su muerte, habiendo antes propiciado una serie de sucesos que sorprendieron e hicieron polemizar a muchos intelectuales del mundo entero, pero que sobre todo obligó a repensar los proyectos humanos que han buscado sociedades justas.

     Un año antes de su primera partida hacia los Estados Unidos, Padilla publica en Cuba su primer libro de poesía, Las rosas audaces, cuando apenas contaba con 16 años de edad. Buscavidas será su segundo libro de 1960. Su poemario El justo tiempo humano fue publicado en 1962 y reconocido por la misma oficialidad de la cultura cubana postrrevolucionaria, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), con estas palabras: “El justo tiempo humano es una de las aportaciones más importantes que se hayan hecho a la lírica cubana.” Este dato tiene relevancia, ya que la misma UNEAC lo condenará más tarde por Fuera del juego, libro que además obtenía el “Premio de Poesía Julián del Casal” en 1968.  Aquí conviene señalar que estos dos libros comparten la misma calidad poética y las mismas emociones del ser humano descontento en su contexto (¿y por qué el segundo sería el pretexto para condenar a su autor al ostracismo?). En El justo tiempo humano encontramos tempranamente la vivencia del transterrado, pues Padilla se adelanta con este poema: “EXILIOS / Madre, todo ha cambiado. / Hasta el otoño es un soplo ruinoso / que abate el bosquecillo. / Ya nada nos protege contra el agua / y la noche. / Todo ha cambiado ya. / La quemadura del aire entra / en mis ojos y en los tuyos, / y aquel niño que oías / correr desde la oscura sala, / ya no ríe. / Ahora todo ha cambiado. / Abre puertas y armarios / para que estalle lejos esa infancia / apaleada en el aire calino; / para que nunca veas el viejo y pedregoso / camino de mis manos, / para que no me sientas deambular / por las calles de este mundo / ni descubras la casa vacía / de hojas y de hombres / donde el mismo de ayer sigue / buscando soledades, anhelos.

     Los antecedentes del tercer exilio de Heberto Padilla resultan terroríficos y, desde ciertas expectativas intelectuales de la época, no se creían posibles. La revolución cubana atrajo muchísima simpatías desde su inicio. Intelectuales izquierdistas de todas las tendencias, democráticos o simplemente críticos, en muchas partes del mundo simpatizaron y alabaron aquello que veían nuevo y diferente a lo antes conocido. Muchísimos se convencieron con palabras de Fidel Castro como estas: “Alguien dijo un día que la revolución era como Saturno, que devoró a sus propias criaturas… Esta revolución no ha devorado ni devorará jamás a sus propias criaturas.” o “Nuestro pueblo no ha querido otra cosa que ser libre…”  (Primera declaración de La Habana, 2 de septiembre, 1960, cuando apenas se iban a cumplir dos años del triunfo de la revolución). En el libro México y Cuba. Dos pueblos unidos en la historia, en 1961 Juan José Arreola se encuentra con Castro y escribe: “La figura de Fidel Castro, que nos era infinitamente amada a tantos y tantos de los mexicanos, también vista de cerca ha resultado agigantada… En él se concretan las ilusiones y los anhelos antiguos de sus héroes.” Y todavía en una carta de 1971 dirigida a Castro y precisamente en defensa de Padilla, varios intelectuales argumentan: “Con la misma vehemencia con que hemos defendido desde el primer día la revolución cubana…” la que por cierto redactó Mario Vargas Llosa y la firman escritores como Simone de Beauvoir, Italo Calvino, Marguerite Duras, Hans Magnus Enzenberger, Carlos Fuentes, Jaime Gil de Biedma, Ángel Fernández, los tres Goytisolo, Alberto Moravia, José Emilio Pacheco, José Revueltas, Rossana Rossanda, Vicente Rojo, Jean-Paul Sartre, Susan Sontag y José ángel Valente, entre otros. Al respecto del bien ponderar a la Cuba socialista, más insólita resulta una nota de 1967 en el Times Literary Supplement, donde se dice: “No hay precedente en la ideología marxista de una censura semejante a la que existe en la Unión Soviética. Y quienes lo pongan en duda, que interroguen a los cubanos, cuya literatura, altamente sofisticada desde 1958, denota muy pocos signos de represión..”

     Los hechos que sorprendieron al mundo intelectual y que propiciarían el exilio definitivo del poeta, empiezan con el 22 de octubre de 1968 cuando los miembros del jurado (José Z. Tallet, Manuel Díaz Martínez, César Calvo, José Lezama Lima y J. M. Cohen) deciden premiar el libro de Padilla como ganador del “Premio de Poesía Julián del Casal”. El voto razonado del jurado decía: “Fuera del juego se destaca por su calidad formal y revela la presencia de un poeta en posesión plena de sus recursos expresivos. /  Por otra parte, en lo que respecta al contenido, hallamos en este libro una intensa mirada sobre problemas fundamentales de nuestra época y una actitud crítica ante la historia. Heberto Padilla se enfrenta con vehemencia a los mecanismos que mueven la sociedad contemporánea, y su visión del hombre dentro de la historia es dramática y, por lo mismo agónica (en el sentido que daba Unamuno a esta expresión, es decir, de lucha). / Fuera del juego se sitúa del lado de la revolución, se compromete con la revolución, y adopta la actitud que es esencial al poeta y al revolucionario: la del inconforme, la del que aspira a más porque su deseo lo lanza más allá de la realidad vigente.”

     La burocracia cultural cubana se opuso a la decisión del jurado (asunto inconcebible en cualquier premio literario que se precie), y al no poder revocar el fallo se hizo la propuesta de que el libro apareciera con un texto reprobatorio de la UNEAC. Posteriormente Padilla declararía que no le entregaron el premio y que el libro circuló en muy pocos ejemplares, pues la edición fue desaparecida. Aunque Nicolás Guillén era el presidente de la UNEAC, y José Antonio Portuondo el vicepresidente, Fuera del juego fue condenado en abstracto por la organización o el “comité”, es decir, sin que aparecieran firmas de sus miembros, con un largo texto (habría que agregar que en ese mismo certamen, en la categoría de dramaturgia, también fue condenada la obra Los siete contra Tebas de Antón Arrufat).

     En ese texto de la UNEAC leemos: “El comité directivo… [expresa] su desacuerdo… por entender que [los dos libros premiados] son ideológicamente contrarios a nuestra revolución.” / “…obras construidas sobre elementos ideológicos francamente opuestos al pensamiento de la revolución. / En el caso del libro de poesía, desde su título: Fuera del juego, juzgado dentro del contexto general de la obra, deja explícita la autoexclusión de su autor de la vida cubana.” / “Padilla mantiene en sus páginas una ambigüedad mediante la cual pretende situar… su discurso en otra latitud… cualquier descripción que siga no es aplicable a Cuba, y las comparaciones sólo podrán establecerse en la conciencia sucia del que haga los paralelos.” [hago notar que no hay ningún argumento literario para rebatir los poemas, se utilizan sólo argumentos ideológicos, y hasta el adjetivo filofascista de “conciencia sucia”] /  “En estos textos se realiza una defensa del individualismo frente a las necesidades de una sociedad que construye el futuro y significa una resistencia a convertirse en combustible social.” [¡no podemos dejar de observar aquí un mesianismo que está exigiendo el sacrificio a la gente!]. “El autor realiza un transplante mecánico de la actitud típica del intelectual liberal dentro del capitalismo, sea ésta de escepticismo o de rechazo crítico. Pero si al efectuar la transposición, aquel intelectual y rebelde que se opone a la inhumanidad de la llamada cultura de masas y a la cosificación de la sociedad de consumo, mantiene su misma actitud dentro de un impetuoso desarrollo revolucionario se convierte objetivamente en un reaccionario.” [quien haya escrito esto pensará que por obra de magia en Cuba, con el destierro del capitalismo, desaparecían automáticamente todos los males de la condición humana].

     Unos seis meses después, en  el periódico Marcha  (25 de abril, 1969) de Uruguay, se publica la versión reprobatoria de la UNEAC y un texto de Julio Cortázar en el que informa de la edición francesa de Fuera del juego que apareció con un cintillo provocador en el que se leía: “¿Se puede ser poeta en Cuba?” Cortázar trató de conciliar a Heberto con la revolución: “Sigo creyendo que todo intelectual cubano debe, en el cuadro de la revolución, conservar su derecho a la libre crítica y no verse obligado a una autocensura que sólo podrá conducirlo a la mediocridad. Pero también creo que los intelectuales, si quieren ejercer una crítica positiva y fecunda, tienen que hacerse respetar como participantes en la acción revolucionaria… Sin duda Padilla no es ese hombre nuevo sobre los cuales las revoluciones basan sus esperanzas. A horcajadas entre dos épocas, condicionado por un pasado que no se quita como una camisa…”

     La reprobación del poemario no pasó a mayores. De ahí en adelante Heberto Padilla tuvo un cargo mediano en la Universidad de La Habana y trabajó haciendo algunas traducciones. La visión crítica hacia el socialismo se había gestando en el poeta desde hacía ya varios años. En su libro La mala memoria nos recuerda: “…veía lo que estaba ocurriendo [por 1962 en la URSSS]. Veía llegar la petrificación de un sistema burocrático instalado en el corazón mismo del país. Veía un pueblo sufrido al lado de un poder absoluto y omnímodo. Y veía además de algún modo el futuro de mi propio país reflejado allí, en la existencia de este aparato burocrático que se conoce como el modelo de socialismo soviético. Realmente fue también una etapa muy angustiosa para mí… Allí surgieron los primeros poemas de Fuera del juego.”  Años más tarde, “La Habana que encontré en 1967 estaba dominada por la reserva y por el miedo […] la vigilancia en el seno de las distintas organizaciones revolucionarias hizo reinar sobre el país una moral de la sospecha. / En la Unión de Escritores se había hecho más ostensible la presencia de la Seguridad del Estado [policía política de Cuba] …se había llegado a la conclusión de que era necesario sanear la institución de homosexuales, los cuales iban a dar a los campos de concentración [se aplicó un programa represivo que hacía redadas periódicas, llamado ” Operación 3 P” —prostitutas, proxenetas, pederastas— según informa también Carlos Franqui en Retrato de familia con Fidel, en una de esas redadas fue apresado el poeta Virgilio Piñera) …campos de concentración que, desde 1965, funcionaban en Camagüey con el nombre de Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) y adonde enviaban también, valiéndose del mismo expediente del Servicio Militar Obligatorio, a desafectos al sistema por sus creencias religiosas… Estas unidades se crearon a instancias de Raúl Castro, que descubrió en Bulgaria los nuevos métodos puestos en práctica para tratar de curar a los homosexuales. El procedimiento era casi rudimentario, se trataba de alterar el placer y la repugnancia frente a los estímulos eróticos utilizando el principio del reflejo condicionado de Pavlov.” Esto que relata Padilla, y muchas otras cosas más, eran ignoradas por los intelectuales que habían apologizado a Fidel y la revolución todavía hasta pasada la década de 1970. Entre los reproches de la UNEAC al poemario Fuera del Juego se niega que en la URSSS hubiera opresión y  dicen. “Resulta igualmente hiriente [¡aquí la cacofonía es gratis!] para nuestra sensibilidad que la revolución de octubre sea encasillada en acusaciones como ‘el puñetazo en plena cara y el empujón a medianoche’, el terror que no puede ocultarse en el viento de la torre Spaskaya, las fronteras llenas de cárceles, el poeta ‘culto en los más oscuros crímenes de Stalin… el verdugo con tarea de poeta…” [¿los funcionarios de la UNEAC no sabían nada de la existencia de Stalin o lo estaban considerando como un héroe más del campo socialista? La luchadora anarquista Emma Goldman, estando en la URSSS en el momento en que gobernaba Lenin (mucho antes de las denuncias de Soljenitzin), cuenta: “La gran masa de la población penitenciaria se componía de heréticos sociales que eran culpables de pecado fundamental contra la iglesia comunista, pues ninguna ofensa era considerada con tanto odio como la de tener opiniones políticas diferentes a las del partido, y la de protestar contra las maldades y crímenes…”

     Otro reproche de la UNEAC es este: Padilla “…sugiere persecuciones y climas represivos en una revolución como la nuestra que se ha caracterizado por su generosidad y su apertura…” ¿Qué enfermedad del descontento tenía el poeta que no disfrutaba su estancia en Wonderland? Pero aquellas palabras de Fidel sobre que “esta revolución no ha devorado ni devorará jamás a sus propias criaturas” eran completamente falsas, apenas estaba cumpliendo un año el triunfo de la revolución cuando ya  se había ejecutado la orden de encarcelar a uno de los líderes más carismáticos, a Hubert Matos, ¡20 años prisionero!, y todavía existe la duda de si no fue provocado el accidente de avión en que murió Camilo Cienfuegos. Es estremecedor el caso del poeta Armando Valladares con 22 años de encarcelamiento, hecho prisionero en 1961, quien en su libro testimonio Contra toda esperanza… cuenta “Todas las noches había fusilamientos… Cuando escuchaba las descargas de fusilería el horror se apoderaba de mí…” /  “En Cuba existen más de 200 establecimientos penitenciarios, que van desde las cárceles de mayor seguridad a los campos de concentración y a las llamadas granjas y frentes abiertos, donde los presos efectúan trabajo forzado.” / “Las situaciones de violencia, la represión, las golpizas, las torturas e incomunicaciones son práctica diaria.” Para abreviar todo lo que le ocurrió a Valladares en las muchas cárceles que padeció, baste decir que al ser excarcelado salió en silla de ruedas. El poeta Jorge Walls fue condenado a 20 años de cárcel en 1964. En 1967 el poeta Ángel Cuadra fue sentenciado a 15. La lista de poetas encarcelados en Cuba es más larga, terminemos por recordar que también le sucedió al poeta Ernesto Díaz Rodríguez. En la revista La Guángara Libertaria, de exiliados cubanos, una nota sobre este tema culmina con estas palabras: “¡Pobre del país donde la única poesía libre se escribe tras las rejas!”

     Otro detalle de la represión a las ideas en Cuba que muchos intelectuales olvidaron, fue la orden dada por Raúl Castro para desaparecer en 1966 la revista Pensamiento Crítico, y así ocurrió con el periódico Revolución y su suplemento Lunes de Revolución (fundados por Carlos Franqui y Guillermo Cabrera Infante). En esas publicaciones se ventilaba una literatura abierta e ideas de pensadores como Karel Kosik, Susan Sontag, Herbert Marcuse, Severo Sarduy, Georgi Lucaks, Jean-Paul Sartre, Althuser, etc. Para que ese estado de vigilancia y represión se instaurara no basta con saber que había nacido con la misma revolución, sino que poco a poco iba siendo abalado por consignas de Fidel Castro como  lo  expresado en su discurso “Palabras a los intelectuales” de 1961, donde dice: “…el revolucionario pone algo por encima aun de su propio espíritu creador: pone la revolución por encima de todo lo demás y el artista más revolucionario sería aquel que estuviera dispuesto a sacrificar hasta su propia vocación artística por la revolución.”  Lo que en Fuera del juego se acota con este poema: “A aquel hombre le pidieron su tiempo / para que lo juntara al tiempo de la Historia. / Le pidieron las manos, / porque para una época difícil / nada hay mejor que un par de buenas manos. / Le pidieron los ojos / que alguna vez tuvieron lágrimas / para que contemplara el lado claro / (especialmente el lado claro de la vida ) / porque para el horror basta un ojo de asombro. / Le pidieron sus labios / resecos y cuarteados para afirmar, / para erigir, con cada afirmación, un sueño / (el-alto-sueño); / le pidieron las piernas, / duras y nudosas, / (sus viejas piernas andariegas) / porque en tiempos difíciles / ¿algo hay mejor que un par de piernas / para la construcción o la trinchera? / Le pidieron el bosque que lo nutrió de niño, / con su árbol obediente. / Le pidieron el pecho, el corazón, los hombros. / Le dijeron / que eso era estrictamente necesario. / Le explicaron después /que toda esa donación resultaría inútil / sin entregar la lengua, / porque en tiempos difíciles / nada es tan útil para atajar el odio o la mentira. / Y finalmente le rogaron / que, por favor, echase a andar, / porque en tiempos difíciles / ésta es, sin duda, la prueba decisiva.” En La mala memoria Padilla recuerda: “Después de lo que ocurrió con Pensamiento Crítico, vi que ya el debate era imposible. Carlos Franqui ya no era director de Revolución; de Lunes… no quedaba ni sombra, y todo el país era un centro estúpido gobernado por la Seguridad del Estado. Casi el 50 por ciento de los escritores eran más policías que escritores. Todo el mundo tenía miedo.”  Uno de esos escritores policía político, acusador de Padilla, es Lisandro Otero, quien ahora navega con bandera de “disidente” y en México ha recibido privilegios como el de haber dirigido un suplemento cultural de Excelsior y recibir la beca del FONCA durante tres años.

     Después de la condena de la UNEAC a Fuera del juego, en la vida de Padilla y de su esposa la poeta Belkis Cuza Malé aumentaron los sobresaltos, la Seguridad del Estado los vigilaba permanentemente, hasta tomaron nota de sus encuentros con amigos escritores de otros países como Jorge Edwards o Karel Koch. En 1971 Padilla hizo una lectura pública de su reciente libro Provocaciones, dos meses después varios policías de Seguridad del Estados catean su casa, recogen los mecanoescritos de la novela En mi jardín pastan los héroes y la pareja es encarcelada. Durante más de un mes Padilla estuvo siendo interrogado, torturado, amenazado y finalmente pasó por un “tratamiento” con droga, después del cual le dieron un escrito que él debía extender y posteriormente leer ante miembros de la UNEAC, como condición para recobrar su libertad. Este fue el hecho más bochornoso, se trató de una “autocrítica” del corte de “confesión mea culpa de ‘yo pecador’ y acusaciones a otros”, una degradación como las que se habían dado en los llamados “Procesos de Moscú”. Fue un largo texto de incoherencias y absurdidades. Padilla se autodeclara traidor y contrarrevolucionario junto con su esposa y amigos, para terminar pidiendo ser perdonado por la todopoderosa revolución. Años más  tarde Padilla recuerda. “…desde el punto de vista legal, no aparecía en ninguna de las inculpaciones que me hacían una sola figura de delito, como se dice en derecho. Todo el énfasis se reducía a que se difamaba a la revolución. Un error fundamental, porque nadie  difama un proceso político. Es más, creo que es perfectamente orgánico en cualquier sociedad del mundo discutir las políticas de sus gobiernos, y sobre todo de los dirigentes de sus gobiernos… Pero como en Cuba la figura del jefe Fidel Castro es sagrada, mi delito era casi de blasfemia, de sacrilegio.”

     Cuando fuera de Cuba se conoció la “autocrítica” de Padilla, muchísimos intelectuales abogaron por su libertad y el respeto a su integridad. Una de las cartas de protesta enviada a Fidel Castro es la que antes hemos mencionado, y que también decía: “Creemos un deber comunicarle nuestra vergüenza y nuestra cólera. El lastimoso texto de la confesión que ha firmado Heberto Padilla sólo puede haberse obtenido mediante métodos que son la negación de la legalidad y la justicia revolucionaria. El contenido  y la forma de dicha confesión, con sus acusaciones absurdas y afirmaciones delirantes, así como el acto celebrado en la UNEAC en el cual el propio Padilla y los compañeros Belkis Cuza Malé, Díaz Martínez, César López y Pablo Armando Fernández se sometieron a una penosa mascarada de autocrítica, recuerda los momentos más sórdidos de la época del estalinismo, sus juicios prefabricados y sus cacerías de brujas.”  Castro se concretó a calificar a esos intelectuales de “impúdicos” y “liberaloides” que “desde sus comodidades en Europa hablan mal de la revolución cubana”, pero nunca contestó directamente a los hechos.

     A José Lezama Lima se le ha considerado como un escritor pasivo que nunca opinó  determinantemente sobre el estado de cosas en Cuba, pero esto es falso, él estaba muy consciente de su tiempo histórico, y lo expresó con estas palabras escritas: “No es lo mismo estar fuera de Cuba que la conducta que uno se ve obligado a seguir cuando estamos aquí, metidos en el horno. Existen los cubanos que sufren fuera y los que sufren igualmente, quizá más, estando dentro de la quemazón y la pavorosa inquietud de un destino incierto…” Sobre el tiempo posterior a su confesión, Padilla escribió: “…la situación horrible que yo vivía en La Habana, que llegó a provocarme una incapacidad de escribir incluso caligráficamente… Me temblaba la mano. Dos o tres años más habrían hecho de mí un hombre vivo vegetalmente, pero muerto en el orden intelectual.”

     Bernard-Henri Levy ha hecho esta reflexión: “Soy hijo natural de una pareja diabólica, el fascismo y el stalinismo” [ahora estamos viendo que el lugar del fascismo lo está tomando aceleradamente el neoliberalismo] / “…jamás la voluntad de muerte se había desencadenado tan cruda, tan cínicamente. Por primera vez los dioses nos han abandonado, fatigados sin duda de extraviarse por la llanura calcinada donde erigimos nuestras moradas. Y escribo, claro que sí, escribo en una época de barbarie que ya, en silencio, ha cavado la tumba a los hombres.” / “El opresor es… un director de inconsciencia, lúcido y diabólico, quien, dueño de sus técnicas, gobierna un pueblo sonámbulo. El oprimido es, por lo tanto, un dormido que camina, actor dócil e inconsciente, sujetado por su voluntad, artesano involuntario de los instrumentos de su tormento de vivir. Y el rebelde se convierte, por todo eso, en dueño de la verdad, omnipotente por sabio y libre porque conoce sus cadenas.” / “Si fuera poeta cantaría el horror de vivir y los nuevos archipiélagos.”

     Belkis Cuza Malé pudo salir de Cuba en 1979, al siguiente año Heberto salió en un avión rumbo a Canadá. Después de 20 años de exilio, el 27 de septiembre del 2000 Heberto Padilla fallece por un ataque cardiaco, había sido catedrático en la Universidad de Auburn, donde impartió cursos de literatura latinoamericana. En su poemario El hombre junto al mar, publicado en 1981, en un epigrama  se deslindaba de derechas e izquierdas: “Las Derechas me alaban /  (ya me difamarán). / Las Izquierdas me han hecho célebre / (¿no han empezado a alimentar sus dudas?)”  El colofón es un epigrama de Fuera del juego: “No lo olvides, poeta. /  En cualquier sitio y época / en que hagas o en que sufras la Historia, / siempre estará acechándote algún poema peligroso.”

 

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