El corno… Revista de los poetas que sueñan demasiado

El corno emplumado

Esta retrospectiva sobre El corno emplumado (1962-1968), que emprende José Vicente Anaya, nos muestra el desmelenado aliento utopista y contestatario de los años sesenta, que los editores y colaboradores infundieron a una revista hoy legendaria.

 

 

El corno… Revista de los poetas que sueñan demasiado

 

Yo tenía 21 años de edad cuando me encontré con la revista El Corno Emplumado, en 1968. Este es el año en que la revista tocaba su fin pero, paradójicamente, también fue su tiempo de mayor intensidad, pues el espíritu que la revista había mantenido de nueva palabra poética y críticas a la opresión de los sistemas políticos, en ese año hizo erupción. Sus editores Margaret Randall y Sergio Mondragón denunciaron y reprobaron la represión del gobierno (en ese momento bajo el mando de Gustavo Díaz Ordaz y en el puesto de policía,  Luis Echeverría, a quienes identificamos como los asesinos principales) al movimiento popular estudiantil, lo cual trajo como consecuencia hacer callar a la revista desapareciéndola al retirarle apoyos institucionales a la cultura, además de la persecución desatada contra estos poetas y a mucha gente más.

            En el número 28 de El Corno Emplumado, octubre de 1968, en segunda de forros se reproduce una de las pintas que aparecieron en los muros de París durante la “Revolución de Mayo 68”, que fue muy popular y que poéticamente rompía los moldes del pensamiento pedestre diciendo: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, y esto, para los ojos institucionales era el miedo a la justicia radical. Además, en las primeras páginas de la revista los editores declararon:

 

Hechos extraordinarios sucedieron en la ciudad de México en los últimos días de julio [hago notar que todavía no se había desatado la matanza en la plaza de Tlatelolco]: un pleito callejero entre estudiantes… fue reprimido violentamente por la policía… se desencadenó una serie de hechos que han conmovido profundamente a nuestra población, que han sacado a la luz pública otros graves problemas que afectan a la vida de este país, y han dinamizado un movimiento auténticamente popular encabezado por los estudiantes, quienes con una asombrosa claridad mental y honestidad feroz, están poniendo en evidencia la corrupción administrativa, la miseria ideológica de nuestro sistema y la demagogia en que se basa, y la inmediata necesidad de un cambio profundo y radical en nuestros sistemas y estilos de vida y pensamiento.”

 

Más adelante el texto se extiende  describiendo más detalles de la represión oficial y termina con estas palabras: “Los jóvenes estudiantes están… luchando contra este sistema corrupto. Ellos tienen en sus manos el futuro y el presente. La poesía y la vida es de ellos…”

            En aquel momento, para mí, joven poeta estudiante, esas palabras eran también mías. La protesta manifestada en El Corno Emplumado fue sólo el colofón de un fuerte espíritu, gestado no únicamente en sus editores sino en muchísimos de sus colegas, con quienes compartieron un sueño de profundos cambios manifestados en la sensibilidad poética que desde antes de la década de 1960 vivieron con potentes ímpetus de claridades.

            En el número 1 de El Corno…, enero de 1962, sus editores declararon: “…esta es una revista cuyas páginas están dedicadas a servir a la palabra y con las cuales se pretende crear la publicación que hace falta… hoy en día, cuando las relaciones entre los países de América son peores que nunca, esperamos que EL CORNO EMPLUMADO sea la mejor prueba (no política) de que TODOS SOMOS HERMANOS.” Tres meses es más tarde, en el número 2, con una asombrosa percepción de los tiempos difíciles que se avecinaban, se decía:

 

Nuestro órgano de difusión EL CORNO EMPLUMADO necesita de la ayuda de todos nosotros hermanos de la hora presente en la que se escuchan voces tan contradictorias y en la que los vientos presagian tormentas y tropiezos. Las máscaras están cayendo con sorprendente rapidez, los acontecimientos angustian, estamos en una paradoja, la dolorosa condición del hombre se agudiza. Una cosa precisa el mundo: nuestra sinceridad y desprendimiento interior. Ello es la fraternidad. EL CORNO EMPLUMADO está así abierto a todas las voces y todas las congojas.

 

Esto era eslabón de una larga cadena de voces nuevas como la del poeta Bob Dylan que cantaba: “Una fuerte lluvia va a caer” porque “Los tiempos están cambiando”. Y en ese mismo número 2, el joven pintor Carlos Coffeen Serpas, cuyos dibujos varias veces aparecieron en la revista, en una carta desde Guadalajara comunicaba su entusiasmo por lo nuevo que acarreaba este proyecto editorial diciendo: “Si los poetas y artistas, los que crean y aman todavía, pudieran unirse y formar un coro que se levantara por encima del coro de los ambiciosos y los sembradores de odio, si los poetas pudieran construir con sus voces una catedral luminosa y sonora para refugio del alma… entonces revistas como EL CORNO EMPLUMADO tendrían la razón más alta para ser.”

            ¿Qué sucedía? ¿De qué eran testigos y protagonistas los poetas, los editores y colaboradores de El Corno Emplumado? Era esa atmósfera hoy tan poco recordada de un ludismo buscador de mejor vida, utopía posible en los hechos del ahora y aquí contrastando con el pesadísimo status quo del conformismo que avalaba todo abuso represivo y atentatorio de la libertad… Eran los más de mil poetas publicados en El Corno… con palabras que centelleaban nuevas propuestas de lenguajes vivos. La lista de esos poetas no la podemos reproducir aquí entera, pero veamos sólo algunos nombres de esos autores que han dejado una profunda huella: Alejandra Pizarnik, Efraín Huerta, Denise Levertov, Jerome Rothenberg, Leoneore Kandel, José Carlos Becerra, Margaret Randall, Isabel Fraire, Rosario Castellanos, Cecilia Vicuña, Adrienne Rich, Diane Wakoski, Raquel Jodorowsky, Heberto Padilla, Juan Bañuelos, Allen Ginsberg, Agustí Bartra, Ernesto Cardenal, León Felipe, Cintio Vitier, Antón Arrufat, Charles Bukowski, Thomas Merton, Yannis Ritzos, Philip Lamantia, José Lezama Lima, Carlos Illescas, Hernán Lavín Cerda, Robert Creeley, Ernesto Mejía Sánchez, Hans Magnus Enzensberger, Robert Kelly. En fin, cada uno de esos nombres, hoy lo sabemos, son fuentes de la poesía que desde la década de 1960 marcó con fuerza la creación artística. Muchos de los poetas que ahora no mencioné se incluyen en grupos como la generación beat de los Estados Unidos, los tzántzicos de Ecuador, El Techo de la Ballena de Venezuela, los nadaístas de Colombia. La nueva palabra poética que propusieron todos ellos fue divulgada con mucho entusiasmo en El Corno Emplumado. Hace un año, conversaba con jotamario, el poeta nadaísta, y él se refería muy acertadamente a todos esos poetas de Latinoamérica en un solo concepto como “la vanguardia latinoamericana”.

            Pues bien, a El Corno Emplumado le corresponde el honor de haber convocado y publicado a todas esas voces poéticas. Por medio de una profusa correspondencia epistolar, ha quedado de manifiesto el interés y los enlaces entre poetas de diferentes latitudes. Desde París en 1967 Julio Cortázar (también publicado en El Corno…) escribía: “Todo lo que he leído en EL CORNO me parece de primera o, cuando no lo es, me interesa lo mismo por la novedad o porque se está intentando un cambio o buscando una salida. Su revista me parece de las más hermosas que se hacen en Latinoamérica…”

            Crítica al status quo y constancia de necesarios cambios que estaban siendo realidad, venían desde Lima, Perú, en voz de Raquel Jodorowsky:

 

Hemos creado montañas-trampas de papel-papel. Olvidando la mayoría de los casos un significado, una unión del Cosmos. Hemos olvidado un lenguaje perfecto. Ahora nos llenamos de palabras como quien se embadurna de goma y se pega hermosas plumas.” [y más adelante nos cuenta:] “Ha venido a mi casa un cura joven, poeta revolucionario en cuanto a ideales y una nueva iglesia, como [Ernesto] Cardenal y [William] Agudelo… (Agudelo se salió para casarse). Este joven se llama Hernán Rodas y me contó que en Ecuador viven esperando El Corno… En su Seminario recitan los poetas de El Corno…, conocen esta cadena nueva de solidaridad continental por El Corno

 

La poesía, vivida por los poetas en la vida real de sus contextos históricos, tuvo interesantes encuentros entre religión y realidad, ahí cundió esa nueva actitud de sacerdotes católicos que de muchas maneras conformaron la llamada teología de la liberación, entre ellos los poetas sacerdotes que ya hemos mencionado Thomas Merton y Ernesto Cardenal, Así, en una carta-sermón el segundo notificaba:

 

Estamos reunidos aquí un grupo de poetas con un poeta sacerdote para celebrar una misa por el alma de un joven poeta comunista que fue nuestro compañero y hermano, y acabamos de leer como ‘Epístola’ esa bella carta sobre la muerte que casualmente en estos días me ha escrito el poeta nadaísta Gonzalo Arango. Me parece que es un signo  de los nuevos tiempos el que unos poetas cristianos celebren una misa por un poeta comunista y que en esa ocasión se haya leído, como muy apropiada, una carta sobre la muerte, de un poeta que no es católico sino ateo, aunque tampoco es comunista sino nadaísta. Me parece, digo, que ésta es una señal de una nueva época y que nosotros estamos  realizando ya aquí lo que después va a vivir la humanidad del futuro.

 

Hoy no podemos hacer un recuento exhaustivo de la novedosa poesía publicada en El Corno.… pero mencionaremos algunos ejemplos: en sus páginas se publicaron por primera vez en español fragmentos de los extensos e intensos poemarios “Aullido” y “Kaddish” y “América” completo de Allen Ginsberg; asimismo, primicias de Leonore Kandel, Diane Wakoski, Jerome Rothenberg, Philip Lamantia y Lawrence Ferlinghetti; aparecieron por ahí los poemas-prosa-histórica de Ernesto Cardenal además de muchas de sus traducciones como las que hizo de William Carlos Williams y de Ezra Pound; las lúcidas iluminaciones del jaliciense Juan Martínez, paradigma de su generación, a quien el status cultural le debe mucho por su poesía; las aguerridas y vibrantes voces de Jan Arb, jotamario y Gonzalo Arango; los sorprendentes poetas concretistas de Brasil; así como varias muestras de poesía por países como Cuba, Argentina, Chile, Venezuela, Rusia, Finlandia, Uuguay, Nicaragua, Colombia, España y Canadá.

            Volviendo de nuevo al 1968, pero ahora en enero, es decir meses antes del mencionado movimiento estudiantil, la percepción del tiempo histórico era considerada en El Corno… de esta manera:

 

sabemos que un nuevo mundo se elabora, y que estamos en el centro de un movimiento que está revolucionando la poesía hispanoamericana, cuyos poetas desarrollan al máximo los magníficos arbustos que nos dejaran los poetas del pasado, Neruda, Vallejo, Huidobro; sólo que este movimiento es mucho más que eso: significa el fin de los tiempos anunciados por las Escrituras, el principio de una nueva historia y el momento en que se hunde para siempre un mundo y una concepción del mundo envejecida, para dejar lugar a una especie humana más evolucionada: es el siglo XXI que ya se abre paso a grandes brazadas de amor y energía / y mientras la estructura agusanada de nuestra sociedad contemporánea se desploma, este continente sigue floreciendo rebeldes y poetas… / estamos al comienzo de un Renacimiento. / es la Edad de Oro que llega, que ilumina ya el interior de nuestros mejores hombres, de nuestros mejores poetas. / es esta una poesía que nos invita a vivir, a nacer de nuevo

 

Al releer las páginas de los 28 o 30 libros que suma El Corno Emplumado (hay que aclarar que fue una revista con formato de libro con un promedio de 120-150 páginas, formato que le daba un lugar relevante a la poesía), uno no puede menos que reconocer que es una revista historia, que ha hecho historia y que, indiscutiblemente, contribuye a conocer y contar la historia de la poesía y de los poetas del continente americano en la segunda mitad del siglo XX. Si bien ahora se puede hacer ese reconocimiento, en su época hubo quienes no vieron a El Corno… con buenos ojos. Así vemos que en carta de abril de 1968 Homero Aridjis comenta que El Corno Emplumado está bajo el “ninguneo” de Carlos Fuentes y del grupo de la revista Siempre! (léase: Fernando Benítez y colaboradores).

            En este tiempo que ahora vivimos, no cabe duda, el espíritu de nueva palabra poética sigue siendo vigente y es todavía más necesario. Uno de los principales empeños de la mayoría de aquellos poetas publicados en El Corno… fue exigir y exigirse que las palabras de la poesía no estuvieran huecas, que encarnaran la vida, que palabra y acto fueran una misma cosa; así lo expresó el poeta argentino Miguel Grinberg (palabras que en otro momento le fueron atribuidas a Allen Ginsberg, porque sus apellidos suenan parecido):

 

Estoy muy lejos de haber vencido a mis vicios. Al menos sé que los tengo y trato por lo menos de no rendirles culto. Sólo quiero proyectar mi capacidad de amar, de crear. La libertad, la vida, la iluminación… todos son trabajos permanentes… Muchos que parecían ser maravillosos humanistas en sus escritos, personalmente resultaron vacíos, resentidos y destructivos. Esa disociación me subleva. Ser y obra deberían ser una sola cosa. El resto es mentira y basura. Si en verdad somos artífices del fuego primitivo y de la ternura, resulta inconcebible que no seamos en la vida cotidiana lo que somos en nuestros escritos.

 

Entre los muchos artistas plásticos cuyos dibujos aparecieron en El Corno… están: los que en ese entonces eran niños, Sara y Gregory Mondragón (hijos de Margaret y Sergio), Mathias Goeritz, Leonora Carrington, Julius Tobias, Rodolfo Zanabria, Alberto Gironella, Vlady, José Luis Cuevas, Roland Topor, Felipe Ehrenberg, Juan Soriano, Kazuya Sakai, etc.

            Dicen que el nombre de la revista surgió como un homenaje y fusión de culturas, ya que el corno hace referencia a la trompeta del jazz, música viva ferviente de ese tiempo en los Estados Unidos; y el emplumado se refería a Quetzalcóatl, rescatando una poderosa fuerza mitológica del México prehispánico.

            A diferencia del sueño de la generación hippie que en voz de John Lennon se terminó (“The dream is over”), el de los poetas es permanente porque sus voces vienen de la profundidad del espíritu, es por esto que todo lo soñado en El Corno Emplumado sigue teniendo vigencia y realidad. Es el permanente sueño de la Utopía que también dio origen a alforja REVISTADE POESÍA. Hoy tengo la certeza de una nueva vivencia de que la poesía es un territorio vivible, que puede ser habitado por poetas y lectores de poesía. Usted, lector, es nuestro invitado.

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