Presentamos la poesía de Lorena Ventura (Oaxaca, 1983, una de las poetas más interesantes de la generación de los ochenta. En 2004, recibió el Premio Nacional de Poesía “José Emilio Pacheco”, convocado por la Universidad Veracruzana. Fue becaria del FONCA en la categoría de poesía (2009-2010). Estudia el Doctorado en la UNAM.
Bach mira llover
Aquello que me fue llenando desde el fondo
era su música.
Lo sé porque algo de mí
fue quedando entre los árboles.
Algo distinto de la lluvia
que no era trueno
ni rumor de pájaro
ni el aleteo negro de la ira.
El viento era una oleada de cristales rotos
que un ángel
–apresurado por la niebla
levantaba.
La tarde: un tumulto de estrellas imprecisas.
Para quien el amor es un colibrí dormido entre sus manos.
Para los murciélagos
–hojarasca de la noche
en cuya piel la luna resuena.
(Los murciélagos,
atados a una rama
entienden al revés la noche.
Y cuando duermen
son partidarios unánimes de la gravedad.
Y su amor es ciego)
Para los caracoles en su amor paciente:
espiral de aire cayendo en la floresta.
Para quien sufre como la afrenta de una espada
el fruto amargo de la noche.
Para la primavera,
porque antes de sus pasos todo estaba abandonado
(Esta mañana vino la cuchara de una abeja
a averiguar algo entre las flores)
Y para todo lo que viene
que seguramente será rosado.
Aquí está su canto de pan y leche caliente,
de llovizna y animal dormido.
De fugitivo resguardado.
Ahora sólo queda esperar
el claro y sencillo chapoteo:
ruido hecho de mineral de cosmos,
arena-ritmo
de girasol marino.
Y tener cuidado de acallar
el tren ruidoso en nuestro pecho
para no despertar a nuestro ángel de la guarda.
Hondura del silencio
Ahora que veo venir mi existencia
–vieja desde siempre
bajo una multitud de agazapado hielo,
y que la dicha es un aturdimiento lento
en mis entrañas,
una sed que no ha servido para nada,
tengo la certeza de haber llegado
a la hondura clara del silencio:
Orilla luminosa en que te nombro.
(En tus ojos la eternidad se disuelve
como una tableta de sol
cayendo al fondo del agua)
Ya casi no soy ese viento ligero en que
el infinito, desde la luna, me bebía.
Pero todavía muerdo esa pregunta.
¿Por qué los glaciales pasos de la muerte?
Era la vida:
donde tu niñez milenaria pedía brillo,
habló tu sombra.
(Hubo un tiempo
para cerrar las puertas
y luego
donde antes había todo
poner la forma
siempre tibia
del recuerdo)
Desde tu facultad de polvo
escúchame,
porque empiezo a creer que esta fiesta
algo tiene de tu abismo,
algo de furor y herida lenta,
de temblor remoto
nacido de la memoria de tu carne,
algo que va a quedarse para siempre.
Y es muy distinto de la tregua.
Poética
1
Sin intención de un frente a frente
–que ya mis uñas están desafiladas–
Sin condiciones para hablar
–que ya es mucho lo que ofreces
para lo mínimo que guardo.
Yo estoy aquí
lejos de astrologías indudables
–que de a poco tus huellas fabricaron.
Ausente de todo pájaro y color
sólo atravesada
por lo marítimo sonoro
(contaminados los relámpagos,
encerrado lo aéreo en sucios frascos
sin nada ya que alumbre).
Sólo palabras excesivas
del todo irreparables
y un escándalo de olas como aullido.
2
Si puse a andar el viento
para echar a volar las intuiciones
Si aprendí a bailar
para entender el lenguaje de los árboles y el viento
Si me puse a dormir
para no instruirme en tus secretos
Si luego estas manos rotas
te llevaron a pedir a otra parte…
3
Mientras me atizo la tristeza
pensando en la humedad de mis zapatos
y en el ademán de sueño de los pájaros
(cansado de guardar silencio,
el cielo despliega con las aves
su mínimo alfabeto:
frágil sintaxis
destinada a morir con cada migración)
en una atmósfera de cosas estropeadas
me detengo.
4
Apenas sucia,
astillado el corazón de amores cancelados
y mentiras excesivas
sin cumpleaños que estrenar
y una prisa de testamento
en todo el cuerpo.
Con la sangre congregada en la derrota
Yo despierto aquí.
Con sólo ruido
puro ruido.
Simetría de la luz
Este amor es un joven dinosaurio
que ha tardado cien años en crecer:
más tardará en desmoronarse.
Milenios pasarán
para que la puta muerte
le clave los colmillos
y lo enferme de miseria,
para que el tizne de unos dedos
–envidiosos de tanto y tanto amor
se atrevan a tocarlo en su textura
–que es de luz y de crisálida.
Este amor vive en el silencio
que rodea a la palabra
y de nada vale treparse a la punta de los pies
o alargar la mano
para minar su territorio.
No deja nunca de crecer.
Animal largamente fatigado por la sed
frente a la espuma inalcanzable del lenguaje,
Aprendió a decirlo todo
ayudado por los pájaros:
grafías subversivas que el viento
aprendió a ordenar.
Si otros se atreven hoy a amar
–a dejarse beber por el silencio
es por su dulce sombra
unida insalvablemente a nuestros nombres.
Lejos de la marítima traición
de ir y de volver
se encuentra este amor
trazado en el centro de la luz:
Toda noche es ya una tinta mal cuidada
en el cuaderno de los días.
Precisiones de la sombra
A veces dios va dejando charcos
con los que se despide
verticalmente
de los hombres.
Nostalgias del mar que aquí no recordamos.
Mirada neutra de una lluvia
que no hicimos caer encima nuestro.
Y ese lenguaje nítido que no entendemos
–honduras de una luz imprecisa,
espejos en los que nadie quiere ver su rostro–
es ahora la palabra de un sólido desastre
que nos llena el corazón de nada,
–un cordero empapado
tiritando en la reja de los huesos.
(Y el polo también es un enorme bache
donde los osos polares deletrean la desgracia:
la difícil alba de quedarse a medio mar
en un naufragio de hielo solitario
–estado sólido de una luz que se derrumba)
Toda lluvia de hoy es un diluvio,
una daga que detiene la alegría en los cristales.
A dios se le acabó la eternidad.
Geografía de la dicha
Lentas luminarias líquidas
venidas de tus labios
recorrieron mi piel
señalando mis puntos cardinales.
Para ti el hecho fue muy simple
pero desde entonces no me pierdo en barco alguno.
(Si escuchas un ronroneo mientras canto
es mi corazón que ha vuelto a funcionar)
Así que
ahora que tenemos un alboroto entero
de brillantes peces
alimentemos al tigre de la dicha
sin temor alguno.
Porque en tu cuerpo yo ejercito mi entusiasmo
cada colibrí lleva ahora tu nombre a otras flores.
Porque la luz de mi interior es consecuencia de tu aliento
y porque tu mano ahora es un pegajoso caracol entre la mía:
ya no me quiere más la muerte.
Puedo entonces
–lanza en mano
saludar al mundo.
(Saludos
hipocampos y hombres silvestres
y pintores festivos
y bomberos en días de siesta,
salmones bordados en el manto
de los ríos)
Que tus ojos sean la forma única
en que yo pueda contemplarme.
Que en lugar de cardos sea
la hierba húmeda quien me reciba.
Que emplumes con palabras amarillas
mis alas minerales.
Y que siempre pueda tenerte de mi lado
corazón
para que nada
Nada grave me suceda.
Datos vitales
Lorena Ventura (Oaxaca, 1982). Es Licenciada en Lingüística y Literatura Hispánica por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y Maestra en Letras (Letras Latinoamericanas) por la Universidad Nacional Autónoma de México. Como poeta ha colaborado para publicaciones como Crítica, Luna Zeta, Tierra Adentro y Alforja. Ha sido incluida en las antologías Un orbe más ancho. 40 poetas jóvenes (UNAM, 2005) y en Cartografía de la literatura oaxaqueña (Almadía, 2007). En 2004, recibió el Premio Nacional de Poesía “José Emilio Pacheco”, convocado por la Universidad Veracruzana. Fue becaria del FONCA en la categoría de poesía (2009-2010). Actualmente estudia el Doctorado en Letras en la UNAM y es profesora del Departamento de Traducción e Interpretación del Centro de Lenguas de la misma institución.






Hermosos poemas!!!!!!!!!!!! felicidades a la poeta.
Sorprendido.Un lenguaje de extrema pulcritud.Versos que se abren y cierran en perfecta armonía.Una excelente poeta que construye su poesía sin tensiones,que dice sin querer decir más de lo que quién lee desea recibir.Como para que nada grave nos suceda.FELICIDADES.
OSCAR PORTELA
TENGO PARA MÍ
A mi maestro Oscar del Barco
poema de Oscar Portela
Tengo para mí que soy yo mismo
la sombra que me guía y que se adensa
tras de mis ciegos pasos. Seguro estoy
de que soy aquel rapaz dueño del daimón
que promueve destinos que derivan
en la espectralidad de la intemperie-
y que sueña el reposo y sin posada,
se corona a sí mismo con espinas-
mirtos, alas de colibríes, piel de culebras-
en el vacio sótano de un castillo parlante.
Y tengo para mí la sombra del suicidio,
la ajusticiada sombra de la lumbre –
el danzarín desesperado – el bufón hecho tea-
todo lo tengo para mí, pues yo soy ese y el otro,
el otro que me espera, que no termina de nacer,
el moribundo – el nonato que finge estar aquí-
y ser el sueño de una pobre mujer en pueblo oscuro.
Ese soy y para mí lo tengo: lo tengo escrito en lápidas
de pórfido, en lenguas nunca habladas,
sobre salobres mares desecados y soy el asesino y
el amante, el ladrón y el que dona sin esperar ya nada-
Soy el desesperado que desea no desear ya más
que la desidia – el odiador del verbo y de la música-
de los paisajes que remedan espejos
lanzados como sombras al abismo de un corazón
ya muerto: soy el amanecido
y el que ignora los ciegos soles de toda aurora ausente.
Soy Villon y soy Poe y soy una elegía interminable
que susurra los nombres nunca dichos y que caen con
ellos taciturno al fondo del averno. Ay, y tengo para mí
que soy yo mismo Lucifer y Gabriel en duelo extraño.
Así afirmo que tengo para para mí que las doloras de Vallejo fueron
escritas por mis lágrimas y que debo quedarme – aquí me quedo,
solo, temblando, como un ave sin nido en seca rama.
Soy el lascivo y el asceta que se desangra a solas
sin hermanos o respuestas que me confirmen en aserto
– digo que tengo para mí que soy yo mismo- y el otro- el otro-
el otro Oscar que sabe lo que calla y llora a solas-
a solas canta y el desierto mundo que se acrece aquí – como
un buque fantasma en las tinieblas sigue su rumbo
sin otro puerto que vigilia eterna: este soy yo que para
mí lo tengo. Ave de un paraíso extraño, veneno de una cobra
en celo que paraliza y mata, yo soy esto. Y aquí me quedo.
Ya sin lugar ni mundo pues los dejo a la sombra que jamás
da conmigo en el cuadrante y al otro, al otro Oscar, al que yo
espero muriéndome de frío en el averno: que extraña certidumbre
ésta que tengo y pues paro ahora mismo – el tener para mí
que yo soy este – y el otro – y los otros y los otoños lánguidos,
o las ciudades despobladas y un lejano recuerdo
que me habita: un abra y un caballo a solas y el daimón
invisible que extravía a las almas más sencillas y nobles –
la porfía y la lucha contra el viento – tengo yo para mí
que ahí nacieron.
OSCAR PORTELA
En Tengo Para Mí
e te fabula narratur
Søren Kierkegaard
por Alejandro Drewes
Poema donde el poeta Oscar Portela se retrata por entero: el poeta entregado hasta el fondo a la celebración de la juventud y las pompas de jabón de Machado, asume la decadencia y el viento de la carne que muere por una lluvia de instantes y le opone el dios danzante de Nietzsche.
Así va recorriendo la memoria y la sombra de los grandes poetas amados que lo precedieron y renueva en cada uno su propia voz.
Una voz con algo inasible de profecía como se nos da siempre la voz de los poetas mayores y por tanto no escuchados e ignorados en su tiempo.
Voz en la voz de Vallejo, piedra negra sobre piedras blancas desde Corrientes a un lejano Paris diluido en el aguacero de los años.
Soy Villon y soy Poe y soy una elegía interminable
que susurra los nombres nunca dichos y que caen con
ellos taciturno al fondo del averno. Ay, y tengo para mí
que soy yo mismo Lucifer y Gabriel en duelo extraño.
Así el canto se eleva sin otra razón que la celebración de sí mismo en el juego de abalorios de la propia vida que es la vida de uno y la de todos. Como Whitman – a mí mismo me celebro y me canto – y su contracara en los negros himnos del cuervo de Poe- la máscara de la risa del bufón del rey de la baraja y su reverso en la tragedia.
Y tengo para mí la sombra del suicidio,
la ajusticiada sombra de la lumbre –
el danzarín desesperado – el bufón hecho tea-
todo lo tengo para mí, pues yo soy ese y el otro,
Del mundo con la soga al cuello lapidando al outsider de Villón y Genet a Portela. Poeta y escritura en marginalidad conmovedora y absoluta.
Palabras de agua desgastando un muro cerrado incansablemente.
Versos con lejanos ecos de los versos iniciales de Faulkner – A green bough –
Oscar Portela como el espejo de aquel otro ladrón y asesino es condena del ojo implacable de la luna y vida sin otra paz en esta tierra.
Uno, el otro, el mismo. Errante en el laberinto del tiempo y sombra que a veces se busca en los espejos.
Un verdadero himno en el que hay mucho de lo mejor de la voz de Oscar Portela. Texto que emociona leer y que personalmente guardo entre lo mejor de los archivos de la memoria.
Alejandro Drewes
Buenos Aires ( Arg)
Que dificil atreverse a amar, tengo la grata sorpresa de que tengas el mismo nombre Lorena Ventura
Tu poema no se llamaba Bach para sentirse bueno? lo tengo y me gusta desde la primera vez que lo escuché en la Universidad Veracruzana, cuando Pacheco hizo aquella carta que te leyeron frente a tus padres en Xalapa. Una belleza, sin duda.