Presentamos un texto del poeta, narrador y ensayista colombiano José Luis Díaz Granados a propósito del poeta surrealista francés Paul Eluard (1895-1952), cuyo nombre verdadero fue Eugene Grindel. Escribió el poemario clásico “Capital del dolor” y de distinguió por su militancia socialista. Pensaba que “Los poetas saben que la victoria es posible, que la Paz es la única consigna, el único enunciado verdadero, el único porvenir posible”

 

 

 

PAUL ELUARD, POETA Y PROFETA DE LA PAZ

 

 

“Somos los hombres de hoy, llevamos el peso de hoy, pero todo eso no nos basta. Honor a todo lo que deviene. Estamos en pleno crecimiento. La luz de la noche ha concebido la mañana”.

Las anteriores son palabras de un poeta cardinal de nuestro tiempo: Paul Eluard, figura mayor del movimiento surrealista, de las letras francesas y del socialismo universal.

Eugene Grindel —que tal era su verdadero nombre—, había nacido en Saint-Denis, a 8 kilómetros de París, el 14 de diciembre de 1895, hijo de un funcionario y de una modista. Muy joven padeció una grave afección pulmonar que lo obligó a aislarse en varias ocasiones en el Sanatorio de Clavadel, en la montaña suiza de Davos. Allí, Eluard se entrega a la lectura de los clásicos y conoce a Gala, el gran amor de su juventud, con quien contraerá matrimonio en 1916 (y quien muchos años después se casaría con Salvador Dalí).

Influencias aparentemente contradictorias desembocan en la poesía de Paul Eluard. Frente al feísmo maldito y perverso de Baudelaire, Lautreaumont y Novalis, saluda el optimismo, el progresismo y la buena salud de Walt Withman. Como un puente entre las dos tendencias, solitario e ilimitado refulge el vidente Arthur Rimbaud.

En la década trágica de la Primera Guerra Mundial, plena de expresiones nuevas y renovaciones del lenguaje, Eluard traba amistad con Picasso y Apollinaire. Adhiere al movimiento Dadá, antecedente vanguardista del Surrealismo fundado por Tristán Tzará en Zurich, Suiza, unos meses después de haber jugado ajedrez con un emigrado ruso llamado Vladimir Ilich Ulianov.

El movimiento Dadaísta creado al azar como negación de todo, pues nada significa, fue el diluvio, después del cual, en opinión de André Gide “todo recomienza”.

Un buen día de 1924 Eluard huyó de Gala y de sus amigos y sin que mediara razón alguna —tal vez imitando la evasión liberadora hacia la creatividad de Paul Gauguin—, zarpó hacia Singapur, pasando por las Antillas, Panamá, Tahití, las Islas Cook, Nueva Zelanda, Australia, las Islas Célebes, Java, Sumatra, Indochina y Ceylán. Siete meses más tarde, Gala —deidad destinada a capotear y a inspirar genios—, lo rescató de ese “viaje idiota”, del alcoholismo y lo obligó a escribir y a retornar a París:

“Adiós tristeza / buenos días tristeza / estás inscrita en las líneas del cielo raso / estás inscrita en los ojos que amo…”.

Fundado el surrealismo con André Bretón, Benjamín Péret, Robert Desnos, René Char, Georges Ribbemont-Desaignés, René Clevel y otros poetas, con el fin de racionalizar lo irracional, Eluard, en compañia de Louis Aragón decidió poco tiempo después inspirarse en la dialéctica hegeliana “cuya resolución histórica sólo se ve posible en el marxismo”.

En 1936 se casa con Nusch, así sencillamente con ese nombre, musa y modelo de Picasso y compañera feliz del poeta durante 10 años. Vivió Eluard intensamente los días ardorosos de la Guerra Civil Española y sufrió más tarde los tormentos y persecuciones durante la resistencia en Francia hasta la finalización de la Segunda Guerra Mundial en 1945.

Al decir de Marcelo Ravoni, durante todos estos años que van de Capital del dolor hasta el comienzo de la guerra, Eluard está construyendo la más extraordinaria, la más revolucionaria y resplandeciente poesía del amor. “El hecho, agrega, es que vive su drama y el drama de todos en medio de las alegrías, las penas y las revelaciones del amor”.

Son épocas de gran fertilidad literaria en las que el poeta combatiente escribe textos como Los ojos fértiles,Canción completaMediadorasEl libro abiertoLa última noche y  Poesía y verdad, donde está contenido su famoso poema “Liberté”.

Terminada la guerra, los millares de escolares franceses al comenzar sus clases leían en voz alta estrofas estampadas en sus cuadernos en donde se cantaba la patria recuperada:

“En mi cuaderno escolar / en mi pupitre y los árboles / en la arena y en la nieve / escribo tu nombre. / En las páginas leídas / en las páginas en blanco / sangre, papel o ceniza / escribo tu nombre. / En la salud recobrada / en el peligro alejado / en la esperanza sin sombras / escribo tu nombre. / Y gracias a una palabra / vuelvo de nuevo a vivir / nací para conocerte / para nombrarte / Libertad”.

Durante un viaje a México para asistir al Congreso de Partidarios de la Paz , junto a Neruda, conoció a Dominique, su amor definitivo. Aún joven, a los 57 años de edad, víctima de angina de pecho, murió en París no sin antes abogar por la bella y controvertida causa de la paz:

“Los poetas saben que la victoria es posible, que la Paz es la única consigna, el único enunciado verdadero, el único porvenir posible. Por esta realidad combatimos. Hoy no puede haber para nosotros circunstancias que no se vinculen con ella. Entre las conquistas de Michurin y las conquistas de la bomba atómica, hemos elegido. Ni los pájaros, ni nuestro corazón dejarán nunca de cantar”.