Presentamos dos textos paradigmáticos del poeta peruano José Watanabe Trujillo (1946-2007), “La mantis religiosa” y “Nuestra reina”. Su primer poemario fue Álbum de familia en 1971 por el que recibió el Premio Poeta Joven del Perú. También publicó El huso de la palabra (1989) e Historia natural (1994). Su último poemario fue Banderas detrás de la niebla (2006).

 

 

 

La mantis religiosa

 

Mi mirada cansada retrocedió desde el bosque azulado por el sol
hasta la mantis religiosa que permanecía inmóvil a 50 cm. de
mis ojos.
Yo estaba tendido sobre las piedras calientes de la orilla del
Chanchamayo
y ella seguía allí, inclinada, las manos contritas,
confiando excesivamente en su imitación de ramita o palito seco.

Quise atraparla, demostrarle que un ojo siempre nos descubre,
pero se desintegró entre mis dedos como una fina y quebradiza
cáscara.

Una enciclopedia casual me explica ahora que yo había destruido
a un macho
vacío.
La enciclopedia refiere sin asombro que la historia fue así:
el macho, en su pequeña piedra, cantando y meneándose, llamando
hembra
y la hembra ya estaba aparecida a su lado,
acaso demasiado presta
Y dispuesta.

Duradero es el coito de las mantis.
En el beso
ella desliza una larga lengua tubular hasta el estómago de él
y por la lengua le gotea una saliva cáustica, un ácido,
que va licuándole los órganos
y el tejido del más distante vericueto interno, mientras le hace gozo,
y mientras le hace gozo la lengua lo absorbe, repasando
la extrema gota de sustancia del pie o del seso, y el macho
se continúa así de la suprema esquizofrenia de la cópula
a la muerte.
Y ya viéndolo cáscara, ella vuela, su lengua otra vez lengüita.

Las enciclopedias no conjeturan. Ésta tampoco supone qué última palabra
queda fijada para siempre en la boca abierta y muerta
del macho.
Nosotros no debemos negar la posibilidad de una palabra
de agradecimiento.

 

 

 

 

Nuestra reina

 

Blanco tu uniforme y qué rosada

tu piel.

Entonces tus vísceras deben ser azules, doctora.

                             Eres nuestra reina.

Los enfermos estiramos las manos atribuladas

hacia ti, en triste cortejo.

Queremos tocarte cuando cruzas los pasillos,

altiva,

docta, saludable, oh sí, saludable,

con tus vísceras azules.

 

Imaginamos a los doctores a salvo de nuestros males,

pero si el conocimiento no te exime

y también te mueres, serías una bella

muerta. Tienes

nariz alta, boca

que cierra bien, que se sella,

párpados tersos, largo cuerpo para ser tendido

                           voluptuoso

sobre una mesa de hierba.

También así serías nuestra reina

y seguiríamos estirando las manos

                        ya tranquilas y con flores

hacia ti, nuestra última señal de gozo.