Harkaitz Cano

En el marco de “Euskal poetak:  poetas jóvenes del País Vasco” preparado por los poetas Hasier Larretxea e Izaskun Gracia Quintana, presentamos la poesía de Harkaitz Cano (Lasarte-Oria, Guipúzcoa, 4 agosto 1975). Sus publicaciones más recientes son el poemario Compro oro y la novela Twist. Sus libros han sido traducidos a siete idiomas. Ha traducido al euskera a autores como Hanif Kureishi y Allen Ginsberg.

 

 

 

 

 

Más plegarias atendidas

 

Dios ayuda a los inconscientes.

 

Lamentablemente, ellos no se enteran.

 

 

 

 

Otoitzen onurak

 

Jainkoak inkontzienteei laguntzen die.

 

Tamalez, haiek ez dira enteratzen.

 

 

 

 

(Argitaragabea)

 

 

 

 

Dejar la fiesta

 

Haz cuanto puedas por no salir en las fotos.

Si no hay otro remedio, ponte en la última fila.

Si no hay más remedio, intenta que el fotógrafo

te saque siempre más viejo de lo que eres realmente.

 

Que sepas que tus fotos de la caja de galletas

serán siempre tesoros para otros, no para ti.

 

Observa el anzuelo, observa el ojo: ambos son la misma cosa.

Observa el reguero de sangre:

tu ojo ha de ser un día carnaza

–tus intestinos, lazo de caza–.

 

Observa, no lo olvides: ser feliz es la mejor venganza.

 

Encárate al perro negro de la depresión, a sus ojos negros:

“Entérate, perro viejo, son más oscuros mis perrunos ojos”.

Sigue acariciándonos la mano al despedirte, te lo ruego,

a mujeres que jamás querremos compartir tu lecho.

 

No renuncies a las fiestas solamente porque estás disgustado con la anfitriona.

 

Observa, no lo olvides; sé generoso con ésta:

nunca seas el último en abandonar la fiesta.

 

(Inédito)

 

 

 

Festa utzi

 

Eginahalak egin: ez atera erretratuetan.

Beste erremediorik ez balego, jarri atzeneko ilaran.

Beste erremediorik ez balego: haizena baino zaharrago

atera hazala beti argazkilariak.

 

Beha horri: doan denbora ez duk doakoa

–dohakabea, agian–.

 

Jakin gaileta kutxatako heure argazkiak

besteentzako altxorrak direla beti; ez heuretzat.

 

Beha amuari, beha begiari: bi-biak dituk gauza bera.

 

Beha odol arrastoari:

heure begia dateke hurrengoan amuko

–heure heste-korapiloa damuko–.

 

Beha, ez ahaztu: zoriona duk mendekurik onena.

 

Depresioaren zakur beltzari erran, begi beltzetara so:

“Enteratu hadi, perrua, beltzagoak dituk ene begi perruak”.

Eskua laztantzen jarraitu agurrekoan, otoi,

sekula heure oherik nahiko ez dugun emakumeoi.

 

Ez festari uko egin jai-ugazabarekin muzindu haizelako soilik.

 

Beha, ez ahaztu. Izan eskuzabal:

ez hadila festa uzten azkena izan.

 

(Argitaragabea)

 

 

 

 

Compro oro

 

Son como mineros, pero al revés:

trabajan a la luz del día y esperan

a que nosotros, con luces frontales, pico y pala,

extraigamos el mineral

de nuestros joyeros supuestos.

 

En cada calle de cada gran ciudad, compran oro.

Se ve que les urge, que la necesitan:

los letreros son amarillos y negros, llamativos

y sin florituras.

 

Pagan a gente para pregonarlo: compran oro.

 

Mineros reversibles vestidos de traje, indios justicieros de blanca tez,

quizá pretendan restituir a las minas lo que de ellas sacaron.

 

Consiguen que te sientas culpable: no puedes ayudarles.                           

 

(De: Compro oro, Huacanamo 2011)

 

 

 

 

Promisciudad

 

No es que te prometan la ciudad de tus sueños,

ni que no sepas con qué ciudad quedarte.

 

(No es, desde luego, Marina D´or).

 

Es más bien una ansiedad de posibilidades intactas

que han de seguir intactas para que sigan siendo posibles.

 

Es Cavafis trabajando de guía turístico,

mientras Céline lo niega todo con la cabeza.

 

Es acompasarte al paso de los escotes y perseguir al sol,

secar cáscaras de naranja sobre periódicos viejos

y abrir un libro como quien se zambulle a un meridiano menos plomizo.

 

Cambiar de acera con vocación de guardagujas.

 

Promisciudad es la perfusión musical, el gotero del iPod,

la arquitectura del parpadeo, llorar en aeropuertos,

un collage publicitario que solapas al camino enarcando una ceja.

 

Promisciudad es no saber dejar marchar y aprender a hacerlo.

 

Ser capaz de plegar la luz como si su fuese su factura,

acampar con ella en medio de un páramo desolado.

 

Saber que se celebran mil conciertos punk y dos Otelos ahí fuera

y que tú no asistirás a ninguno.

 

Quedarnos los dos en casa y despotricar contra los amigos.

 

Engañar a tus

zapatos nuevos

con otros muy viejos

que prometiste no volverte a calzar.

 

La luz y silbar, no pido más.

 

Promisciudad.

 

(De: Compro oro, Huacanamo 2011)

 

 

 

Datos vitales

Harkaitz Cano nació en Lasarte-Oria en 1975. Ha publicado, entre otros, el ensayo sobre cine, literatura y televisión Ojo y medio (2010), la ucronía El filo de la hierba (2007), las novelas Pasaia blues (2012) y Jazz y Alaska en la misma frase (2004),  así como la colección de relatos Neguko zirkua (2005), y el poemario Alguien anda en la escalera de incendios (2008). Ha trabajado además como guionista de audiovisuales y cómic, y traducido al euskera a autores como Hanif Kureishi y Allen Ginsberg. Sus publicaciones más recientes son el poemario Compro oro y la novela Twist. Sus libros han sido traducidos a siete idiomas.