El síndrome de Esquilo: Un viejo enigma inglés



En esta nueva entrega de El síndrome de Esquilo, la columna del narrador y periodista Vicente Alfonso (Torreón, 1977), presentamos una aproximación reflexiva acerca de las Variaciones Enigma del compositor inglés Sir Edward Elgar . La música es una de las obsesiones de Vicente Alfonso, cuya primera novela, Partitura para mujer, lo demuestra con sólido oficio.

 

 

 

 

 

 

 

UN VIEJO ENIGMA INGLÉS

por Vicente Alfonso

 

El misterio puede convertir cualquier cosa en un anzuelo irresistible. Tal como leemos las novelas policiacas para saber quién apretó el gatillo, la duda catapultó la obra más conocida de Sir Edward Elgar: Variaciones Sobre un Tema Original para Orquesta Op. 36, comúnmente conocida como Variaciones Enigma. La obra, compuesta alrededor de 1899, consta de un tema, catorce variaciones, y un poderoso rompecabezas que durante más de un siglo ha mantenido ocupados a los investigadores y críticos.

Estrenadas en Londres durante el mismo año en que fueron compuestas, las catorce piezas tienen que ver muy poco musicalmente con el tema que se presenta en el arranque. Para apuntalar aún más el aire de misterio, Elgar escribió una nota que fue incluida en el programa de mano que se repartió la noche del estreno: “No explicaré el enigma. Su oscuro decir debe permanecer inimaginado… les advierto que la aparente conexión entre las Variaciones y el tema a menudo es de la textura más sutil; además, a través y por encima de todo el conjunto va otro tema más grande, pero no se ejecuta… De manera que el tema principal nunca aparece…”.

Considerado como un autor menor antes de la aparición de este trabajo, Las Variaciones Enigma significaron para el compositor inglés una catapulta hacia el reconocimiento y la notoriedad. Así, la obra se convirtió pronto en un desafío para los entendidos, y desde entonces han sido cientos de personas quienes han aventurado todo tipo de hipótesis acerca del fantasmal tema que está-pero-no-está en la composición. Entre ellos hay quienes proponen que Elgar definía como tema lo que en realidad era sólo una idea.

De acuerdo con historias que han llegado rodando hasta nuestros días, se dice que el maestro ideó estas variaciones un día que llegó a casa después de dar lecciones de violín. Exhausto, se puso a juguetear al piano. Alicia, su mujer, hizo algún comentario favorable acerca de las notas que el inglés tocaba. Éste, divertido, volvió a tocar el tema, pero a la manera en que -según él- lo haría cada uno de sus amigos. Esta explicación se apoya en la dedicatoria: (“A mis amigos retratados en ella”) y en que las catorce variaciones están nombradas con iniciales que corresponden con los amigos de Sir Edward (por ejemplo C.A.E, R.P.A). De este modo, serían una especie de “retratos audibles” de quienes estaban cerca del creador inglés: su mujer, algunos alumnos, un organista, un violonchelista aficionado, un amor platónico y hasta un perro. Así, el factor común en toda la obra sería la amistad.

Sin embargo, el misterio no ha sido resuelto satisfactoriamente. A pesar de que las variaciones son bocetos sonoros de los amigos, hay quienes sostienen que sí existe el huidizo tema, del que el compositor reveló la clave sólo a tres personas. Sin embargo, ninguna de éstas quiso compartirlo. Otros, más sistemáticos, trataron de armar contrapuntos que revelaran algún parentesco entre el tema y melodías de Wagner, Mozart, Bach, Chopin. Se han planteado parentescos entre el tempo de “Nimrod” (la más famosa de las variaciones) y algunos pasajes lentos de Beethoveen. Tras todos estos ejercicios se han obtenido algunas coincidencias, pero nadie parece hablar de conclusiones definitivas. No han faltado especialistas que sugieren una explicación más retorcida: que el tema escondido no existe, y Elgar sostuvo siempre su existencia sólo para burlarse de la posteridad.

De acuerdo con la partitura distribuida por Dover, la instrumentación consiste en dos flautas, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, cuatro cornos, tres trombones, una tuba, una tarola, un triángulo, un bombo y platillos, un órgano, dos violines, viola, y un número no especificado de violonchelos y contrabajos. Es posible encontrar, con relativa facilidad, muchas versiones grabadas. Sea en versiones muy recientes o en la primera y rudimentaria versión que se registró en disco, escuchar y descifrar estas piezas sigue siendo uno de los grandes desafíos que plantea la historia de la música.

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