Kim Addonizio: tres poemas



Presentamos tres textos de la poeta norteamericana Kim Addonizio (Washington, D.C., 1954). Fue finalista del National Book Award por su poemario Tell Me y ha obtenido, entre otros, la beca Guggenheim Foundation y el premio Pushcart Prize. Aunque poco conocida en México y latinoamérica, la poesía de Addonizio es reconocida por su punzante sinceridad y su afilado humor. La traducción corre a cargo de David Ruano González (Ciudad de México, 1991).

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Por ti

 

Por ti, me desnudo hasta la corteza de los nervios.

Me quito la joyería y la pongo en la mesa de noche,

me desencajo las costillas, expando mis pulmones por toda la silla.

Me disuelvo como un medicamento en agua, en vino.

Me derramo sin dejar mancha, y me marcho sin agitar el aire.

Lo hago por amor. Por amor, yo desaparezco.

Lucifer at the Starlite

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Tú no sabes lo que es el amor

 

pero sabes cómo surge en mí

como una chica muerta que brota de un río. Cómo

le limpias el lodo, el hedor de nuestro pasado.

Cómo empezar limpiamente. Este Amor incluso se sienta

y parpadea; sorprendida, da unos cuántos pasos tambaleantes.

Algún día de estos ella tratará de comer alimentos sólidos. Querrá

subirse a un auto veloz, uno pegado al suelo, y va a conducir

hacia una casa mierdera en el desierto

donde pueda beber y enfermarse y entonces

bailar en calzones solamente. Sabes

a dónde se dirige, sabes que se despertará

con un dolor que no puede localizar y no tendrá dinero

pero sí una terrible sed. Así que al diablo

con tus manos cálidas deslizándose por dentro de mi blusa

y tu lengua bajando por mi garganta

como un tubo de oxígeno. Cúbreme

con plástico negro. Deja que entren los deudos.

 What is this thing called love

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Eras un pueblo con un solo teléfono de monedas que alguien más estaba usando.

Eras un cajero automático temporalmente sin efectivo disponible.

Eras un link obsoleto cuyo servidor estaba caído.

Eras invisible a simple vista.

Eras las dos partículas de insecto por millón permitidas en la mantequilla de maní.

Eras un lavado de autos que me dejó igual de sucia que cuando llegué a él.

Eras veinte sacos de arroz pudriéndose en un avión de carga estacionado en el la pista de aterrizaje de un país acribillado por la sequía.

Eras una vacante abierta para doscientos aspirantes y pagaste el salario mínimo.

Estabas agradecido con mi solicitud pero simplemente nunca la requeriste.

No eras un Proveedor Preferente.

No eras de los que dan rembolsos.

No estabas abierto a comentarios.

Tu tumba no estaba inscrita así que deambule por el cementerio por horas, a veces por el pasto, a veces por las piedras desmoronadas.

 Lucifer at the Starlite

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For You

 

For you I undress down to the sheaths of my nerves.

I remove my jewelry and set it on the nightstand,

I unhook my ribs, spread my lungs flat on a chair.

I dissolve like a remedy in water, in wine.

I spill without staining, and leave without stirring the air.

I do it for love. For love, I disappear.

Lucifer at the Starlite

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You Don’t Know What Love Is

 

but you know how to raise it in me

like a dead girl winched up from a river. How to

wash off the sludge, the stench of our past.

How to start clean. This love even sits up

and blinks; amazed, she takes a few shaky steps.

Any day now she’ll try to eat solid food. She’ll want

to get into a fast car, one low to the ground, and drive

to some cinderblock shithole in the desert

where she can drink and get sick and then

dance in nothing but her underwear. You know

where she’s headed, you know she’ll wake up

with an ache she can’t locate and no money

and a terrible thirst. So to hell

with your warm hands sliding inside my shirt

and your tongue down my throat

like an oxygen tube. Cover me

in black plastic. Let the mourners through.

What is this thing called love

 

 

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You

 

You were a town with one pay phone and someone else was using it.

You were an ATM temporarily unable to dispense cash.

You were an outdated link and the server was down.

You were invisible to the naked eye.

You were the two insect parts per million allowed in peanut butter.

You were a car wash that left me as dirty as when I pulled in.

You were twenty rotting bags of rice in the hold of a cargo plane sitting on the runway in a drought-riddled country.

You were one job opening for two hundred applicants and you paid minimum wage.

You were grateful for my submission but you just couldn’t use it.

You weren’t a Preferred Provider.

You weren’t giving any refunds.

You weren’t available for comment.

Your grave wasn’t marked so I wandered the cemetery for hours, part of the grass, part of the crumbling stones.

Lucifer at the Starlite