Una conversación con Mayra Santos-Febres



El poeta y traductor César Bringas conversa con la poeta, narradora y ensayista puertorriqueña Mayra Santos-Febres (1966). Es una de las voces literarias más interesantes en el ámbito latinoamericano y caribeño actual. Es catedrática de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Puerto Rico. En 2005 publicó el poemario Boat People.

 

 

 

 

 

ENTREVISTA A MAYRA SANTOS-FEBRES

 

La poeta, ensayista y narradora Mayra Santos-Febres (Puerto Rico, 1966) es una de las voces literarias más interesantes en el ámbito latinoamericano y caribeño actual. Ha publicado los poemarios Anamú y manigua (1990. Uno de los diez mejores del año, según la crítica puertorriqueña), El orden escapado (1991. Primer premio para poesía de la revista Tríptico, en Puerto Rico), Tercer Mundo (2000) y Boat People (2005). Igualmente, los libros de relatos Pez de vidrio (1995. Premio Letras de Oro, USA) y El cuerpo correcto (1998. Uno de sus relatos, Oso blanco, obtuvo el Premio Juan Rulfo). Así como las novelas Sirena Selena vestida de pena (2000. Finalista del Premio Rómulo Gallegos de Novela 2001), Cualquier miércoles soy tuya (2002), Nuestra señora de la noche (2006. Finalista del Premio Primavera) y Fe en disfraz (2009). Además de la recopilación de ensayos Sobre piel y papel (2005).

Santos-Febres tiene un doctorado en Artes y Letras de la Universidad de Cornell (New York), es catedrática de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Puerto Rico, y ha dictado clases como profesora visitante en Harvard y Cornell. Y desde 1984, en los albores de su carrera literaria, publicó poemas en revistas y periódicos varios por distintas partes de América Latina.

Hace pocos años, la novelista boricua fundó y organizó el Festival de la Palabra, en Puerto Rico. Gracias a esta iniciativa la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) la distinguió en 2010 con una medalla. Ese mismo año la escritora fue seleccionada como una de las iberoamericanas más influyentes por el periódico español El País. Asimismo, ha sido merecedora de una beca Guggenheim.

 

 

 

Me gustaría comenzar hablando sobre tu vida ¿cómo fue tu infancia?

Mi infancia fue como todas las infancias, triste y feliz. En casa no había mucho, pero sí lo suficiente. Tennía un hermano que murió a las 36 años de una sobredosis de drogas. Nunca fue un chico muy adaptado. Tenía rabia. Mi padre y mi madre no se llevaban bien, pero mi madre era una cómplice perfecta para mil aventuras y curiosidades. La pasé bien, la pasé mal. Esa infancia me llevó a la escritura.

 

¿De dónde son tus padres? Mis padres son de Carolina, Puerto rico. Ambos negros, ambos profesionales. Mi padre fue maestro de historia, jugador de béisbol AA y director de deportes de la Municipalidad de Carolina. Mi madre fue maestra de español y administradora de escuelas, líder comunal. Gran mujer.

 

¿Cómo se conocieron?

Ni idea.  La leyenda dice que sostuvieron un noviazgo de toda la vida y que se conocieron en la escuela. De ahí, ambos fueron a universidad y cuando tuvieron trabajo, se casaron.

 

Cuando saliste por primera vez de la isla ¿qué fue lo que más te sorprendió?

Salí joven de la Isla a viajar a los lugares a los que siempre viajan los boricuas. Disney World, casa de Tía en Asbury Park, New Jersey, New York. Lo hice desde muy pequeña, así que no recuerdo la sorpresa.Los boricuas viajamos mucho al norte. Acá la pobreza viene con frequent flyer miles.

 

¿Cuándo dejaste la casa familiar?

A los 19 años. Me fui en un viaje de intercambio a Londres y no volví a vivir a casa de mis padres. Me mudé sola al viejo San Juan.

 

¿Cómo comenzaste a escribir, cuál fue el origen de tu trabajo?

Escribo desde que tengo memoria. Desde los 5 años. Poemas. La cosa fue evolucionando hasta que a los 19 años publiqué mi primer poemario “El orden escapado”. Ganó un cocnurso de poesía local. Lo demás vino casi automáticamente. Más libros, más premios. Así se ha forjado una carrera literaria sin yo casi notarlo.

 

¿Quiénes son tus mayores influencias literarias y extraliterarias?

No sé cómo contestar a esta pregunta. Siempre me la hacen y miento. Digo nombres. Pero, la verdad, no sé. Leo como un animal y todo eso que leo va formando un sustrato en el cual se cuece lo que escribo, bien sea poesía o narrativa o ensayo. Puedo decir sí, qué autores me han marcado y a los que siempre regreso. En poesía: Vallejo, José Watanabe, Emily Dickinson, Julia de Burgos, Virgilio Piñera, Rimbaud. En narrativa; Virginia Woolf, Thomas Mann, Borges. Leo a muchos contemporáneos y de ellos aprendo casi más que de los clásicos. La lectura para mí es comida, pero tengo que admitir que no es un recollection in tranquility ni escribo como una manera de conversar con la tradición. El proceso es más dinámico y menos lineal, más reticular. Un día deberé reflexionar con calma acerca de ello.

 

¿Qué tanta importancia le das al ritmo en un poema?

Poema es ritmo encantatorio . Para mí escribir es meditar con palabras. El ritmo es todo. La respiración misma del texto.

 

¿Consideras que en la poesía aún juegan un papel importante la oralidad y el ritmo? Definitivamente que sí. Debe ser porque soy caribeña. La poesía conceptual acá la practican algunos, pero no llega, no pega. La poesía que juega con el ritmo y la oralidad está viva. A las lecturas poéticas asisten cientos de personas. Además, son pan nuestro de cada día.

 

¿Qué poetas leías más antes y cuáles lees más ahora?

Uff. Te hago lista

ANTES:

Pablo Neruda

Octavio paz

Julia de Burgos (PR)

Catulo

Kavafis

Manuel Ramos Otero (PR)

Alfonsina Storni

Humberto Meggett

Pedro Pietri y otros poetas Nuyorrican (Puertorriqueños de E.U)

Angelamaría Dávila (PR)

 

AHORA:

Julia de Burgos (siempre Julia de Burgos)

Emily Dickinson

Octavio Paz (siempre Octavio Paz)

José Watanabe

Basho

Paulo Leminsky (Brasil)

Thomas Trastromer

Willie Perdomo

 

¿Cómo ves el panorama de la poesía joven en Puerto Rico?

Creo que la literatura y sobretodo la poesía joven en Puerto Rico están en plena ebullición.  Hay muchos poetas jóvenes que me entusiasman grandemente, como por ejemplo Kattia Chico, Alejandro Alvarez, José Humberto Cáez, Xavier Valcárcel, Amarilis Tavarez. Muchos, en serio. La poesía se ha liberado del dictum de decir, de nombrar la puertorriqueñidad, de defenderla. Sabes que somos colonia de EU y esta tarea nos tomó mucho tiempo. Ya la puertorriqueñidad está asumida, como contradicción, como “lo que es y sobrevive no matter what”. Por ende, las exploraciones de otros temas fortalecen el quehacer poético.

 

¿Qué papel juega la revisión en tu método de escritura?

Soy una revisionista obsecada. Reviso, releo, redito, reescribo hasta el delirio. Nunca publico lo primero que sale. Yo no sé cómo les sale a otros la poesía. La mía necesita un largo proceso de maduración y de engranaje lingüístico. Debo dejar reposar la emoción para luego cuadrar ritmo, imágenes, registros. Me toma más tiempo escribir un buen poema que terminar el manuscrito de una novela de 500 páginas.

 

El asunto del disfraz es algo muy presente en tu obra narrativa (Sirena Selena, Nuestra Señora de la Noche o Fe en disfraz) ¿crees que el hecho de poner una máscara en realidad revela la verdad sobre un personaje o su situación?

 Esa no es la intención detrás de la metáfora del disfraz en estas obras que mencionas. La cosa es complicada. Lo que sucede es que, en una cultura carnavalesca tal como es la caribeña, el disfraz sirve para decir muchas cosas a través de lenguajes no verbales, lenguajes performáticos. Dice “parodia”, dice “supervivencia”, dice “intimidación”, dice “refractar el deseo del otro”. Inclusive, la manera en que en el Caribe nos disfrazamos de lo “exótico” revela prácticas de disfraz. Eso se matiza también con otras prácticas religiosas- la de las mascaradas de egun, de muertos o ancestros, prácticas religiosas que fracturan el tiempo cotidiano y lo convierten en tiempo ritual. El disfraz en estas obras es un intento de introducir el lenguaje caribeño de lo carnavalesco en el espacio de la novela. Uso el espacio narrativo como un teatro. No juego con la verdad ni con la mentira, porque el pensamiento caribeño muchas veces interrumpe ese binario, esa oposición. La verdad de lo que otra gente piensa como Caribe, es, en realidad, una mentira, un constructo y viceversa.

 

¿Cuál fue el origen del Festival de la Palabra?

El Festival de la Palabra responde a la necesidad de insertar a Puerto Rico en el dialogo literario internacional. Quisimos transforamar la isla en un punto de encuentro literario. Lo estamos logrando, ¿no crees?

 

 

Por supuesto que sí, es un evento al que me encantaría acudir algún día.

Rosa Montero tenía un juego con varios escritores; les daba a elegir entre poder leer lo que quisieran por muchos años sin escribir una sola palabra, o continuar escribiendo sin leer a nadie más que a ellos mismos ¿qué elegirías tú?

Definitivamente escogería leer por muchos años sin escribir una palabra.

 

Alguna vez le preguntaron a Ginsberg por qué escribía de la manera en que lo hacía, a lo que él respondió “porque puedo” ¿Hay mucho más que decir sobre la manera en que los poetas escriben?

No.

 

Muchísimas gracias por contestar, Mayra.