Estudios de Poesía Mexicana 001: Miguel León-Portilla



Estudios de Poesía Mexicana 001: Miguel León-Portilla

Presentamos, a modo de seminario permanente de pensamiento poético mexicano, estos Estudios para dilucidar sobre la Poesía Mexicana de todas las épocas, con especial énfasis en la poesía actual. La primera entrega, como no podría ser de otro modo, la dedicamos al Diálogo de la flor y el canto de don Miguel León-Portilla, texto incluido en Sólo una vez aquí en la tierra | 52 poetas del mundo, recientemente editado por Valparaíso México y disponible en todas las librerías del país. Este breve texto, seguido por un fragmento de Respuesta de Ayocuan, nos conducen al diálogo con la Poesía Mexicana de todos los tiempos:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El diálogo de la flor y el canto

 

Hemos mencionado, al hablar de los xochicuícatl, que en ocasiones se reunían los sabios y poetas para darse a conocer sus creaciones y para dialogar sobre ellas. Por fortuna, el manuscrito de la Biblioteca Nacional de México nos conserva el testimonio de una de esas reuniones de poetas que tuvo precisamente como propósito esclarecer el más hondo sentido de la poesía. El diálogo tuvo lugar hacia 1490. Varios maestros de la palabra, venidos de diversos lugares, se reunieron en la casa del señor Tecayehuatzin, príncipe de Huexotzinco. Los invitados se acomodan en esteras bajo la sombra de frondosos ahuehuetes en algún huerto cercano al palacio de su huésped Tecayehuatzin.

Como es costumbre, antes de dar principio al diálogo, los criados distribuyen el tabaco y las jícaras de espumoso chocolate. El diálogo, conservado en idioma náhuatl en el viejo manuscrito, se inicia con una salutación del señor Tecayehuatzin. Expresa éste su deseo de conocer cuál puede ser el significado más hondo de flor y canto: poesía, arte y símbolo. ¿Cuál es, se pregunta, el origen de las flores y los cantos? ¿Es posible decir en la tierra palabras verdaderas? ¿O es destino del hombre emprender búsquedas sin fin, pensar que alguna vez ha encontrado lo que anhela y al fin tener que marcharse, dejando aquí sólo el recuerdo de sus cantos?

Las preguntas de Tecayehuatzin reciben muy distintas respuestas: una a una, los varios invitados las van formulando. Entre otras cosas, los participantes afirman que flor y canto, poesía, arte y símbolo, son un don de los dioses, son acaso posible recuerdo del hombre en la tierra, quizás camino para encontrar a la divinidad. Para otros, flor y canto es, al igual que los hongos alucinantes, el mejor medio de embriagar a los corazones y olvidar tristezas. Otras opiniones expresadas insisten en ideas como éstas: se recogen las flores para techar con ellas la propia cabaña, es decir el hogar del hombre en la tierra; flor y canto puede ser camino para alcanzar la divinidad. Tecayehuatzin, el príncipe de Huexotzinco que convocó esta reunión, sigue creyendo que flor y canto es la única manera de decir palabras verdaderas en la tierra. Pero como tiene conciencia de que su punto de vista no es aceptado por todos, expresa una última idea que se gana simpatía universal: flor y canto, poesía y arte, es precisamente lo que hace posible la reunión de los amigos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ayocuan

 

 

Respuesta de Ayocuan.

El origen de «la flor y el canto».

Elogio de Tecayehuatzin y de la amistad.

 

Del interior del cielo vienen

las bellas flores, lo bellos cantos.

Los afea nuestro anhelo,

nuestra inventiva los echa a perder,

a no ser los del príncipe chichimeca Tecayehuatzin.

¡Con los de él, alegraos!

 

La amistad es lluvia de flores preciosas.

Blancas vedijas de plumas de garza,

se entrelazan con preciosas flores rojas:

en las ramas de los árboles,

bajo ellas andan y liban

los señores y los nobles.

 

Las flores y los cantos de los príncipes,

¿hablan acaso al Dador de la Vida?

 

Vuestro hermoso canto:

un dorado pájaro cascabel,

lo eleváis muy hermoso.

Estáis en un cercado de flores.

Sobre las ramas floridas cantáis.

¿Eres tú acaso un ave preciosa del Dador de la Vida?

¿Acaso tú al dios has hablado?

Habéis visto la aurora,

y os habéis puesto a cantar.

 

Anhelo de hallar flores y cantos.

 

Esfúercese, quiera las flores del escudo,

las flores del Dador de la Vida.

¿Qué podrá hacer mi corazón?

En vano hemos llegado,

en vano hemos brotado en la tierra.

 

«Flor y canto»: recuerdo del hombre en la tierra.

 

¿Sólo así he de irme

como las flores que perecieron?

¿Nada quedará en mi nombre?

¿Nada de mi fama aquí en la tierra?

¡Al menos flores, al menos cantos!

¿Qué podrá hacer mi corazón?

En vano hemos llegado,

en vano hemos brotado en la tierra.

 

Las «flores y cantos» perduran también

con el Dador de la Vida.

 

Gocemos, oh amigos,

haya abrazos aquí

Ahora andamos sobre la tierra florida.

Nadie hará terminar aquí

las flores y los cantos

ellos perduran en la casa del Dador de la Vida.

 

[…]

 

 

 

 

Nota: como valioso anexo a esta entrada, para comprender la visión poética que expresa, recomendamos nuestra anterior publicación: Sobre la poesía y la divinidad.

 

 

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