Poesía española joven: Marta Garcês



Presentamos algunos textos de Marta Garcês  (Barcelona, España, 1984). Sus poemas han aparecido en algunas antologías tales como ” Versos desde el corazón” (2015) o “La isla de las palabras perdidas” (2015) con algunos poemas. También colaboró en la revista online Repoelas. En enero del año 2015 publicó su primer poemario “Días de vinos y de espinas” (United pc).

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CORVA

 

Corva hacia el suelo la sonrisa,

cortejo de la máscara legañosa,

la locura y su ondulante fama

y yo, pesarosa,

me pongo la tarde a mi espalda.

 

Y espero el aire con ansiedad

tan sucia y desterrada,

¡Mala vida lleva! Qué banalidad,

recorrer con la mirada

los crujidos de mis pasos.

Y no saber si pienso, vivo o sueño,

y no querer cambiar

con cumplimientos de gloria abnegada,

a aquella que maldigo en el espejo.

 

Corva hacia el suelo mi espalda,

gritando a voz helada,

temblorosa y conocida,

que la compleja lejanía

que divide mi vida de mi cortejo

(el fúnebre, el feliz),

es el discurso recurrente

de toda melancólica y absurda como yo.

 

Corva hacia el cielo mi mano,

la derecha, con la que esfumo

en papeles los sueños,

con la que toco mi cara

y consumo un cigarro,

la mano nacida para conseguir

no pisar la hora mala,

la de la vencida risa,

la del amor anillada.

 

Y si además los juegos del amor son corvos,

los nombres inciertos,

y los estilos del saber estar

atentos y decorosos,

que mi alma permanezca inalterable

ya es un perfecto logro.

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EL HURTO INESPERADO DE MI LUCHA

 

El hurto inesperado de mi lucha,

frente al dolor,

poder pisar con la venganza

la providencia que me ofrecieron tus ojos.

 

Y la voluntad pasa en vilo,

y la esperanza se extingue.

 

Yo era confiada y libre,

en mi lado de la cama,

no me asustaban los fantasmas,

y tampoco reía los sueños,

rezaba entre tu cuerpo

y recorría cada poro de tu mirada.

 

Un día algo murió,

acodada frente a la infrecuencia de tus Te amo,

transcurría lento el tiempo,

y reía mis desgracias,

y las edades se hacían siglos.

 

En las cornisas de mi ventana,

los gritos se deshacían en el aire,

en silencio,

una dama mantiene las formas,

una dama responde entre sonrisas,

arrasa eternamente,

entre las estaciones que se suceden,

y estudia fielmente los movimientos

de los corazones dañados.

 

Una dama obedece entrecortadamente,

y mira con desdén la diferencia,

discreta,

errante,

llega rebosante a la noche y espera.

Pero el hurto inesperado

frente al dolor

se abre como un llanto

y se desangra por mi cuerpo.

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EL SONIDO DEL SILENCIO

 

Interrumpe el sonido del silencio

La señal acordada de los ojos.

Es la hora del amanecer,

Del castigo sin alimento,

Y de los mares sin peces.

Sentir la rabia encogida,

Deshecho que navega perdida,

Bambolea el cariño tan fino

Mientras dejo caer al suelo

Aquel vestido de lino,

Los ojos del buitre acechan,

Aprenden a oler de nuevo,

Mientras los silbidos resbalan

Por el azúcar de mis tobillos.

 

Espero la señal acordada de los brazos,

Aquellos que tiemblan,

Da igual abiertos o cerrados,

Tu presión los envenena.

 

La señal de la voz lo dice claro:

Los rostros mienten más que hablan.

 

Deduzco por el descenso de la temperatura,

Que los besos no tienen la misma calidez.

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LOS OJOS

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Los ojos que gritan y arrollan,

las manos que enlazan preguntas,

las voces que cultivan guerras

(y mentiras).

Una viuda negra mi boca,

ajustada en la justa injusticia

del amén de los pecados.

 

A lo lejos aquello a lo que llaman día,

tocando el alma con los despojos,

del espectáculo de mis labios

al pronunciar tu nombre,

escrito y borrado con cada latido.

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UNA MUJER DE PIERNAS ATADAS

 

Una mujer de piernas atadas

A las normas de los justos y necesarios.

Presa de los brotes que en las miradas

Desgarran la piedad impía del perdón.

Una sombra de noche impaciente,

Que no se ve reflejada

Y a la que nadie mira,

Acusadora, indiferente, cansada.

 

Una gota impura de lluvia,

Que busca más allá de tu cintura,

A veces lágrima,

A veces esputo.

Estéril de la felicidad dulce

Que todos persiguen.

Aparente mujer bien,

Protegida en sus paredes.

Acosada por los silencios amargos

De los muertos cerebrales que

Extraños me repiten:

“Esto no está bien”.

 

Sin hijos, sin deseos,

Sin planteamientos de existencia.

Egoísta y angustiada,

Que con las manos atrapa

Los esfuerzos de las moscas que

Se cuelan por la ventana en forma de luz.

 

Hermosa vieja de ojeras pronunciadas,

Noticia del día a día.

Cada cual con sus mierdas,

Y parando los hechos de las ruinas

En los rostros desmaquillados.

 

Derramando manchas rojas, por las piernas,

Expuestas al mercado de los fieles,

Los justos, los necesarios.

 

Escribe entre recuerdos y anhelos,

Empujando a los muertos a su fin

Con la sospecha de la vida

Atada a su espalda.

 

A veces imaginación, esperanza, vida

Hecha polvo (del polvo vienes,

A él volverás) y destierro.

 

Una mujer que huye,

A veces macho oprimido

Por dos pequeños pechos.

 

Unión desplazada por mi espalda,

Cuando tus manos se posan en ella.

Ya no tengo idioma, ni hogar,

Ni sé gritar, ni me golpeo

La edad de las preguntas

Con aplausos de estupefacientes.

 

Borrón y cuenta nueva,

Hasta que las flores renazcan

En su otoño,

En el miedo de perder

De su inocencia la cordura.

 

Yo, extiendo los dedos hacia tu cara,

Y mi cuerpo se exprime bajo los tuyos.

Las flechas de las gracias

Que proyectan los besos de la luna

Van a la par con el destino doblado

Que nos mece.

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MÁS ALLÁ DE LOS BAJOS DE LOS PIES

 

Más allá de los bajos de los pies

Se filtra el hilo de la madrugada.

Desplegando sus dramas viene la dama,

La cólera herida y la cara arrugada.

 

Un nido de dulzura exhala su alma,

Pese a que el tiempo en su cara

Halla en piedras la mirada,

Y se esconde cual niño bajo la cama.

 

Apaga la luz y no ve el cielo,

Más allá de la mezquindad: el miedo.

Se derrumban los párpados pesados,

Y los silencios sobreviven airados.

 

Las bestias jugosas de mi dolor,

Encierran mi paz con su candor,

Las grandes estrellas parecen roídas

Y se expanden al

olvido encendidas.

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SOTTO VOCE

 

Murmura el aliento del aire.

Una tenue lluvia expira

al enfrentarse a los cristales.

Las horas pasan lentamente,

cierro los ojos, alcanzando el ardor de mi codicia.

Silencio.

La lumbre arde con fuerza.

El recuerdo es un triste sueño.

Una cálida voz que

susurraba dulcemente en mi oído,

unos palpitantes labios

que con ansia besaban los míos;

tus manos, ahora espinas,

antes inquietantes pedazos de cielo

que trazaban senderos

por mi cuerpo.

Nubes de tormenta se acercan,

acallado mi dolor,

abiertas todas las heridas

y las frías lágrimas

enlutan mi yerto rostro.

Bajo el silencio de la noche,

aún me parece oír tus hondas palabras,

susurrándome, en voz baja,

mentiras que me harán sufrir

durante el resto de mi mortal vida.

Deslizando la noche,

a través de mis pupilas, de nuevo

en soledad, yo y mi recuerdo.

Se entreabre mi nostalgia,

Se marchita mi dicha.

 

Sotto voce, tú susurrabas, yo moría…

 

(Sotto Voce, poema extraído del libro Días de vinos y de espinas, 2015)

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Datos vitales

Marta Garcês  (Barcelona, España, 1984). Estudió la Diplomatura de Pedagogía en la Universidad de Barcelona (UB). En la actualidad es maestra de educación infantil y primaria. Participó en algunas antologías tales como ” Versos desde el corazón” (2015) o “La isla de las palabras perdidas” (2015) con algunos poemas. También colaboró en la revista online Repoelas. En enero del año 2015 salió a la venta su primer poemario “Días de vinos y de espinas” (United pc), pequeñas composiciones poéticas que surgen como grito a la emancipación interior y erótica. Actualmente participa en recitales en su ciudad se origen y tiene previsto el lanzamiento de un nuevo poemario para final de año, así como colaboraciones con poetas y compositores nacionales.