Poesía norteamericana: Carolyn Forché



Presentamos, en versión de Andrea Rivas, dos textos de la poeta y activista norteamericana Carolyn Forché (Detroit, 1950).  Su poesía alterna lo personal y lo político. Compiló, en 1993, una importante antología: Against Forgetting: Twentieth-Century Poetry of Witness. Su primer libro de poemas es Gathering the Tribes (1975). En 2003 publicó Blue Hour. Es una de las autoras más influyentes de la poesía norteamericana contemporánea.

 

 

 

 

 

 

 

RESISTENCIA

 

En Belgrado, las ventanas del hotel

para turistas se abrieron sobre siete pisos de lilas,

la lluvia lavó los manteles de lino y las copas de licor

de las mesas en las banquetas, las banderas de seda de las naciones

no alineadas como colorida ropa interior

sujetándose al viento. Tito aún vivía.

Me dediqué al Inglés, fue confundido por Checo,

caminé a las fuentes, al mercado

de ajo y tiendas, donde vi

a mi Anna muerta una y otra vez,

duros y amarillos frijoles sobre su regazo,

su babushka[1] de verano en blanco algodón,

sus ojos, los duros pozos de un pasado.

Ella cuchicheaba con sus amigas,

rezando el rosario o tratando de venderme

algo. Anna. Limpiando sus manos

con un cuchillo de pelar, diciendo en tu país

no tienes nada. Cada palabra era la cáscara

de un vegetal lanzada hacia la calle

o una montaña rodeada por trenes

con cargamentos de estiércol de oveja, y pena.

Busqué en Belgrado algún rostro

santo, pintado sin manos como cuando

un pintor de íconos se va a dormir y despierta

con una imagen que le llega desde la muerte.

En cada esquina Anna dejó caer

su trabajo sobre su regazo y alzó la vista.

Soy una poeta sin hijos, dije.

No he pintado un huevo ni hecho plegarias

ni terminado mis deberes de pascua en años.

Dejé Belgrado por Frankfurt el verano

pasado, Frankfurt por Nueva York,

Nueva York por el Valle de Roanoke

donde las montañas sostienen la respiración

de los muertos y levantan

de cada mañana un fresco vendaje de niebla.

Nueva York,  Roanoke, el valle –

hasta este Cabo donde en las dunas

el viento se ase de cuerpo

y un abeto aparece en la ventana

por la noche, golpeando en el cristal como

una mujer que ha vivido demasiado.

Piskata, frena tu lengua, ella dice.

Estoy intentando decirte algo.

 

 

[1] Pañuelo, generalmente triangular, utilizado para cubrir la cabeza. (N. del T.)