Irish Poetry Dossier: Samuel Beckett



Irish Poetry Dossier: Samuel Beckett

Today at Círculo de Poesía a new post of our Irish Poetry Dossier. On this occasion we present: Whoroscope, a singular poem by Nobel Prize Samuel Beckett (1906-1989). This version is by the renowned Spanish translator Jenaro Talens (1946).

En el marco de nuestro Dossier de Poesía de Irlanda, presentamos el singular poema: Whoroscope del Premio Nobel, Samuel Beckett (1906-1989). La traducción es del reconocido traductor español, Jenaro Talens (1946).

 

 

 

 

 

 

 

 

Horoscoño

 

 

¿Qué es esto ?

¿Un huevo ?

Por los hermanos Boot, apesta a fresco.

Dáselo a Gillot.

 

Cómo estás, Galileo,

¡y sus terceras consecutivas!

¡Asqueroso viejo nivelador copernicano hijo de vivandera!

Nos movemos, dijo, al fin nos marchamos–¡Porca Madonna!

como un contramaestre o un Pretendiente saco-de-patatas cargando contra el enemigo.

Esto no es moverse, sino conmoverse.

 

¿Qué es esto?
¿Una tortilla acerba o una que ha florecido?

¿Dos ovarios revueltos con prosticiutto?

¿Cuánto tiempo lo invaginó, la emplumada?

¿Tres días y cuatro noches?

Dáselo a Gillot.

 

Faulhaber, Beeckman y Pedro el Rojo

venid ahora en un alud de nubarrones o en la cristalina nube de Gassendi, roja como el sol,

y os limaré todas vuestras gallinas-y-medio

o limaré una lente bajo el edredón en la mitad del día.

 

Pensar que era él, mi propio hermano, Pedro el Bravucón

y que no usaba de silogismo alguno

como si Papi aún estuviera con vida.

¡Ea! Pásame esa calderilla,

dulce sudor molido de mi hígado ardiente.

¡Qué días aquéllos, sentado al lado de la estufa, arrojando jesuitas por el tragaluz!

 

¿Y ése, quién es? ¿Hals?

Que espere.
¡Mi adorable bizquita!

Yo me escondía y me buscabas.
¡Y Francine, precioso fruto mío de un feto casa-y-gabinete!

¡Vaya una exfoliación!

¡Su pequeña epidermis grisácea y desollada, y rojas las amígdalas!

Hija única mía

Azotada por la fiebre hasta en el turbio restañar de su sangre…

¡sangre!

¡Oh, Harvey de mi corazón!

¿qué harán los rojos y los blancos, los muchos en los pocos

(querido Harvey sangre-girador)

para arremolinarse por este batidor resquebrajado?

Y el cuarto Enrique llegó a la cripta de la flecha.

 

¿Qué es esto?
¿Desde cuándo?

Incúbalo.

 

Un viento de maldad empujaba la desesperación de mi sosiego

contra las escarpadas cimas de la señora

única:

no una vez ni dos, sino…

(¡Burdel de Cristo, empóllalo!)

en una sola anegación del sol.

(Jesuitastros, copien, por favor.)

 

Por lo tanto adelante con las medias de seda sobre el traje de punto y la piel mórbida…

qué estoy diciendo, la suave tela…

y vámonos a Ancona, sobre el brillante Adriático,

y adiós unos instantes a la amarilla llave de los Rosacruces.

Ellos no saben qué es lo que hizo el dueño de todos los que hacen,

que a la nariz le toca el beso del aire todo fétido y fragante

y a los tímpanos, y al trono del orificio fecal

y a los ojos su zigzag.

De esta manera Le bebemos y Le comemos

y el Beaune aguado y los duros cubitos de pan Bimbo

porque Él puede danzar

igual cerca que lejos de Su Esencia Danzante

y tan triste o tan vivo como requiera el cáliz, la bandeja.

¿Qué te parece, Antonio?

 

¡En el nombre de Bacon, me empollaréis el huevo!

¿O deberé tragarme fantasmas de caverna?

 

¡Anna María!

Ella lee a Moisés y dice que su amor está crucificado.

¡Leider! ¡Leider! Florecía pero se marchitó,

pálido y abusivo periquito en el escaparate de una calle mayor.

No, si creo desde el principio a la última palabra, te lo juro.

¡Fallor, ergo sum!

viejo frioleur esquivo

Toll-ó y legg-ó

y se abrochó el chaleco de redentorista.

No importa, pasémoslo por alto.

Soy un niño atrevido, ya lo sé,

luego no soy mi hijo
(aunque fuese portero)

ni el de Joaquín mi padre,

sino astilla de un palo perfecto que no es viejo ni nuevo

pétalo solitario de una gran rosa, alta y resplandeciente.

 

¿Estás maduro al fin

pálido y esbelto tordo mío, de seno desdoblado?

¡Qué ricamente huele

este aborto de volantón!

Lo comeré con tenedor para pescado.

Clara y plumas y yema.

Me alzaré luego y empezaré a moverme

hacia Raab de las nieves,

la matinal amazona asesina confesada por el papa,

Cristina la destripadora.

 

Oh Weulles, no derrames la sangre de un franco

que ha subido los peldaños amargos
(René du Perron…)

y otórgame mi hora

segunda inescrutable sin estrellas.

 

 

 

 

 

 

 

 

Whoroscope

 

What’s that?

An egg?

By the brothers Boot it stinks fresh.

Give it to Gillot.

 

Galileo how are you

and his consecutive thirds!

The vile old Copernican lead-swinging son of a

sutler!

We’re moving he said we’re off–Porca

Madonna!

the way a boatswain would be, or a sack-of-

potatoey charging Pretender.

That’s not moving, that’s moving.

 

What’s that?

A little green fry or a mushroomy one?

Two lashed ovaries with prostisciutto?

How long did she womb it, the feathery one?

Three days and four nights?

Give it to Gillot.

 

Faulhaber, Beeckman and Peter the Red,

come now in the cloudy avalanche or Gassendi’s

sun-red crystally cloud

and I’ll pebble you all your hen-and-a-half ones

or I’ll pebble a lens under the quilt in the midst

of day.

 

To think he was my own brother, Peter the

Bruiser,

and not a syllogism out of him

no more than if Pa were still in it.

Hey! pass over those coppers,

sweet milled sweat of my burning liver!

Them were the days I sat in the hot-cupboard

throwing Jesuits out of the skylight.

 

Who’s that? Hals?

Let him wait.

 

My squinty doaty!

I hid and you sook.

And Francine my precious fruit of a house-and-

parlour foetus!

What an exfoliation!

Her little grey flayed epidermis and scarlet

tonsils!

My one child

scourged by a fever to stagnant murky blood–

blood!

Oh Harvey beloved

how shall the red and white, the many in the

few,

(dear boodswirling Harvey)

eddy through that crack beater?

And the fourth Henry came to the crypt of the

arrow.

 

What’s that?

How long?

Sit on it.

 

A wind of evil flung my despair of ease

against the sharp spires of the one

lady:

not one or twice but…

(Kip of Christ hatch it!)

in the one sun’s drowning

(Jesuitasters please copy).

So on with the silk hose over the knitted, and

the morbid leather–

what am I saying! the gentle canvas–

and away to Ancona on the bright Adriatic,

and farewell for a space to the yellow key of

the Rosicrucians.

They don’t know what the master of them that

do did,

that the nose is touched by the kiss of all foul

and sweet air,

and the drums, and the throne of the faecal

inlet,

and the eyes by its zig-zags.

 

So we drink Him and eat Him

and the watery Beaune and the stale cubes of

Hovis

because He can jig

as near or as far from His Jigging Self

and as sad or lively as the chalice or the tray asks.

How’s that, Antonio?

 

In the name of Bacon will you chicken me up

that egg.

Shall I swallow cave-phantoms?

 

Anna Maria!

She reads Moses and says her love is crucified.

Leider! Leider! she bloomed and withered,

a pale abusive parakeet in a mainstreet window.

 

No I believe every word of it I assure you.

Fallor, ergo sum!

The coy old froleur!

He tolle’d and legge’d

and he buttoned on his redemptorist waistcoat.

No matter, let it pass.

I’m a bold boy I know

so I’m not my son

(even if I were a concierge)

nor Joachim my father’s

but the chip of a perfect block that’s neither old

nor new,

the lonely petal of a great high bright rose.

 

Are you ripe at last,

my slim pale double-breasted turd?

How rich she smells,

this abortion of a fledgling!

I will eat it with a fish fork.

White and yolk and feathers.

Then I will rise and move moving

toward Rahab of the snows,

the murdering matinal pope-confessed amazon,

Christina the ripper.

Oh Weulles spare the blood of a Frank

who has climbed the bitter steps,

(Rene’ du Perron….!)

and grant me my second

starless inscrutable hour.

 

 

 

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