Poesía Joven de México: Violeta Orozco



Presentamos la poesía de Violeta Orozco (México,1989). Es poeta bilingüe, realizó estudios de física y filosofía en la UNAM. Fue ganadora del primer lugar en el certamen Premio Nacional Universitario José Emilio Pacheco 2014 en la categoría de poesía y del segundo lugar en el Concurso de Poesía en voz alta de Casa del Lago, 2014.

 

 

 

 

 

 

 

 

NO EXISTE EN LA NOCHE EL AMOR, EXISTEN LOS AMANTES

 

El deseo es un mosquito

que ronda tu piel en el centro de la noche.

Te persigue cuando tienes más cansancio,

te atosiga justo cuando estás a punto

de caer en el pozo del sueño

y despiertas en el centro de la sed.

No te reconoces en el espacio que te rodea.

Tu recámara en la penumbra

parece una prisión sin dimensiones

y te sofoca el zumbido

del negror en las paredes.

El estruendo del viento

sacude tu sordera

y aterrizan tus huesos

en las noches que trituras

para recobrar la sensación que llamas tiempo.

Pero nada pasa.

Apenas te queda el recuerdo del movimiento,

como cuando quieres gritar en un sueño

y no sale nada de tu boca.

Entonces notas que estás encadenado a una cama

a donde vienen los mosquitos cada noche

a perforarte la piel

para extraer la sangre de tu río subterráneo.

La noche es un deseo desesperado

de encallar en la otra orilla

antes que el sol asome tras las rocas.

Eres un barco aletargado

circundando un promontorio

de peñascos al desnudo.

Eres el mosquito para quien

el hambre es lo mismo que la sed,

la noche lo mismo que el deseo.

 

 

 

 

EL SUEÑO INDECISO

 

Y entonces supe que le había pedido al mundo demasiado.

Le había pedido al mundo que cumpliera mis sueños

cuando mis sueños eran el mundo.

Le pedí al mundo que diera un paso hacia mí

pero yo no di un paso hacia el mundo.

El día en que lo hice,

él dio un paso hacia atrás

y todo se volvió arena movediza

tonel de errores,

noria de lágrimas,

el mundo

se apartó y quedaron los sueños

flotando afuera de él

fuera de mí

fuera de todo.

Quedaron los sueños sin casa

y sin mundo

y mi alma era una casa vacía

una sala de conciertos

en donde el silencio

se sentaba a escucharse

callar eternamente.

Yo era un cansancio sin sueños

y un sueño sin descanso.

Era el principio de la sed,

el agua amaneciendo al primer río.

Yo era el sonido

que tienen las calles

que no tienen tu nombre,

oh sueño

sueño que le diste

formas a las cosas,

arquitecto de lo deshabitado.

(y mi sueño, sin sed y sin sede

tomó vidas enteras para gestarse)

nació como duda en la cara de otros hombres

que no sabían si era miedo

o el principio de un deseo.

El sueño nació proscrito

como si nunca hubiera conocido paraíso.

Y era apenas una queja,

una zozobra tímida

asombrada de que los hombres

le posaran los ojos en el cuerpo.

Porque el sueño en ese entonces

no tenía cuerpo,

y nada de lo que tenía cuerpo se parecía al sueño

desnudo en un mundo de vestidos

el sueño cerraba los ojos para no ver a los que lo miraran.

Porque el sueño quería ser mundo,

quería ser agua

quería ser cuerpo,

por más que no fuera sino miedo

y dolor y deseo.

Odiaba a los hombres

y a la ruidosa solidez de sus realidades.

Los hombres y sus calles y mercados,

la vida, esa gran mercadería

de noches y destinos

con todos sus colores giratorios,

esa ronda agitada de pasos frenéticos

corriendo hacia el gran tragadero de la muerte.

La muerte,

esa bolsa henchida de sueños desinflados,

ese tiradero de mundos

donde el sueño

era apenas

una tentativa.