Poesía española: Rocío Hernández Triano



Presentamos algunos textos de la poeta española Rocío Hernández Triano (Sevilla, 1976). Ha publicado los libros de poesía Viento de cuchillos (Ediciones En Huida, Sevilla, 2010), Equilibristas (Ultramarina Cartonera & Digital, Sevilla, 2010) y Los seres quebradizos (Torremozas, Madrid, 2013) con el que obtuvo el XXX Premio de Poesía Carmen Conde. Pisar cieno es el título de su última obra con la que ha logrado el XXXIV Premio de poesía Ciudad de Badajoz 2015.

 

 

 

 

 

 

METALURGIA

 

Alguna vez hervimos,

alguna vez torcimos el espanto

hasta dejarlo llano

como la superficie del lago del olvido.

 

Alguna vez contiguos, barboteando,

fuimos uno, fundimos

el plomo que redobla en las campanas

y la consumación concéntrica del tiempo.

 

Alguna vez rugimos,

fuimos tigres, teníamos grabadas

la piel del universo.

 

Alguna vez tus alas y mis manos,

gargantas sin idioma y una espuma genésica

y casi cien y casi el infinito.

 

Alguna vez

 

y después la caída.

 

Alguna vez.

 

Acaso.

 

 

 

 

 

PUTREFACCIÓN

 

Los amantes que se han

amado mucho

llena de podredumbre las esquinas felices

y los días son lodo

que traga la memoria.

 

Son sucios los amantes que se han amado mucho

y todo lo empocilgan

en su oscuro abandono.

 

Los amantes que se han amado tibios

llena de muerte sorda el lecho compartido

y los días son cuerpos

que el tiempo descompone.

 

Se niegan los amantes que se han amado tibios

y todo lo emborronan

en su inerte abandono.

 

Y tú con tu tibieza

y yo con mi veneno

 

y en la raíz del tiempo creciendo la gangrena.

 

 

 

 

 

 

MUTILACIONES

 

Se ha cortado los pies por donde llagan

y así, ya sin camino, desquiciando,

los goznes del futuro, con la sangre

manando a balbuceos.

 

Mi padre se mutila por donde va la muerte,

por donde choca el cráneo con la tumba,

por donde va la muerte,

por donde traquetean esqueletos.

Y así brotan los dientes y las uñas convexas

por donde va la muerte.

 

Se ha cortado los pies por donde se agusanan.

 

Por no morir a trozos de minutos

por no morir a trozos

por no

morir

a

trozos.

 

 

 

 

PORQUE LA MUERTE ES AGUA

 

Mi hija habla con los muertos domésticos

en el templado vientre de la siesta.

Los llama por su nombre

y se para en el vértice de cada laberinto.

 

Los muertos de mi hija son planetas fugaces

disparates de una memoria inversa.

 

Así el cataclismo de la muerte se vuelve

en los ojos de Julia

una almendra menuda, un ligero temblor,

un cosquilleo que apenas la despierta.

 

Yo cometo el delito:

en su sueño me afano en convocar a mis muertos.

 

Pero todo es en vano:

Julia es un ser anfibio

y yo soy roca muerta en un vivo desierto.

 

Porque la muerte es agua.

 

Mi hija habla con los muertos domésticos

en el templado vientre de su siesta.

Los llama por sus nombres,

choca sus calaveras.

 

 

 

 

 

GARABATOS

 

Sobre el libro más negro de Vallejo,

sobre un Trilce trillado

donde fue estilizado mi dolor como púas

allá por los noventa.

Mi dolor, que era chato,

romo como llanura de las ánimas muertas.

 

Allí, sobre ese libro negro,

en el vallejo verso más humano

y en las límpidas páginas iniciales,

Julia, con cinco años,

ha dibujado flores, calabazas,

monigotes de ácidos colores,

la sonrisa de un sol, fluorescentes insectos,

un zigzag que precede a la escritura.

 

Y al pie de algunas páginas

donde Vallejo aúlla

y se come la cal del calabozo,

Julia pinta su nombre

y una jota invertida

(una cóncava madre luminosa)

acuna la vocal como a un cachorro.

 

El poeta descansa

en la inicial tan breve de mi hija

 

y el dolor se nos vuelve soportable.

 

 

 

 

 

SALDOS

 

A la hora del cierre de los supermercados

puedes comprar pescado por la mitad de precio:

boquerones marchitos, bacaladillas tristes,

fogoneros sin lustre (el mero de los pobres),

el atún con su plomo,

con su orquesta sinfónica de metales pesados,

la envenenada panga que viene del Mekong,

la perca que viaja desde el lago Tanzania

en la oscura bodega junto al fusil de asalto,

la tilapia de alberca con su grasa de pollo,

la dorada sin mar, el salmón, su mercurio

maleable en la sopa, desperdicios de rape,

merluza machacada, el surimi, su estela

de viejo bogavante…

 

A dos euros el kilo, justo antes del cierre,

desde la oxigenada voz que nos recomienda:

«aligeren sus compras».

 

Desde el merka al salón de la olla podrida,

al comedor pagado con el erario público,

a este hospital de muertos de nuestra clase media.

 

 

 

 

 

Datos vitales

Rocío Hernández Triano (Sevilla, 1976) obtuvo el Premio Extraordinario de Licenciatura en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla. Es profesora de Lengua castellana y Literatura, y ha participado en la creación de libros de texto para esta materia como coautora. Ha publicado los libros de poesía Viento de cuchillos (Ediciones En Huida, Sevilla, 2010), Equilibristas (Ultramarina Cartonera & Digital, Sevilla, 2010) y Los seres quebradizos (Torremozas, Madrid, 2013) con el que obtuvo el XXX Premio de Poesía Carmen Conde. Pisar cieno es el título de su última obra con la que ha logrado el XXXIV Premio de poesía Ciudad de Badajoz 2015.