Poesía norteamericana: Hart Crane



Presentamos, en versión del poeta y traductor argentino Juan Arabia, una versión de “Alabanza a una urna” del poeta norteamericano Hart Crane (1899-1932). A pesar de su muerte temprana, Crane es uno de los poetas más influyentes de  Estados Unidos. Su trabajo más amábicioso fue The bridge. Se suicidó en 1932.

 

 

 

 

 

 

Alabanza a una urna

 

Era un amable rostro del norte

en el que se mezclaban disfrazados de exilio

los ojos eternos de Pierrot

y la carcajada de Gargantúa.

 

Sus pensamientos, a mí entregados

desde la colcha blanca y la almohada,

ahora lo veo, fueron legados —

delicados jinetes en la tormenta.

 

La pendiente luna en la colina inclinada

una vez nos acercó hacia los presentimientos

de lo que la muerte conserva, aún en vida,

y todas esas valoraciones del alma.

 

Reposado en la antesala del crematorio,

el insistente reloj y sus comentarios,

tocando así sobre nuestra alabanza

las propias glorias de la época.

 

Aun así, teniendo en mente el cabello dorado,

no puedo ver esa destrozada cima

y extrañar el zumbido seco de las abejas,

extendiéndose por un lúcido espacio.

 

Dispersa estos modismos afortunados

en la humosa primavera que llena

a los suburbios, donde se perderán.

No son trofeos para dejar al sol.

 

 

 

 

 

 

Praise for an Urn

 

[In Memoriam: Ernest Nelson]

 

It was a kind and northern face

That mingled in such exile guise

The everlasting eyes of Pierrot

And, of Gargantua, the laughter.

 

His thoughts, delivered to me

From the white coverlet and pillow,

I see now, were inheritances–

Delicate riders of the storm.

 

The slant moon on the slanting hill

Once moved us toward presentiments

Of what the dead keep, living still,

And such assessments of the soul.

 

As, perched in the crematory lobby,

The insistent clock commented on,

Touching as well upon our praise

Of glories proper to the time.

 

Still, having in mind gold hair,

I cannot see that broken brow

And miss the dry sound of bees

Stretching across a lucid space.

 

Scatter these well-meant idioms

Into the smoky spring that fills

The suburbs, where they will be lost.

They are no trophies of the sun.