100 Pulitzer Poets: Margaret Widdemer, 1919



Today at Círculo de Poesía: Two poems by Margaret Widdemer, Pulitzer Prize for Poetry 1919 (awarded ex aequo with Carl Sandburg). She was poet and novelist born in Doylestown, Pennsylvania in 1884. She won with her collection of poetry: The Old Road to Paradise.

The present Spanish versions by Violeta Orozco.

El segundo Premio Pulitzer de Poesía se entregó ex aequo, a Margaret Widdemer y a Carl Sandburg. Widdemer fue una poeta y novelista nacida en Doylestown, Pennsylvania, en 1884. Ganó el Pulitzer por su libro The Old Road to Paradise. Las versiones al español son de Violeta Orozco.

 

 

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Vain hiding

 

I SAID: “I shall find peace now, for my love has never been
Here in the little room, in the quiet place;
The walls shall not quiver around me, nor fires begin,
And I shall forget his voice and perhaps his face
And be still for a little space.”

But the thought of my love beat wild against the silencing doors
There in the quivering air, in the throbbing room,
Till his step strode quick and light against the echoing floors
And the light of his voice was there for the placid gloom
And his presence a shed perfume.

So I said: “There is no peace more, for the place can never be
Where the thought of him cannot come, cannot burn me thro’,
For the thought of his touch is my flesh, and his voice is a voice in me,
And what is the use of all you may say or do
When love is a part of you?”

 

 

Vano escondite

 

Me dije un día: “Es tiempo de hallar la paz, pues mi amor nunca ha estado

presente en esta recámara minúscula, en el rincón sosegado.

Las paredes no habrán de tiritar alrededor de mí, el fuego no habrá de prender,

y olvidaré su voz y su rostro tal vez

y me quedaré quieta por un breve momento.”

 

 

Pero el pensamiento de lo que yo amaba latía salvajemente

contra las puertas silenciadas

Ahí en el aire vibrante, en el cuarto tembloroso,

Hasta que su paso avanzó raudo y liviano contra el eco

Y la luz de su voz alumbró el plácido negror,

Y su presencia fue un perfume derramado.

 

Entonces me dije: “Ya no hay paz, pues no puede haber lugar

en donde su pensamiento no pueda llegar, no pueda –quemante–

atravesarme,

Pues el pensamiento de su contacto es mi carne, y su voz

es una de mis voces

y, ¿de qué sirve todo lo que puedas decir y hacer

cuando el amor es una parte tuya?”

 

 

The Net

 

THE STRANGERS’ children laugh along the street:

They know not, or forget,

The sweeping of the net

Flung to ensnare such little careless feet.

 

And we—we smile and watch them pass along,

With those who walk beside,

Soft-smiling, cruel-eyed:

We guard our own—not ours to right the wrong.

 

We do not care—we shall not heed or mark

Till we shall hear one day,

Too late to strive or pray,

Our daughters’ voices crying from the dark.

 

 

 

 

La red

 

Los hijos de los desconocidos ríen en las calles

olvidan o ignoran

cómo la red barre el aire

para pescar sus pequeños pies distraídos.

 

Nosotros, mientras tanto, sonreímos y miramos cómo pasan

de la mano de aquellos que a su lado caminan

con ojos crueles, sonrisa suavizada,

pues sólo vigilamos lo nuestro –nunca a los nuestros– con fin de ajusticiar a los injustos.

 

Pero no nos importa, no prestaremos atención

hasta que un día escuchemos

ya demasiado tarde para actuar o rezar,

el grito de nuestras hijas en la oscuridad.