Tal Nitzán: Siete poemas



Presentamos siete poemas de Tal Nitzán (Jaffa). Es poeta, narradora, traductora y editora. Licenciada en Historia del Arte y Estudios Hispanoamericanos, y máster en Literatura por la Universidad Hebrea de Jerusalén. Coordina las colecciones Latino y Local de literatura hispanoamericana y hebrea. Nitzán ha publicado cinco poemarios y un libro para niños. Ha traducido más de ochenta libros, la mayoría del español al hebreo, y adaptó una versión de Don Quijote para lectores juveniles. Como poeta, ha sido reconocida con los premios Mujeres Escritoras (1998), Nuevos Poetas (2001), Primera Obra (2002), del Primer Ministro (2010) y Dolitzky (2013), entre otros. A continuación siete poemas de Tal Nitzán traducidos por la propia autora.

 

 

 


Posibilidades

 

 

 

 

–         Supongamos que estás acostado sobre un lado mucho tiempo, ya es casi noviembre y todavía estás sobre el mismo lado, la mejilla ya te duele, la oreja te duele también, tu cuello está torcido, tus costillas aplastadas y todo tu cuerpo grita “basta”.

–         Me volveré al otro lado.

–         Supongamos que no tienes otro lado.

 

 

 

 

 

 

Cada vez que me es posible salir

me dedico a mirar las nubes

porque su color no tiene un nombre que debería recordar

porque no les importa quien comete qué cosa ahí abajo

porque me hacen inclinar la cabeza hacia atrás

y acarician mis sienes con sus bordes

porque se desprenden de sí mismas y una de otra

sin dolor ni culpa

porque no respetan sus propios límites

ni la ficción del cielo

porque no se puede mirar la misma nube dos veces

por tanto

 

miro las nubes

cada vez que se me permite salir

al patio del gran, gran  instituto

que se extiende, según dicen,

hasta los confines de la tierra.

 

 

Khan Younis

 

 

El gato será castigado y echado al balcón,

El rasguño en la mano de mi niño será besado,

pero tu hijito conoce pesadillas

que un beso no puede borrar.

¡Orgullo de la familia! Con sólo dos añitos

ya sabe gritarle a su mamá que se agache

cuando vuelan las balas dentro de la casa.

“Si entra el viento, cierra la ventana

y ve a acostarte en la cama”,

citas, pero nuestras balas eficaces

atraviesan puertas, paredes,

cristales. El cartel desplegado en el que,

cándido, advertiste:

שימו לב! כאן גרות משפחות!     

!ﺎﻨھ ﻦﻜﺴﺗ تﻼﺋﺎﻋ! اﻮﮭﺒﺘﻧإ

Attention! Families live here!

se mece ahora al viento

y desde los calderos perforados

corre el agua

por las mejillas de la casa.

 

 

Tesoro

 

En invierno los guardias arrancaron las frazadas de la piel

a los ocupantes del jardín. Uno de ellos no verá la luz del día.

 

En primavera se lanzaron botellas ciegas

a las casas marcadas, y el fuego estalló.

 

Por la noche me refugié en tu cuerpo

como un niño en la fragaria.

 

Escuchar no más que tu respiración,

apoyarme en ti de pies a cabeza y por un momento

 

no ver nubes de veneno y ruina

acumulándose pesadamente.

 

Qué más decirte.

 

Que en mi pobreza eres el tesoro oculto

sus manos no alcanzarán.

 

Que en tu pobreza sea yo el tesoro oculto

sus mentes no alcanzarán.

 

Lamento

 

Hoy es el concierto en T. Espero que no llueva.

El viaje es largo.

Estamos en T. Llueve a cántaros. No hay nadie en la calle.

Solos. Pronto tocaremos.

  1. T.

 

En mi memoria las calles se extienden congeladas

y todavía ambos andamos, los instrumentos a cuestas,

las caras al descubierto y el único punto de calor

se enciende entre nuestros labios frente al semáforo

–si la cantidad de materia del mundo no se altera,

¿a dónde fue todo esto y cómo?

Tenía yo una inocencia obscena, los niños,

dijo él, se hubieran avergonzado de eso,

pero cualquiera que se humille como este niño,

sería el mayor en el reino de los cielos

–Llueve a cántaros, el violonchelo tiembla entre mis muslos,

no hay nadie en la calle y a través de la cortina de agua

veo aquel deambular por el parque, el barro empapado

emanaba frío, los extremos –nariz, punteras,

lóbulos, pezones­– se congelaron primero

pero el aire parecía dorado, el abrazo todavía tranquilo,

sin saberse condenado

–El recuerdo de las cosas se vuelve recuerdo de recuerdos,

una serpiente que se muerde la cola furiosamente,

¿adónde y cómo?

Tantos días toqué a Bach y Brahms

en la catedral del cementerio que empecé

a ver a los muertos, sabía que estaba prohibido parar

que si el arco paraba se perdería todo

pero sus rostros me perseguían, sus labios

se movían sin voz, cómo podía yo negarme

y cómo superaba mi palidez la suya

–Perlas sobre terciopelo negro,

la corona de pequeñas flores pica en mi frente,

solos. Pronto tocaremos.

 

 

 

 

 

 

 

Al final del sueño del peligro de las grietas que trepan por las paredes

en los márgenes estrechos en las pausas angostas en los pocos minutos

en el espacio entre mis hijos y tu niña

gracias al código susurrado

entre el anuncio “Al refugio” y el terremoto

de mis punteras extendidas a tu cabeza inclinada

encima de tu cuerpo bajo la dulce carga del amor

dentro de la campana de oxígeno sumergida en lo profundo

bajo  la lluvia a propósito con las manos abiertas

desde el refugio del invierno hasta las bestias del verano

de mis noches deshilachadas a tus breves mañanas

en las pausas angostas en los pocos minutos en los márgenes estrechos

 

 

Lo que me pidieron llevar

 

Me apego a él con la desesperada obstinación de los sanos y cándidos. Él, marcado de incontables estrelladas y encarnaduras, enriquecimientos y empobrecimientos, uniones y separaciones, y cortes en el alma convulsa y en la carne viva, me entrega generosamente, aún sin lástima, toda la ternura de que es capaz. En su casa blanca soy la única mancha de color, el único adorno entre objetos destinados todos exclusivamente a la utilidad, y cuando susurra palabras de admiración por mi belleza sé que soy un adorno pasajero, que pronto me encontraré en la entrada del aeropuerto, una mano arrastrando la maleta cuyo contenido desconozco y la otra conduciendo al niño bobo, de ojos rasgados, que le ha dejado la última esposa.

 

Sueño, 17.2.2011

 

 

 

 

 

 

 

 

Datos vitales

 

Tal Nitzán (Jaffa) Es poeta, narradora, traductora y editora. Licenciada en Historia del Arte y Estudios Hispanoamericanos, y máster en Literatura por la Universidad Hebrea de Jerusalén. Residió en Buenos Aires, Bogotá y Nueva York, y actualmente vive en Tel Aviv. Coordina las colecciones Latino y Local de literatura hispanoamericana y hebrea. Nitzán ha publicado cinco poemarios y un libro para niños. Ha compilado dos antologías de poesía hispanoamericana y una de poesía hebrea de denuncia (Con cincel de hierro, publicada también en los Estados Unidos y en Francia). Ha traducido más de ochenta libros, la mayoría del español al hebreo, y adaptó una versión de Don Quijote para lectores juveniles. Entre los poetas de lengua española que ha traducido están Machado, Vallejo, Borges, García Lorca, Paz, Hierro y Pizarnik. Sus poemas han sido traducidos a más de veinte idiomas, y recopilaciones de su poesía se han publicado en alemán, francés, inglés, italiano, lituano, portugués y español (Ediciones Pen Press). Como poeta, ha sido reconocida con los premios Mujeres Escritoras (1998), Nuevos Poetas (2001), Primera Obra (2002), del Primer Ministro (2010) y Dolitzky (2013), entre otros. Como traductora, ha merecido los premios de la Creatividad (1995 y 2005), la Medalla de Honor de la Presidencia de Chile (por sus versiones de Neruda, 2004), y Tchernijovsky (2012). Los poemas que se publican a continuación han sido traducidos del hebreo por su autora.