Mario Bojórquez, primeros 25 años de poesía: Aquí todo es memoria:



Desde Colombia, epicentro fundamental de nuestra lengua, se celebran los primeros 25 años de poesía del poeta mexicano Mario Bojórquez con la publicación de la antología Aquí todo es memoria. El libro, con portada de Federico García Lorca, contiene una amplia selección de poemas de sus libros; desde el más reciente aparecido en la Colección Visor de Poesía, Memorial de Ayotzinapa (2016), hasta su opera prima, Pájaros sueltos (1991), pasando por libros de vital importancia para nuestra tradición como Diván de mouraria (1999) o El deseo postergado (2007).  Aquí todo es memoria, con selección y prólogo de Luis David Palacios, ha sido publicado en Colombia por Caza de Libros en su colección Los Torreones de la Biblioteca Fundadores Gimnasio Moderno, dirigida por el poeta Federico Díaz-Granados. Presentamos a continuación el prólogo a la antología.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La poesía es la única patria

Luis David Palacios

 

 

Porque los verdaderos poemas cambian el yo por nosotros. La literatura de Mario Bojórquez hace de la poesía una habitación de espejos en la que los límites son siempre un nombre distinto al propio con un rostro familiar dentro de la proyección de la memoria. Aquí, el poema es el vértice de las experiencias con las emocio­nes. Cada cambio de tono, cada modificación del estilo, cada pendiente de la perspectiva lanza al vuelo una red de coincidencias con otros poetas, tradiciones y páramos del tiempo. Cuando observamos lo heterogéneo de su re­gistro, reconocemos la misma voz en consonancia con la realidad porque quizá ahora, como nunca antes, la fragi­lidad del mundo es la condición que nos exige el cambio: no somos uno, ni el mismo, ni dentro de nosotros cuando somos nosotros. A menudo es posible preguntarse qué es lo que hace valioso a un escritor, si la pericia técnica, el bagaje cultural, la amplitud de temas, el conocimiento de la tradición, la renovación formal, la capacidad de co­municar experiencias, la correspondencia con el entorno o el compromiso social. Pues bien, la literatura de Mario Bojórquez, nacido en el norte de México hacia el final de la década de los sesenta, reúne todas esas características. Su obra es el trajinar vertiginoso de la búsqueda que toca todos los niveles de la lengua, es el reconocimiento de la poesía como el fundamento de todo.

Esta antología recoge veinticinco años de labor creativa. La traducción de sus poemas al inglés, árabe, macedonio, portugués, italiano, alemán, francés, chino, catalán, griego, kurdo, rumano y serbio, atestigua el inte­rés que genera en poetas y críticos de diferentes lugares. Desde su primer libro, ha recibido galardones: con Pá­jaros sueltos (1991), su ópera prima, el Premio Estatal de Literatura de Baja California; con Contradanza de pie y de barro (1996), el Premio Enriqueta Ochoa; con El deseo postergado (2007), el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes –el más importante de México– y el Premio Alhambra de Poesía Americana para Obra Publicada, en España; con el poema La mujer disuelta (1995), el Premio Clemencia Isaura; y con Invocación al mar (1995), otro poema individual, el Premio Abi­gael Bohórquez. Además, su libro Alteridad y Poesía, antología apócrifa de ensayos sobre la heteronimia en la poesía iberoamericana actual mereció el Premio Bellas Artes de Ensayo Literario José Revueltas en 2010. Los poemarios que completan su obra, incluidos aquí, son: Diván de Mouraria (1999), Pretzels (2005), Y2K (2009), El cerro de la memoria (2009), Hablar sombras (2013) y Memorial de Ayotzinapa (2016).

En Bojórquez, parece que la reflexión antecede siem­pre al acto de escritura porque cada uno de los libros surge de un universo formal concreto. Una reflexión, sí, que no limita el desbordamiento lírico sino que lo po­tencializa por conocer los efectos de la palabra. Él es un poeta del equilibrio. En Pájaros sueltos, por ejemplo, publicado apenas con veintitrés años, la guía es la expe­rimentación. El reconocimiento propio sucede a través del espejo del lenguaje y el poema a partir de la muta­bilidad de los procedimientos. El título evoca un breve texto de Cortázar donde se da testimonio de la naturaleza efímera del poema y de la disposición espiritual necesa­ria para reconocerlo, asimilarlo:

Ahora escribo pájaros.

No los veo venir, no los elijo,

de golpe están ahí, son esto,

una bandada de palabras

posándose

una

a

una

en los alambres de la página,

chirriando, picoteando, lluvia de alas

y yo sin pan que darles, solamente

dejándolos venir. Tal vez

sea eso un árbol

o tal vez

el amor.

Además de esta referencia, a través del título, halla­mos otras en poemas que hemos incluido, como Simili­cadencia que se conecta con Las babas del diablo, o De lo insólito y otras bifurcaciones cercano a Último round, a la poesía permutante y el “Homenaje a Alain Resnais”.

Aunque el cambio del estilo es un rasgo en común con el autor de Rayuela también lo es con aquellos escritores preocupados por no repetirse formulariamente. Me refiero a los miembros de la Oulipo y a su defensa por la literatu­ra potencial. Eso es en más de un modo Pájaros sueltos, la experimentación, la búsqueda iniciática, la aprehensión de lo imposible, el erotismo, los diálogos, la reinvención: porque un verdadero poeta es todos los poetas. Su primer trabajo abre el sendero de las posibilidades.

En la segunda sección, incluimos cinco poemas im­portantes no recogidos en libros que gozan de autonomía propia, rigurosidad técnica y, desde luego, emoción. El primero de ellos, Los domésticos, retrata la vida a través de sus pilares: los abuelos, los padres, las tradiciones de familia; todo en función de la muerte. Bitácora de viaje de Fortúm Ximénez reconstruye con un amplio espectro de heptasílabos las impresiones y aventuras del conquis­tador de la península del noroeste de México, la Baja Ca­lifornia, durante el siglo XVI cuando era considerada aún una isla. El poema registra el avance de la segunda ex­pedición, enviada por Hernán Cortés, desde el puerto de Teguantepeque, hoy Oaxaca, hasta la entrada de la Sierra de los Cucapah, cerca de la actual ciudad de Mexicali, pa­sando por las costas de Nueva Galicia (hoy los estados de Jalisco, Nayarit, Aguascalientes, Zacatecas, Sinaloa). La narración es un ejercicio de intertextualidad rebosante de lirismo que se empata con Las Sergas de Esplandián. El poema siguiente en orden cronológico, La mujer disuelta, repara en la sonoridad del endecasílabo con acento fijo en sexta. Heroicos puros y cortos; sáficos cortos, cortos plenos y a la francesa; melódicos puros, plenos; enfáticos puros y largos; modelan el tema amoroso con equilibrio, contención anímica y un rico imaginario. Invocación al mar mezcla las dos sonoridades cultas por excelencia tratadas en los poemas anteriores: endecasílabos y hep­tasílabos hacen un recuento del carácter amenazante del océano. Y por último, Macehualiztli, un poema de cuatro secciones, recupera los tópicos prehispánicos más impor­tantes; mostramos dos: Xochicuícatl: canto de verdor y flores y Cuecuechcuícatl: canto de enamorados.

El segundo libro, Contradanza de pie y de barro, es la retardación de un instante llevada hasta sus últimas conse­cuencias, es un pie entrando en el lodo. El poeta reelabora un fragmento de Miguel Hernández donde el amor es la piedra angular, nos referimos a “Me llamo barro”. Este es un libro, a todas luces, elemental en términos alquímicos: agua y tierra darán el barro, fuego y aire impelerán el movi­miento y la transmutación. Al respecto de este largo poema Mijail Lamas, en el prólogo de la antología que recoge las primeras letras, El rayo y la Memoria, comenta que:

…el yo lírico define la naturaleza de los contrarios que se unen, pie y barro… La expresión de Mario Bojórquez en Contradanza… se acerca de manera in­discutible a la expresión barroca, no sólo por su afán formal y totalizador que se halla sustentado, a lo largo de ochenta páginas, en un verso tradicional de acen­tuación prosódica (alejandrinos con encabalgamiento en su segundo hemistiquio, que asemejan la caída y el ascenso del pie), sino además por la descripción exhaustiva de los elementos…(17)

 

De manera similar a la Mujer disuelta, en este libro la precisión formal envuelve sin entorpecer el verso, la da fe del vértigo amoroso. estructura por sí misma es una emocionante alegoría que Mario Bojórquez ha escrito algunos de los poemas más emotivos de la poesía mexicana reciente, ejemplos de ello son la “Casida del odio” o la “Casida de la angus­tia”, ambos dentro de Diván de Mouraria. En él, la pala­bra posee cierta sencillez engañosa porque el complejo entramado del libro revela la asimilación de múltiples formas de la poesía; el poeta sinaloense abreva de cua­tro tradiciones: la árabe, la portuguesa, la española y la prehispánica. Como en la literatura persa medieval, Bo­jórquez se exige a sí mismo la profundidad de la imagen y la economía del lenguaje; sus gacelas establecen una concomitancia, estructural y temática, con las gacelas árabes tradicionales en las que cada verso está dividido en dos partes. Por eso es que, en el Diván de Mouraria, de ningún modo es casualidad el uso reiterado del verso alejandrino, sino pleno conocimiento de causa.

En Pretzels vemos la vida moderna, es el registro de­tallado de la contemplación. A través de descripciones, postales y símbolos indiscutibles de la cultura norteame­ricana –como Brooklyn bridge, Guggenheim Museum o Statue of Liberty– el poeta toma conciencia de su lugar en el mundo, su mirada va de afuera hacia adentro para encontrar adentro lo que estaba en el exterior. El oficio le permite al poeta esperar con paciencia el momento exacto para sacar la fotografía: Pretzels es la veloz es­pontaneidad bajo los márgenes de lo concreto.

 El deseo postergado es tan denso como el alma de “al­guien que no supo vivir como deseaba”. La persona narra­tiva del poema hace que el autojuicio estremezca a quien se asoma a ver el corazón del otro porque en esa imagen aparecemos todos. El libro rezuma la violenta lucha con nosotros mismos. La expresión barroca, aparecida con pe­riodicidad, es totalmente admisible y armoniosa respecto de la temática: el atasco espiritual por la incapacidad de completar cualquier deseo. El ritmo del poema acude a la tradición sin someterse a ella, la escansión del verso se lleva al extremo para transgredirla por la superposición de estados, los múltiples hemistiquios sin marca: es posible dividir los versos de varias formas y en todas ellas resue­na el timbre de lo primigenio. La repetición, variación y contraste –principios básicos de la composición musical– se usan como una estructura discursiva. Sí, porque con la repetición se edifica el ritmo, pero aquí, lejos de pro­ducir monotonía, provoca sobre el oyente una fuerza que lo afecta en su interior. Tengo la certeza de que este es un libro de la posteridad porque los verdaderos poemas care­cen de tiempo, son el tiempo.

Los que nacimos antes de la década de los noventa conocemos de primera mano una actualización reciente del temor más viejo del ser humano: el fin de su especie. El título, Y2K, hace referencia al año 2000 y a aquello que se conocía como el error del milenio. En aquel en­tonces, se temía el fallo en cascada de los sistemas infor­máticos, económicos, comunicacionales, de transporte, etcétera. Existía una angustia más o menos generalizada. Y2K recoge ese ambiente. Es cercano a las denominadas poéticas del riesgo en las que se desea hacer patente la materialidad del lenguaje, el vértigo de la posmoderni­dad. Si en libros anteriores Bojórquez avanzaba sobre los rieles de la tradición formal rigurosa, en este apues­ta por el eclecticismo, característica innegable del siglo XXI. Desde los primeros cuatro versos desgarra el tiem­po y el espacio para echarlos por la borda:

En el tercer retorno de tu letra griega

cocino un spaghetti con flor de jamaica

he perdido el olfato en un frasco de comino

y trato en la memoria de reconstruir el santuario del sabor

Se mantiene a lo largo de las páginas un ritmo ace­lerado por el heptasílabo, por las influencias discipli­nares, la inaudita asociación metafórica, la ausencia de las marcas del verso, las sensaciones múltiples, el cam­bio inmediato de realidades lingüísticas y geográficas, la polifonía, el caos.

 Cerro de la memoria es un poema dramático en tres actos y dos entremeses, en él se contrasta la sonoridad popular con la culta; es una obra sobre el amplio tema de la muerte. Los actos se escriben con el heptasílabo mien­tras que los entremeses con el verso de ocho sílabas y el endecasílabo; debemos mencionar, además, que todas las didascalias aparecen en forma de décimas. Bojórquez exhibe también aquí, como hemos visto antes, una pro­funda interiorización formal. Por esta razón, el discurso poético encuentra la mejor vía para hacerse tangible. En esta antología mostramos, dadas las limitaciones del es­pacio, sólo el primer acto.

Hablar sombras tardó tanto para escribirse como para publicarse. Dentro de él, aparecen poemas escri­tos a la par de Pájaros sueltos y otros ya dentro de la primera década del siglo vigente. Es un libro de cinco secciones y diferentes perspectivas de la ruta iniciática; el poeta une la evolución del sujeto con las realidades de la conciencia. El campo de enunciación está cargado de símbolos e insospechadas conexiones que sólo el ser con los ojos abiertos hacia la inmaterialidad espiritual puede contemplar. La música y la danza, fenómenos del tiempo, anteceden y proyectan las visiones. Los poemas fluyen de la naturaleza al poeta, del poeta hacia el tiempo mítico y de esa atemporalidad al cuestionamiento filosó­fico. Siguiendo a Heidegger, a Celan, a Giórgos Seféris, el poeta interroga a la sombra.

El libro más reciente, Memorial de Ayotzinapa, apela a lo frágil de esto que nombramos como la realidad. Por esa inconsistencia, Quetzalcóatl puede estar inmerso en el atroz crimen de Estado contra estudiantes, por eso sólo en la distensión del mundo se aceptarían las explicaciones oficiales tan inverosímiles. Este libro narra a través del diálogo de Quetzalcóatl con su nahual –especie de espíritu protector que puede encarnar en cualquiera de los anima­les– la indignante suerte de los 43 normalistas aún desa­parecidos. Bojórquez empareja el mito de la búsqueda de los huesos preciosos por parte del Tezcatlipócatl blanco, o Quetzalcóatl, con la cambiante historia esbozada por las autoridades. Hay un tono doloroso, sin ser sentimentalis­ta, de principio a fin. La segunda mitad del libro lleva por título Cuaderno de perdedores y contiene varios poemas de corte amoroso que avanzan desde la sonoridad tersa hasta la tensión del lenguaje: “El que se sabe bestia de hirsuta pelambrera/ Que ácida orina marca su territorio infecto/ Quisiera darte flores y te doy un bramido”.

Como hemos comentado en esta breve presentación, Mario Bojórquez es un poeta dinámico, culto, popular; un hábil artesano del equilibrio entre la forma y las emo­ciones; es un poeta que enciende los hilos más sutiles del lenguaje, lo mismo que las vías de acceso más férreas a la conciencia. En otros términos, es alguien para quien la poesía, en sus variadas facetas, es la única patria.