Jóvenes poetas colombianas (Selección de Andrea Cote)



Las poetas de esta muestra no se agrupan bajo un marco generacional o una corriente estética, ellas son dueñas de voces singulares, cuyos hallazgos verbales y conceptuales las han convertido en los nombres más interesantes de la reciente generación de poetas colombianas. Ellas recibieron una tradición literaria nacional dominada por hombres y se han enfrentado de una u otra forma a la pregunta por el lugar de su escritura en el horizonte de esa tradición. Alguien alguna vez ya les ha preguntado si prefieren ser llamadas “poetas” o “poetizas”, o si los temas cotidianos o del cuerpo son, o no, territorio predilecto de la poesía escrita por mujeres. La respuesta a esas preguntas difíciles que algunos llamarían urgentes y otros de un falso problema es la manera en que cada una de estas escritoras presenta su poética de la subjetividad. Algunas veces lírica ancestral, como en Estrada y Gómez; otras, rural, voraz, como en Dávila y Velez o de la lucidez de los parajes interiores como en Ganitsky o Charry, estas escritoras transforman el espacio individual en nuevas rutas poéticas

Andrea Cote

 

 

 

 

 

 

 

Lucía Estrada

 

Ha publicado los libros de poesía Fuegos Nocturnos,  Noche Líquida, Maiastra, Las Hijas del Espino,  El Ojo de Circe (Antología), El Círculo de la Memoria (Selección de poemas), La Noche en el Espejo, Cenizas de Pasolini, Cuaderno del Ángel, y Continuidad del jardín (Selección personal). Con su libro Las Hijas del Espino obtuvo el Premio de Poesía Ciudad de Medellín (2005).

Textos suyos han aparecido también en varias antologías y publicaciones del país y del exterior, y han sido parcialmente traducidos al inglés, francés, japonés, italiano y alemán. Invitada a diversos encuentros literarios dentro y fuera de Colombia. Durante cinco años fue parte de la organización del Festival Internacional de Poesía de Medellín. Con su libro Cuaderno del Ángel obtuvo la Beca de Creación en Poesía, otorgada por el Municipio de Medellín en 2008, y en 2009 fue nominada por la UNESCO al Premio Internacional de Poesía “Ponts de Strugas” de Macedonia. Ese mismo año (2009) obtuvo el Premio Nacional de Poesía Ciudad de Bogotá con su libro La Noche en el Espejo.

 

 

XXIII

 

Y si esta piedra fuese nuestro pan

         y esta palabra sombra

                la única luz que nos asiste al terminar el día

 

y si la luz fuese la prueba de nuestro abandono

                 y si el abandono fuera nuestra más firme certeza

 

y si la certeza fuésemos nosotros mismos

                en manos de la muerte

 

y si la muerte se abriera como el exilio de un cuerpo

               que se resiste a la nada

 

y si la nada fuese nuestra mesa

               y la copa en que bebemos un vino amargo y lejano

 

y si la lejanía se agolpara de pronto

              en la terrible inocencia de permanecer

con los ojos abiertos

 

y si los ojos fuesen las puertas de nuestra derrota

 

y si la derrota trazara el mapa del destino

como el pájaro enfermo la grieta

              de su soledad en el aire

 

y si el destino cayera sobre nuestra página en blanco

y barriera las hojas de lo que un día

fue nuestro árbol primero

 

y si el árbol se inclinara sobre las ruinas del amor

y las cubriera de musgo y hundiera en ellas sus raíces

 

y si las raíces fueran el cielo y el vacío de unas manos

que nunca han de aferrarse a cosa alguna

y sin embargo escriben en la piedra

y siguen el curso de su noche cerrada

 

y si la noche no fuese otra cosa que la noche

              

intemperie

 

verticalidad de un hombre solo

en su caída.

 

 

 

 Carolina Dávila

Escritora y poeta, abogada feminista y defensora de derechos humanos. Candidata a Magister en Derechos Humanos y Democratización.  Ha publicado en Libro de Poesía “Como las catedrales”, premio nacional de poesía del Ministerio de Cultura 2010. Ha sido colaboradora de diversas publicaciones virtuales e impresas en Colombia y Latinoamérica dentro de las que se cuentan Arcadia, La raíz invertida, los Poetas del  Cinco, La comunidad inconfesable, entre otros.

 

 

Carretera rural

 

Soporta en la quietud todo su peso

relegado al margen

no al “parque natural”

menos al valle abierto.

 

Un cóndor perpetuado en el metal

lejos de la flexible carne de sus alas

 

El viento pasa

no él

Él permanece constante

metalúrgicamente inalterable

 

Pasan los turistas

sin percatarse de la herrumbre

Posan, se recuestan, toman fotos

-una cámara promedio

hecha para captar los simulacros-

no queda en ellas

ninguna señal del deterioro.

 

Los turistas suben a los coches

Pasa el viento

los autos y el polvo que levantan

Cóndores – por supuesto – no pasan.

 

 

 

 

 

Tania Ganitsky

 

Tania Ganitsky (Bogotá, 1986). Profesional en Estudios Literarios con maestrías en Filosofía y en Literatura. Ha trabajado como bibliotecaria, librera, traductora y docente. En el 2009 ganó el Concurso Nacional de Poesía de la Universidad Externado de Colombia con la selección de poemas “El don del desierto”. En el 2014 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Obra Inédita con su primer libro: dos cuerpos menos (2015). Actualmente cursa un doctorado en Filosofía y Literatura en Inglaterra y adelanta una tesis sobre Emily Dickinson y Paul Celan.

 

 

Dicen que la última

llama

se encenderá

en el océano.

 

En el vientre de la ballena

que hospeda los mitos olvidados,

 

en su canto,

que conjura el retorno de los dioses.

 

Pero yo he escondido

unas cerillas

para amparar las llamas

de la tierra.

 

 

 

Camila Charry Noriega

Camila Charry Noriega nació en Bogotá, Colombia.  Es profesional en estudios literarios y cursa actualmente una Maestría en Estética e Historia del arte. Profesora de literatura y escritura crítica. Ha publicado los libros Detrás de la bruma, El día de hoy, Otros ojos y El sol y la carne. Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, rumano y polaco.

 

 

1.

EL AGUA MECE LA CASA

 

y la oscuridad

tren silencioso

cruza y tantea los huesos.

 

Los habitantes observan

desde los rincones

acostumbrados ya

al vértigo que les produce

ser apenas la estación de lo que fluye.

                         

Las paredes son de piedra

también los objetos más elementales:

las sillas

la mesa

las camas

los tenedores

los cuchillos afilados por si vuelven las fieras,

también las lámparas que cuelgan de los techos

manos abiertas

se encienden cuando la luz las nombra.

                    Todo lo demás es de carne.

El agua llena todas las habitaciones,

se abre paso a través del cuerpo

           nadie teme, todos saben

han aprendido que cuando el agua roce sus cuellos

flotarán entre la casa

y chocarán los muslos, las cabezas, los pies inertes

         (pequeños  pájaros que convulsionan en un pozo)

y siempre habrá carne que se afila

contra el borde de las piedras.

 

El agua mece la casa hasta el amanecer;

       luego vuelven las tareas cotidianas,

despertar a los ahogados

servir en los platos minúsculas algas

remover de las paredes peces mutilados

limpiar con las escobas la oscuridad de los rincones

peinarse las raíces que han crecido durante la noche

            desprender de los ojos la humedad

las visiones:

carne sobre carne el aliento humano

carne despeñada

lamida.

 

 

 

María Gómez Lara

Bogotá, 1989. Estudió literatura en la Universidad de los Andes en Bogotá y tiene un máster en escritura creativa en español de New York University. Actualmente cursa un doctorado en el Departamento de Lenguas Romances de Harvard. Poemas suyos han aparecido en distintos medios de Latinoamérica y España. Ha publicado los poemarios Después del horizonte (2012) y Contratono (2015), libro con el que mereció el XXVII Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe a la Creación Joven. Contratono, además, fue publicado en Lisboa en 2015 traducido al portugués bajo el título Nó de sombras.

 

 

RECUERDAS CÓMO ERAS CUANDO TE PARECÍAS AL FUEGO

 

entonces te llevaba te empujaba te tumbaba

una fuerza enorme que no entendías cómo ni por qué ni hasta cuándo ni dónde desembocaba el precipicio

 

luego aprendiste:

 

poco a poco estudiaste las minucias de cómo echar raíces

para que no te jalaran de la tierra

 

le enseñaste a tus huesos a convertirse en ramas

te hiciste sentir madera

 

y que la piel remendada de tantas cicatrices

se estirara se ensanchara se doblara pero no

 

nunca quebrarte otra vez

aferrarte a tu corteza

 

no desdecirte    no tener

que desandar tus pasos no gritar

 

mejor

 

quedarte quieta

y recordar ahora

 

casi desde lejos

casi mirando a otra

y sin embargo tú

 

que estás a salvo al fin

 

aunque arrastres aún

el fuego en las cenizas

 

María Gómez Lara

 

 

 

Fátima Velez

Fátima Vélez Giraldo (Manizales, Colombia, 1985). Estudió literatura en la Universidad de los Andes, maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional de Colombia y maestría de Escritura Creativa en la Universidad de Nueva York. Ha trabajado como profesora de escritura creativa y gestora cultural. Fundó la residencia para artistas Residencia en la Tierra. En el 2012 hizo parte del equipo de curaduría del Salón Regional de artistas de la zona Centro Occidente. Sus cuentos, poemas y ensayos han sido publicados en diferentes blogs literarios y antologías. Su libro Diseño de Interiores ganó el concurso Nacional de Poesía Ciudad de Bogotá 2015, premio no otorgado, por faltar la firma en el formulario. Su primer libro Casa Paterna (Universidad Externado de Colombia, 2015) es una antología de tres libros inéditos: Orillas (2003); Diario del refugio (2013); Diseño de Interiores (2014-2015); y Del porno y las babosas (2016), este último en colaboración con la artista Power Paola, publicado por la editorial brasileña DEEP.

 

 

 

alimentar a los caballos

 

similus cum similibus curantur,

que quiere decir que los burritos se juntan para rascarse

las montañas de Catskill

el establo

un caballo marrón

él le dice

si fuera animal

sería un caballo

 

como el caballo marrón

que ella mira y dice me excita

 

cómo la excita

pregunta él

ella responde

como si las cosquillas quisieran reemplazarme, muy aquí, con la escasa noción que pueden tener las cosquillas del aquí

seguramente el caballo la sepa abarcar bien

dice él

pero, advierte

si alguna vez ella se acuesta con un caballo

no volverá a tocarla

ella no está diciendo con perros

con gansos con cabras

dice con caballos

pero No es un músculo enfático

y ella comprueba cuando toca su mano

el No mayúsculo

impregnado de lomo

y dice no me acostaré con un caballo

para que siga tocándome

lo dice en serio

sabe

no existen otros caballos como él

las montañas de Catskill

se hacen las que no oyen que no saben

y rodean un lago antes un pueblo

removido del núcleo para contener

la reserva de agua de la ciudad donde él y ella

toman agua de la llave como si no estuvieran lejos

de lo que alguna vez los hizo cerca

de qué han estado cerca

no del futuro

pero existe

dónde

en el agua de la llave tal vez

 

si la mirada estuviera hecha para extraer lo otro

de lo uno

pero el ojo no ablanda

el cuerpo allá

marrón con la sustancia de lo vivo

su cola espanta moscas

sabe producir mirada

comer cagar ver oler una hembra

abalanzarse incrustarse

lastimar el reflexivo

solamente en comer

comiendo buscando más comida

gerundios del potrero

pero si hay una hembra

tumbar

arrasar

he ahí una palabra

 

he ahí una función

 

en contraposición las hojas

su postura de otoño

caen como si de caer hubiera adentro un canto

inspección del nosotros en la caída

el yo se instala en ella

él muta en otro

donde hay un yo y un tú hay un lugar donde crecen

y se ajustan y se enquistan las expectativas

 

alerta no quedar

en ese ahí de nos

qué hacer luego con esa pulsación

frente al semental jamás castrado

el espacio entre

se cubre de atmósfera

la visión declina

es ahora un asalto relinchante

y ella ya no está con una persona, ni con un caballo

está con la sensación de esa persona, de ese caballo

 

dirían que no se desea un objeto sino un conjunto

no me acostaré con un caballo

dice ella

pero cómo sabemos

los que pronunciamos palabras

y escuchamos promesas

los que creemos en mundos naciéndose

y otros acabándose

el mundo de las moscas, por ejemplo

el sexo con caballos, por ejemplo

de tanto desear que de ahí surja materia

no como pus

no como llaman los espíritus a lo vivo

materia como un colgar

de la firmeza de un caballo

la firmeza en que la forma encaja

 

formas colgantes que se parecen a aquello que las desea

 

¿qué se siente penetrar?

pregunta ella

debe ser, pero dígame usted

sabe más de esas cosas

debe ser apretar

que flujo se haga súbdito

materia que habla sobre cómo siente su materialidad

¿humedad? ¿barro? ¿qué?

Poder, dice él

poder sacar de un cuerpo donde el otro no es posible

el talón del amor

se podría hacer cuero de este momento

un cinturón de mirar un caballo

un cinturón marrón jala con su hondo animal

un cabalgar tal vez hacia un futuro

mejor hacia un presente

con anteojeras blindada la ansiedad de ser otro

tomados de las manos

la cabeza de ella descansa en la de él

y ella lo rascará, le dará guayabas, alfalfa

zanahorias