Donde están ellas: Galina Rymbu (Rusia)



Presentamos, en el marco del dossier “Donde están ellas”, preparado por Andrea Rivas, y en versión de Indira Díaz, un texto de la poeta rusa Galina Rymbu (Omsk, 1990).  En Omsk realizó sus estudios en la facultad de filología y teología. Actualmente es estudiante en el Instituto de Literatura Gorkogo. Sus versos han sido publicados en las revistas “Deti Ra”, “Volga”, “Sibiriskie ogni”, y en publicaciones electrónicas tales como “Novaya realnost´”, “Alternatsya”, “Znaki” y dr., en los sitios “setevaya slovesnost’ ” y “Na seredine mira”. Fue parte de la short-list del premio “Debyut” en 2010, finalista en el premio “LiteratuRRentgen” (2010), obtuvo el segundo lugar en el Slam de Moscú (2010) y el Gran Premio en el festival “molodoi literator” (Jóvenes escritores) en la categoría de poesía. 

 

 

 

 

 

 

el sueño terminó, Lesbia, ha llegado el momento de la tristeza,

el tiempo se quitó el anillo y el vestido en el festín sangriento

en honor a la memoria de nuestras hermanas

¡brindemos!

 

oh, Lesbia, el tiempo de la guerra ha llegado,

es tiempo de comprar armas para los hombres fornidos

es hora de ocultar cuchillas en la funda de la macbook, llevar una navaja

apretada entre los dientes, y moverse a través de las oscuras filas fascistas.

 

oh, Lesbia, este tiempo yace, rígido dentro de un ataúd,

como el cráneo roto de una victima

con el rostro bañado de sangre y la mirada indiferente.

sientes, como late mi corazón, cuando tu mano se acerca

a mi pecho ¿cómo nos aplasta la noche?

ha llegado la hora de caer borrachos en la tverskaya, en la avenida de la paz

y de abrazarse.

 

la hora, en que el amor y la política- son una misma cosa,

y la policía y el odio- son algo distinto.

en el que en las conferencias abiertas se cambian lecciones de lucha callejera,

en el que el aliento en la helada se convierte en imaginarias universidades libres

y el oso olímpico se queda sobre el regazo,

a su lado también sobre el regazo hay un niño,

puedo ver, Lesbia, en tu mano, una navaja de afeitar, tu cabello enredado y tu mirada enloquecida.

 

detente entonces- ¡nuestro corazón aún soporta!

mirando a nuestros padres a los ojos, a través del escozor, atravesando el patio,

irrumpiendo a través del cordón,

dejando grafitis y poemas,

Lesbia ¡levántate! Es tiempo de entonar una alegre canción,

escupiendo sangre y pedazos de dientes,

cubriéndonos la cara con las manos, rasgando el asfalto,

hasta que nuestros hermanos, nuestros amigos, nuestros padres

nos rodeen y griten: “¡opa! ¡Opa!”

 

yo no sé, que libros debería leer,

qué tipo de lucha política es necesario practicar aquí,

cuando todos alrededor no están ni vivos ni muertos,

y según la intriga, establecen un orden en el no ser,

mientras se llevan a los labios un pene lleno de orines

tras una pila de madera en el patio de la escuela: “ahora te enseñaremos”

 

esta noche ni vivos ni muertos,

cuando no conoces la lengua de nadie,

¡levántate, Lesbia! ¡Ya basta, de ponerte de rodillas!

levántate, querida, incluso si eso significa la muerte

y este banquete, terrible y sórdido, esta comida sustanciosa,

estos gusanos en la cabeza “la junta negra”,

estos gritos, golpes, lloriqueos y concentraciones- todo se pudrirá en el abismo.

 

 

 

 

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