Donde están ellas: Verónica G. Arredondo



Para ver a la medusa de frente basta con mirarla: y no es mortal. Es hermosa y ríe.

Helene Cixous

Hélène Cixous en la introducción a La joven nacida se pregunta “¿dónde está ella?”: la cultura falocéntrica del mundo occidental, el sistema heteropatriarcal en que existimos ha jugado siempre con ideas duales jerarquizadas donde lo femenino está del lado de lo débil, lo negativo, abajo, por contraposición a la fortaleza, lo positivo, el arriba. Ella tiene un sitio de silencio desde el cual es vista por el otro desde aquella construcción que se le ha impuesto donde “nos han inmovilizado entre dos mitos horripilantes: la Medusa y el abismo”. El feminismo ha hecho grandísimos esfuerzos por desmitificar la figura de las mujeres, por mostrarnos a la medusa de frente. Pero no hay una sola voz de la medusa. La escritura de las mujeres no es una y no surge de una sola posición en el mundo. Desde distintos lugares de enunciación, ellas hablan y exigen ser escuchadas, miradas. La medusa está en todos los lugares y su voz resuena, susurra, gime, quema, cura, se aferra, se deja ir y vuelve, hace perdurar su palabra: escribe. Es sumamente necesario unir aquellas voces, leerlas, conocerlas, estudiarlas, celebrarlas. Es indispensable un espacio donde, como en un cuarto propio, sean libres de pronunciarse desde todos los vértices de su creatividad. Aquí un sitio de reunión donde ellas están y hablan.

Verónica G. Arredondo (Guanajuato 1984) Autora de Ese cuerpo no soy (UAZ/2015), «Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2014» / Je ne suis pas ce corps, traducido al francés en RAZ Éditions 2018; Verde fuego de espíritus (IMAC/2014), «Premio Dolores Castro de Poesía 2014», Voracidad, grito y belleza animal (UAZ/2014), ensayo-tesis de maestría, y de diversos libros de artista. Poemas suyos han aparecido en el Periódico de Poesía de la UNAM, Nexos, Tierra Adentro, entre otras revistas. Ha participado en encuentros literarios dentro y fuera del país. Maestra en Filosofía e Historia de las Ideas por la Universidad Autónoma de Zacatecas; egresada del doctorado en Artes en la Universidad de Guanajuato. Becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en la categoría de Jóvenes Creadores 2017-2018.

 

 

 

Laura Palmer

 

Fire walk with me

Twin Peaks (Dir. David Lynch)

 

Querida Laura

tu maquillaje se adhirió a la bolsa de plástico como se aferra a la vida tu respiración

el rubor en tu rostro de chica promedio  que inhalaba un par de líneas antes de entrar a clases

tu labial aterciopelado bailaba “pool dance” y entregaba su marca a cambio de unas monedas  nada más por diversión

Te hicieron creer que eras hermosa

la envidia de tus amigas  la infidelidad de tu novio  la voz entrecortada de tu madre en el teléfono  cuando llamaron para avisar que habías muerto

bajo tus sábanas las caricias de tu padre  el rostro de Bob  el asesino  el rostro que tú preferías ver

 

Laura  hiciste que la mujer del leño clarividente acudiera a la comandancia en múltiples ocasiones  para que sus dones psíquicos fueran puestos en duda

No fue tuya la culpa  ni de tu falda chiquita  ni de tu corsé ajustado  ni de escapar en las noches por la ventana  ni de la distracción del agente Copper y su encuentro del tercer tipo  vaticinado por el leño  hasta donde recuerdo

Tu destino estaba escrito en el fuego 

dejarías este mundo con tu belleza intacta

abusada por tu padre  envuelta en tres metros de plástico  lanzada al río

 

Fuego  camina conmigo  fuego  las cortinas rojas  el labial de Laura  fuego  la ira de

Bob  tu padre  fuego 

camina conmigo  detente  fuego  no hay testigos

 

 

 

Mariposa extraviada

 

A Valeria Reyes

 

Entramos a una tienda. Había hilos de colores brillantes y yo los veía bordarse entre sí. Le dije: «Quiero tejer un conejo». «No puedes hacerlo. Tú nada más las alas; lo pincharías y moriría desangrado. Serás la bordadora. Detrás de la cortina cambiarás tu traje, una mujer te maquillará y seguirás sonriendo». No me gusta cómo mira mis alas, si intenta vestirme tendrá que arrancarlas y moriré desangrada. «Sabes bien que las hadas se vuelven insectos y que son inmortales, no discutas y vámonos». Le pregunté su nombre. Dijo: «Soy Salvador, El Salvador, como el país». Él tenía el rostro de aquellos que lo saben todo. Me tomó la mano, caminamos; no sé de historias donde, en cabañas, el leñador o la abuela son devorados. Para mí, en la moraleja hay un árbol de hilos que borda pájaros y hojas.

 

 

 

 

Mamá me regaló un piano en miniatura

 

Aprendí a cantar en el desierto

 

A interpretar aquellas voces

 

A transcribir el sonido que escarban

entre huesos y dientes

las horas

 

Lo tomé entre mis manos

lo guardé en una cajita con llave

bajo mi lengua

 

*

 

Mamá: ¿y esta sed?

 

Mamá ¿y este silencio?

 

Mamá: ¿y tus flores azules

tu violeta en los labios?

 

Mamá: ¿y si en medio del sueño

abro los ojos?

 

*

 

En el jardín hay dos niñas

una con la cara pálida

otra con la cara tiznada

 

Son dos cisnes:

uno negro y otro blanco

Intercambian una orquídea para rascarse la espalda

 

¿A qué juegan?

 

Hacen el mundo visible

con el mundo invisible

 

*

 

Hubo un incendio

 

Abrí los ojos

el cielo raso

Las llamas habían devorado el tejado

el cielo raso

Cierro los ojos

Estrellas

 

Con su mano me extrae de la alcoba

la niebla como niña que juega dentro

en la casa de muñecas

 

*

 

Huimos del fuego en barcazas

eran orquídeas gigantes

capullos iluminados

 

Mientras las flores del yedo

esparcían incendio por doquier

adentro

en el orquidal

iniciamos el juego con la sombra

 

Navegamos la noche

en procesión de luminarias

descendimos el río