Poesía australiana: Clive James



Presentamos, en versión de Luis Castellví Laukamp, algunos textos del traductor, novelista, periodista, ensayista y poeta australiano Clive James (Sydney, 1939). Se mudó a Inglaterra en 1962 y estudió en Cambridge. Como poeta, es autor de Opal Sunset: Selected Poems 1958–2008, Angels over Elsinore: Collected Verse 20032008. Es crítico de literatura en prensa escrita, radio y televisión. 

 

 

 

 

 

Arce japonés

 

Tu muerte, ya cercana, será fácil.

Te apagas lentamente y sin dolor.

Te cuesta respirar.

Es incómodo. Sientes que se agota

la energía. No el juicio ni la vista.

 

Se agudizan, de hecho. ¿Advertiste

la gracia suave de la fina lluvia

sobre el pequeño arce,

muros de adobe del jardín rociados,

salón de espejos, Cámara de Ámbar?

 

Con el caer del sol aumenta el lujo

de ver el resplandor que alumbra el aire.

El brillo nunca cesa.

Tras mi muerte, vendrá siempre que llueva.

Mientras viva, disfrutaré mi parte.

 

Mi hija trajo a casa el arce nuevo.

En otoño, sus hojas serán llamas.

Aguantaré hasta entonces.

La visión concluirá con mi partida.

Aunque la vida siga indiferente:

 

Traspasando el portal hasta mis ojos,

riada de colores, vivirás

mientras mi mente muere,

marcada por un mundo que lució

al fin radiante, antes del final.

 

 

 

 

 

Japanese Maple

 

Your death, near now, is of an easy sort.

So slow a fading out brings no real pain.

Breath growing short

Is just uncomfortable. You feel the drain

Of energy, but thought and sight remain:

 

Enhanced, in fact. When did you ever see

So much sweet beauty as when fine rain falls

On that small tree

And saturates your brick back garden walls,

So many Amber Rooms and mirror halls?

 

Ever more lavish as the dusk descends

This glistening illuminates the air.

It never ends.

Whenever the rain comes it will be there,

Beyond my time, but now I take my share.

 

My daughter’s choice, the maple tree is new.

Come autumn and its leaves will turn to flame.

What I must do

Is live to see that. That will end the game

For me, though life continues all the same:

 

Filling the double doors to bathe my eyes,

A final flood of colors will live on

As my mind dies,

Burned by my vision of a world that shone

So brightly at the last, and then was gone.