Nilton Santiago: Premio Internacional de Poesía Vicente Huidobro 2018

Presentamos dos poemas de Nilton Santiago (Lima, Perú, 1979) , pertenecientes a su libro La historia universal del etcétera, ganador del Premio Internacional de Poesía Vicente Huidobro en su primera versión. Reside en Barcelona hace varios años. En poesía ha publicado El libro de los espejos (2º Premio Copé de Poesía 2003), La oscuridad de los gatos era nuestra oscuridad (Premio Internacional de Poesía Joven Fundación Centro de Poesía José Hierro, Madrid 2012), El equipaje del ángel (XXVII Premio Tiflos de Poesía, Visor Libros 2014) y Las musas se han ido de copas, con el que obtuvo el XV Premio Casa de América de Poesía Americana (Visor Libros, Madrid 2015). Para retrasar los relojes de arena (Vallejo & Co., 2015) es su primer libro de crónicas. Merecedor del accésit del Premio Adonáis de Poesía 2014.

 

 

 

Un lunes cualquier en la estación de Universitat, tras el último equinoccio de primavera

 

Despiertas,

los árboles aun arrastran pájaros en sus largas caminatas nocturnas

y tú tienes que correr a la ducha para darle cuerda a un nuevo día.

Sales a la calle y vas a buscar un café latte,

la sonrisa de la dependienta te recuerda

que los ángeles no son de fiar

porque son los burócratas del cielo.

Pagas, por error, con una moneda extranjera.

Las llevas encima porque son como postales de países que ya no existen.

Te disculpas y sales del bar con un puñado de pájaros en la garganta.

Llueve, pero no quieres abrir el paraguas

porque sabes que cuando llueve es porque Dios se ducha

según una vez te dijo una tipa muy borracha en un bar.

Cuando entras a la estación,

te das cuenta de que las alas de la gente chocan unas contra otras,

pero tú no tienes alas

sino un café latte que se incendia sobre tus labios.

Tres minutos y treinta segundos para el siguiente tren

y en la prensa gratuita del metro lees

que “Facilitar el despido creará más trabajo”

según un político humorista.

Ahora son treinta segundos, ahora el metro se aproxima,

como se aproxima el pasado para decirte al oído

que las lágrimas no tienen memoria.

Al subir, ves a tres músicos que hablan en un dialecto que no entiendes.

Te imaginas entonces que, como tú, son peces

y que, como tales, dejan sus escamas esparcidas por el aire 

mientras tocan sus acordeones

(que en realidad son grandes caracolas de mar).

De pronto descubres que una parte de ti

nunca subió al tren

y que la que se ha quedado contigo permanece asustada

entre las páginas del libro en llamas que llevas bajo el brazo.

 

Llegas al trabajo,

enciendes el ordenador y abres el paraguas

porque te persigue una nube como un presagio

de que pasarás años pagando tu corazón a plazos.

Miras hacia la ventana,

dos gaviotas comparten un trozo de pizza que se le ha caído a un niño

(que eres tú en un país que ya no existe).

Segundos después, las gaviotas alzan el vuelo

en direcciones opuestas.

Sonríes,

porque sabes bien

que ningún pájaro vive recluido en la soledad de otro pájaro.

 

Así son las paradojas de los lunes,

como ser dos que únicamente son posibles cuando se alejan.

 

 

 

Curiosidades de animales

 

El frío entra en la lágrima.

20 palestinos caminan sobre una gota de rocío y en Oaxaca han secuestrado a un colibrí.

Nadie sabe por qué, pero el abrazo de un migrante yace sobre las vías de un tren, abandonado entre caricias borradas con quitamanchas.

Sería su destino, diría el padre de mi madre, todos somos un ratón de laboratorio en una partida de ajedrez.

“No obstante compartir el 95% de sus genes con los humanos, los ratones no sueñan papá” —le dice mi madre.

El ajedrez es un juego de viejos, abuelo.

“La higuera envejece, pero cada día me trae más mariposas” —me responde él.

Una farmacéutica enciende un cigarrillo y se peina con una osamenta de pescado. 

Le da igual que mi abuelo haya ido a extraerse una iguana del corazón.

Cierro los ojos: mi abuelo entra a casa con una bolsa llena de patas de pollo.

A mi abuelo le gustan más las patas de pollo que los partidos de izquierda. 

Está harto porque en el sindicato hasta las peceras son una república populista con un presidente medusa. 

El cuerpo de la medusa inmortal es un 96% agua de lluvia —dice mi abuelo.

Abro los ojos: salgo del trabajo con el corazón hecho añicos.

El frío cree que la lágrima es un trozo de mar.

Han pasado tantos años, tantísimos años desde que me llamaste oso de anteojos, oso perezoso.

No sé por qué, pero la vida de las plantas de interior le interesa más a la prensa que 20 palestinos colgados de una estrella.

El Oaxaca han ejecutado finalmente al colibrí.

Nadie quiso pagar el rescate, aunque ahí los tulipanes son la calderilla de los ángeles.

(Aunque también se dice que el otro día en México un policía falso detuvo a uno verdadero).

El frío sale de la lágrima con una bufanda.

Se acaba de enterar de que el organismo del oso perezoso deja de funcionar a las dos semanas de haber muerto.

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