33 + 1 voces de la poesía uruguaya actual: Roberto Echavarren



“La noche amarilla. 33 + 1 voces de la poesía uruguaya actual” es un dossier que ha preparado Marisa Martínez Pérsico para los lectores de Círculo de Poesía. Su objetivo es visibilizar y difundir un repertorio de voces que se inscriben en distintas tradiciones líricas, es decir, mostrar una parte de lo que acontece en la poesía oriental a partir de cuatro criterios: diversidad discursiva y/o estética, integración equitativa de poetas mujeres y hombres, integración generacional (de por lo menos cuatro promociones etarias) e inclusión de poetas que escriben fuera del país (en Argentina, Brasil, México, España y Suecia). [Lee la introducción a esta muestra aquí] . 

Leemos una selección de Veneno de escorpión azul de Roberto Echavarren (Montevideo, 1944). Es poeta, narrador, dramaturgo, ensayista, director de cine, performer y editor. Procurador por la Facultad de Derecho de la Universidad de la República y licenciado en Filosofía por la Universidad Católica de Montevideo, hizo estudios de postgrado en filosofía en la Universidad Goethe, de Frankfurt am Main y se doctoró en Letras en la Universidad de París VIII. Fue docente en la Universidad de Londres y  Full Professor en la Universidad de Nueva York. Ha dictado seminarios en el Instituto Rojas de la Universidad de Buenos Aires, en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Montevideo, y en la Universidad de Santiago de Chile. Algunos de sus libros de poesía: El mar detrás del nombre (Premio Alfa, Montevideo, Editorial Alfa, 1967), La planicie mojada (Caracas, Monte Ávila, 1981),Animalaccio (Barcelona, Llibres del Mall, 1986), Aura amara (México, Cuadernos de la Orquesta, 1989), Oír no es ver, To hear is not to see, volumen interdiciplinario (México, Fondo de las Artes, 1994), Universal ilógico(Buenos Aires, Mickey Mikeranno, 1994), Casino Atlántico (Montevideo, Artefato, 2004), Centralasia (Buenos Aires, Tse-tse, 2005, Premio del Ministerio de Cultura de Uruguay; Universidad de Veracruz, Xalapa, 2014; bilingüe , Lumme, San Pablo, 2014), El expreso entre el sueño y la vigilia (Premio Fundación Nancy Bacelo, Montevideo, 2009), Ruido de fondo (Santiago de Chile, Cuarto Propio, 2010), El monte nativo (Buenos Aires, Juana Ramírez, 2015). Entre sus ensayos destacamos los dedicados a Felisberto Hernández, Manuel Puig y Michel Foucault, y entre sus ediciones críticas las de John Ashbery, Amanda Berenguer, Haroldo de Campos, Wallace Stevens, Julio Herrera y Reissig, Néstor Perlongher, Juana Inés de la Cruz y Wilson Bueno. Como director ceinmatográfico dirigió Atlantic Casino (42 minutos, 16 mm. color, 1989. Premios en el Festival de San Francisco 1990 y en el Festival de Filadelfia 1991). Como performer ha participado en varios espectáculos con Marosa di Giorgio (años ochenta y noventa), y con el grupo PIRA de Buenos Aires, (en la década de dos mil) en el Centro Cultural de España, en la Fundación Espínola Gómez, en el café Ladiaria, en el café Brasilero, en el Museo de Artes Visuales, en el Instituto Goethe, en L’Alliance Française, en el Museo Romántico, de Montevideo;  en el Centro Cultural Borges, la Estación Alógena, El Archibrazo, el bar Picasso, la Barraca Vorticista, el museo MALBA, de Buenos Aires; en el Centro Rey Juan Carlos de Rosario.

 

 

 

 

 

 

 

El rayo de amor blanco amarillo es un arpón completo es la visita la investidura del amor de mi estirpe llega como mandato presidencial de lo alto, es así,  no se discute, una investidura completa instantánea, un imperativo de la fuerza amorosa, un mandato al investir el cuerpo, el centro de la espalda, ese cuerpo  que viene en imagen vibratoria a la mente esa espalda que vibra investida el rayo tiene una direccionalidad, como la punta triangular de una flecha luminosa y nítida incrustada en la espalda.

Lo que el cuerpo requiera para su salud, para su descanso, para su recuperación. Estar bien en sí y disfrutar cada momento de brisa en el cielo vasto de una amplia azotea con el aire que viene del mar

Y sopla una bocanada fresca en los bordes de las hojas quemadas por el frío
Y se aspira hondo de mar
Y marejada fina
Con culebrilla llegando al fondo de los alveolos
Y se está bien
Pero se necesita una dosis de conversación.
Dale al cuerpo lo que pide pero ve todo desde el cuerpo
Y por lo tanto no te comprometas
En ningún vínculo que después te atosigue
Baja de la caja encantada del romance
a la experiencia pura y dura
en que cada cosa tiene su fresco dominio
de por sí, y el resto se ordena
como debería ser en las circunstancias.
Mira todo desde el terreno
para tomar en cuenta
las implicaciones del marco
las determinaciones y consecuencias
ya implícitas en el encuentro.
El lente que habías desplegado concernía
a los hechos mismos en su desnudez,
como si estar desnudo
fuese un close up,
sin tener en cuenta que la plática
posterior y las condiciones y expectativas
se mostrarían tal cual eran,
algo que no quisiste o pudiste considerar.
La torpeza enseña. Da una conclusión
a los hechos y el mercurio fija
la constelación de lo sucedido.
Y todo se gasta en el proceso.
Para llegar a saber: eso no.
Y cada vez te arriesgaste
y los hechos se volvieron tóxicos.
Pero ahora el quieto día de invierno
el aire está vivo ahora un ladrido amarillo
en el fondo de la tarde, de acuerdo
al filtraje del cristalino y estamos de los dos lados
dentro y fuera y se asienta en trasparencia
y el crujido dentro de tu oído
es el ruido de fondo
y el mono asoma sus manos
y la lámpara al sesgo las abrasa.

 

Somos máquinas sintientes, el sistema nervioso trasmite el impacto de cada movimiento muscular, pero no nos enteramos del proceso digestivo salvo cuando va mal, partes de la máquina llevan su proceso sin avisar a la conciencia, y el placer muscular, relajamiento y despliegue de las vértebras, hace parte de nuestra vida sintiente, apegada a la humedad del cañaveral, al musgo en las paredes.

La cara gomosa de Tlaloc dios de la lluvia con nueve puntos verdes dentro de su materia traslúcida. Se pega a los dedos.

Todo lo barre la lluvia.

Si pudieras recordar cada una de las tiradas de tu vida

esa huella habría marcado la secuencia de tus problemas y tu estilo, si pudieras recordar, pero te responde cada vez como si fuera la primera vez, y atiende los pedidos de quien sea, le dice cuándo y para qué hacer. Es un amigo siempre dispuesto a compartir su conocimiento contigo acerca de lo que te pasa, y te da la imagen y el juicio, te coloca en los dos hemisferios cerebrales, en el hemisferio derecho la imagen, en el izquierdo el juicio. La imagen es expresiva en sí misma, por lo que sugiere. Por otro lado los signos interpretan la imagen, dan un consejo, te centran en lo que debes hacer.

El cuerpo sosteniendo las farras del espíritu, el reino encantado del espíritu, el reino encantado de la permanencia, al costo del cuerpo, del que es y no es con su debilidad intrínseca de estar sujeto a la muerte y que paga el costo del mundo acolchonado del espíritu que es como un piso superior donde las cosas son y permanecen, mientras por debajo todo se barre innominado, sin nombre donde no se fiscaliza el pasaje y el escurrimiento de todo.

El dandy popular, como un gitano de Lorca, se esmera en recrearse para dar una imagen de sí como obra de arte. La creación de sí al nivel visual, donaire, posición, lucimiento de la figura, performance del cuerpo, por más que la imagen circula por su cuenta a través de los medios y atrapa por sí misma y nos introduce a la casa encantada del espíritu.

No somos otra cosa que máquinas o motores, para qué? La conciencia de los animales para sobrevivir y protegerse, la conciencia de nosotros, para qué? Tenemos el mismo mirar de crestas violáceas del lagarto, estamos planeados lo mismo en su figura, cordados cuatri-membres, hechos de la misma materia que nos separa de las plantas. La conciencia como el cristal de una claraboya, en su transparencia de mirada, esa capa o manto o membrana visual, flota, sin materia, espíritu, estado derivado del cuerpo, debido al cuerpo, esa nada ilusión de completud, esa completud cuando llega en nosotros mismos, esa completud que es nada.

Llega un punto en que el objeto de deseo es puro fetiche, o si se quiere figura, forma, formato que llega topológicamente a lo ridículo deformado como las cabezas reducidas, y un cepillo atado a un palo, una cabeza o semblante transformado en amuleto.

Lo que puede gustarme ha cambiado de formato, el anterior ya no es posible en ningún respecto y el nuevo parece no haber llegado aún, pero es evidentemente más abierto, menos circunscrito en términos de aspecto o edad.

La musiquita  llegó al final, de la alarma del celular, tinkle bells, singen glocke singen, de Papageno, surgió sola sin que nadie hubiese conectado ninguna alarma, era la música que sonaba temprano en la cama para  él, para que tomara su pastilla, aquí trasciende, alegre y pura, por encima del virus, pero también por encima de la relación, trasmutando cualquier sabor impuro con el perdón que la eleva, cuando ya no hay ego, y se mira con compasión a las criaturas en su conjunto, con sus cuerpos frágiles y sus estrategias cortas o largas, se los mira desde arriba, desde el perdón libre de ego, de juego especular atrapado, por encima en un derrame de luz sobre todo y todos y la relación.

Soñé que iba al inodoro a orinar y detrás de mí se paraba Jim Morrison esperando turno. Todo él tenía un color rojizo, como una transparencia, pero no menos real. Yo estaba a punto de orinar pero no llegaba a soltar el chorro, inhibido por él detrás de mí. Con todo logré tranquilizarme y orinar. Ahora Jim pasaba a mi costado para orinar a su vez. Su orina llegaba desde la ingle por un tubo fino color amarillo brillante, se enganchaba al pabellón de la oreja y lanzaba el chorro impulsándolo hacia atrás. Esa dinámica me hizo pensar en el ala de un Mercurio.

Se sentó y me mostró un escudo de mar, que estaba entre animal y planta: era áureo, parecido a una hebilla grande de cinturón con un “diente” o trompa como el pistilo sobresaliente de una cala, que terminaba en punta, o el tentáculo de un calamar, que se moría. El “escudo” caía como una tortuga, pero siempre entre la vida y la muerte, entre la flor y el animal.

Quisiéramos ser como las plantas pero somos sebo. Una hoja almendrada de sebo después de consumir la vela, animales de grasa, por más esbeltos.

Todo nuestro pensamiento está impregnado de un cuerpo graso, de carne, tendones, músculo, hueso. Por más que comamos vegetales, como las vacas, fabricamos grasa, y consumimos grasa, grasa animal y alguna grasa vegetal como la palta.

Una cabeza de nube, un perfil de nube con grueso cuello como un reptil antiguo, o un ser de nube, amarillo sebo en el plato cuando se quema la vela. Un cuerpo gordo que se asienta en la tierra y camina, en la parte de abajo.

El cuerpo mágico irradiante es el nahual, un cactus resplandeciente, un animal, el cuerpo en estado mágico, con un halo luminoso como de animal de piel luciente.

El morrón amarillo
El amarillo algo oxidado de los guardabarros del monopatín
Un amarillo de Il deserto rosso
Mi remera afelpada amarilla
El broche de oro
La medalla de oro
Usted se ganó una medalla de oro
con ese perro

 

Pude salir e inventarme una vida nueva, con propios recursos, centrado en mí, asumiendo las pérdidas, el robo de mi perro. Ahora hay perro nuevo, hay otra cosa. Otras cosas aparecen en el lugar de las perdidas. Lo que ya no se puede controlar hay que abandonarlo. Lo que nos destruye, lenta pero seguramente, cuando se agotan las posibilidades de crear dentro del marco de esa relación, cuando la posibilidad de autonomía no se nutre, ya no se desarrolla dentro de la relación. Cosas nuevas, vivas, sorprendentes aparecen. Cuando uno viaja solo. Frei, aber einsam. La vida se recrea en un nuevo contexto. Con nuevos participantes. Que aparecen y alternan con otros, en un juego desprendido. Ahora está, ahora no está. Cada presente es ese presente sin planes de permanencia, dado allí, arrojado.

Hoy en la puesta de sol vi un anillo verde y dentro del anillo verde casi enseguida un círculo rojo, el círculo se elevaba entre las nubes como un balón y desaparecía, y al rato volvía a surgir abajo, el anillo verde era menos visible, y el círculo rojo volvía a subir, supongo eso era el movimiento del ojo o tal vez del párpado, y voluntariamente podía fijarse, quedarse quieto unos momentos. Era este el rayo verde? No era un rayo, era un anillo. Y lo visible es un símbolo del corazón del mundo, del corazón de las cosas. Del corazón enterrado en la estación. No tiene sentido salvo en virtud del afecto. De lo vivo en nosotros.

Lo visible el radar de nuestros sentidos que nos orientan en el campo de las materias y las energías a la vez son índices de otra cosa, ínsita en lo visible pero invisible. El mágico espectáculo del mundo que nos maravilla como hoy es apenas la membrana de nuestra visión y el respiro del aire y en todo eso un reverso, otra cara, la energía que nos transita y que no es lo visible en sí, una energía que unifica mientras lo visible (lo sensible) separa. De ahí la tensión entre lo uno y lo múltiple.

El cadáver de Lautréamont, lo que hay dentro de ese envoltorio, son vidrios de colores, rotos. La rotura multiplica el color, pero en esa cámara oscura sin ventilación inundada de humedad se pudre, se pudren los materiales y caen los cascotes, y rompen el lambris del techo, con peligro de herir a alguien. El cadáver de Lautreamont es un tumor que se oculta. Es un forúnculo que no explota. Abrir el tumor es sanear: abrid esta tumba, en el fondo está el mar.

Ahora los cascotes a punto de caer pueden verse, porque se puede entrar desde abajo, rotas del tablas del cielorraso, abierta la cámara del vitral tapiado. Un vitral de líneas alabeadas con algo de Gaudí, descalabrado.

Era el último misterio de la casa.

Asentarse en la paz vigilante, el rayo la luz y el mantra para aquietar la mente y entrar al dominio, viviendo en lo impermanente momento a momento. Encontrar la paz no es un tema.

Me encuentro y me distraigo y lleno la ansiedad con rememoraciones de historias de personas que conocí o vi o que amé o me amaron, y el dolor, a qué nivel ocurre de esa frustración acerca de algo que no puede ser o se agotó y entonces se nota un retraso al nivel del sentimiento,

atraso para adaptarse a lo que la mente ve claro, inviable,
y al verlo claro e inviable
la mente se abre a la onda que nos atraviesa
no necesita imágenes o pensamientos.

 

Es  una lucha si me quieren secar, entonces nada prospera, ni la vida ni las empresas, un mal deseo sobre uno, que presiona y domina aunque no sepa, y me lleva a una torpeza, o tal vez no, pero me sale duro progresar, aunque no debería quejarme del trabajo.

Reconozco que progreso a través de mis fracasos, aprendo algo que quizá me sea útil en la próxima ocasión, o algo indispensable que debía aprender. Un instrumento correcto para presentar el material, la propuesta. La acabo de hacer, antes estaba preocupado sólo por el material.

Soñé que me había muerto y me ponían una mortaja amarillo dorado. Pero no estaba muerto a pesar de todo. El médico de la clínica me había dado una inyección para producir una muerte temporaria, para que naciera a una nueva vida.

El ojo cortado, el corte curvo vertical, alguien puede ver varias cosas y las cosas en su fondo, sin ilusionarse pero tampoco descreer, jugado al juego de combinar yuxtaponer, disponer, espaciar, y añadir sonido. Ve de lejos el conjunto del campo. Una posibilidad es el fuera de escena, la voz llega transfigurada desde la lejanía o el biombo, suavizada y convertida en pasado, que vuelve, y la voz de aquí la reconoce con un grito.

El cuerpo entero: Apolo y el cuerpo cortado: Dionisos
El cuerpo cortado ya murió y fue descuartizado
Es el cuerpo chamánico que conoce la desgracia
y mantiene la calma y la paciencia
y ya no depende de otro cuerpo sano
Lo relativiza, no depende de nadie,
sino de su propia intensidad
a través de la muerte