Una reseña sobre Xochitlajtoli



Presentamos una reseña de Reyna Torres Juárez, miembro del Círculo de Escritura Margarita Michelena, sobre Xochitlajtoli. Poesía contemporánea en lenguas originarias de México, la antología de poesía mexicana que ha modificado la comprensión de la producción poética de México ya que esta antología recoge 32 autores de 16 lenguas originarias de México, estos autores traducen sus propios textos para así mostrarnos un poco de las muchas culturas que existen en este país. Puedes conseguir el libro en nuestra librería dando click en la portada del libro.

 

 

 

Xochitlajtoli: Poesía contemporánea en lenguas originarias de México

 

 

 

 

Sobre Xochitlajtoli. Poesía contemporánea en lenguas originarias de México

 

Xochitlajtoli. Poesía contemporánea en lenguas originarias de México, publicado por la Círculo de Poesía Ediciones en 2019, es una antología sui-géneris, un tesoro cuyas piezas, labradas a pluma y mano, nos evocan y nos seducen a entrar a otros mundos en México: el náhuatl, totonaco, tsotsil, maya, mazahua, zoque, otomí, mixe, tlapaneco, zapoteco, mixteco, tseltal, ch’ool, chontal de Tabasco, chinanteco y mazateco. Todos desde la mirada de once mujeres y veintiún hombres poetas indígenas, voces actuales que nos deslizan en una pluralidad de colores como de lenguas que habitan nuestro país. Así el nixtamal, el fuego, la montaña, el bordado, los huipiles, las tejedoras de petates, serán figuras que nos recuerdan la originalidad de nuestro México.

A su vez encontraremos un libro dual, cada pieza escrita en lengua materna, con una traducción al español de la mano de su autor o autora, por lo que una advertencia oportuna es tener presente la riqueza, pero también el desafío de un poema mutable no sólo por la traducción escrita, sino por su lectura y la evocación de sonidos desde diversas lenguas. En Xochitlajtoli los poemas se hacen arrullo, canto, grito o tempestad.

Los elementos de la naturaleza serán recurrentes; el agua, hecha mar, lago, granizo o niebla, en la Oración al agua, de Juan Hernández Ramírez, nahua de Veracruz. En las páginas se dibujan paisajes, cada uno propio de la región desde la cual escribe el autor o autora, así Rosa Maqueda Vicente, oriunda del Valle del Mezquital, tierra hidalguense, nos envuelve entre huizaches, espigas y nopales, para rematarnos con una invocación a la Diosa Mayahuel. Sigue el recorrido y Simón Cotijo Villanueva, desde Guerrero nos recuerda la fiesta y la música en Petición de lluvia, rodeado de tlacololeros, mujeres jaguar, mezcal, agua bendita, paliacates y sones. Así, entre jubilo, también se nombra el disgusto, la nostalgia, sea la de Quetzalcóatl amenazado con ser devorado por balas de voces de olvido que nunca invocan su nombre, o sea la de un pueblo que lucha por que su lengua materna sea perenne.

Las mismas lenguas que no sólo nombran al aire, al fuego o al viento, imaginarios cercanos al abordar la literatura escrita en lenguas originarias en México. Sino también otras naturalezas humanas: el deseo y el erotismo. “Cubre mis pezones con la saliva de tu ausencia, lámelos una y otra vez”, leemos en A distancia escrito en totonaco por Manuel Espinosa Sainos. Aquí convive lo místico con lo mundano, el cempaxúchitl del altar de muertos con el deseo y las caricias de los amantes clandestinos.

Enriqueta Lunez, tsotsil de Chamula, Chiapas, entreteje con habilidad el deseo y lo materno, lo secreto y lo prohibido. “Ella peina mi cabello, trenza y destrenza pecados que jamás confiesa”, y más adelante nos estremece con la invocación a la madre, necesaria “para no olvidar nuestra raíz de luna”. De la madre, dice Nadia López García, de Tlaxiaco Oaxaca, heredé sus ojos, que son los ojos de la bisabuela, sus ojos y sus ríos adentro. Ríos que “sólo se curan con el recuerdo del copal, con sol y con volver a caminar”.

La madre siempre presente, consejera, que posee la palabra justa, en Cándida, poema de Irma Pineda, podemos leer “Mi madre descifró para mis ojos el lenguaje de las estrellas, me enseño a medir el dulce y la canela”. Una madre con la respuesta a cualquier pregunta, menos a una: “Con qué palabras se explica a los hijos qué es un desaparecido”; este poema de Irma Pineda, oriunda de Juchitlán, Oaxaca, nos enfrenta a esas otras realidades humanas que también existen y son dolorosas: la violencia, la impunidad.

El dolor por la exclusión, la marginación, la negación de la existencia están presenten en El tren de Martín Tonalmeyotl donde nos dice “de todas formas la vida está vendida a los carroñeros, a los coyotes rancios que ambicionan devorarnos vivos, comer de nuestros huesos de árbol”. La explotación en la albañilería, en palabras de Juventino Gutiérrez Gómez, mixe oaxaqueño: “Yo también sé de las revolturas, de las bellas construcciones que deja el cuerpo en ruinas”; el feminicidio “Leticia, ya no es la mesera deseada por los altos ejecutivos, es plato fuerte del día en un terreno baldío”; el engaño de la civilización que oculta la aniquilación, “quise usar su ropaje y me sentí desnudo, abrí su libro para buscarme y me sentí borrado, busqué mi identidad y mi identidad sangraba” fulminante certeza, la poesía.

Para finalizar, también se enuncian rarezas y curiosidades, nuevamente la poeta Enriqueta Lunez nos cuenta sobre el temor a las máquinas que roban el alma, que la atrapan entre los destellos que producen. Similares al brillo de la globalización, el capitalismo o el consumismo, que hace tener ganas de ser gallina o guajolote para únicamente observar plácidamente desde una rama, como nos dice el oaxaqueño, Eleuterio Xagaat García.

Xochitlajtoli es en definitiva “palabra nube, palabra florida, flor y canto, palabra que alegra, palabra que aconseja, palabra de las estrellas, palabra que despierta, palabra miel, palabra que vino del tiempo”, es decir, lo que desde otras lenguas originarias en México se define como Poesía.