Poesía española: Antonio Lucas



Antonio Lucas (Madrid, 1975) es uno de los poetas de necesaria lectura no sólo en España sino en la poesía del ámbito hispánico. Ha definido el poema como “un fragmento entrañable. Un territorio de construcción. Un nódulo que anticipa por azar una suerte de armonía inexpugnable y auténtica. Un caos habitable”. En una entrevista reciente, Lucas definió su trabajo del siguiente modo: “cuando empecé era un poeta de raíz mucho más surrealista, más irracionalista, y con el tiempo todo ese carácter se ha atemperado. He atemperado el lenguaje, porque también he atemperado muchos apetitos de la vida”. Recientemente publicó en Visor Los desnudos (Premio Generación del 27). Leemos aquí uno de sus poemas, recogido en El canon abierto. Última poesía en español (Visor, 2015).

 

 

 

 

 

Cabo de Creus

Será un rasguño el corazón.
Será un rastro de nieve para entonces.
Será una gota tarda que no ha caído todavía,
una amarra repetida que lanza cabo al mar,
un pañuelo enjuagando la memoria,
un triángulo será para alumbrar la savia de tu daño.

Y aun así volveremos a este mismo lugar.

¿Quién habrá zarpado para entonces?

Estabas esperándome donde se apaga el día,
a la hora en que toda claridad voltea y el deseo gime
al otro lado de los barcos, en la parte oscura de su rumbo,
en su ronca gramática de aguas.

Allí donde se cierra el día menhires de sombra ondean
y son tu voz secreta, tu pulso que se empapa de horizonte
y contradice el orden puro de la tierra, y niegan la alegría.

Pero la noche no llega a lo que no será ceniza,
se detiene antes, en cualquier respiración sin alboroto.
Y allí hace nido hasta rendirse,
allí se balancea hasta que el nudo, perfecto,
pone coto y argumento a la intemperie,
le quita la pereza y la razón a todo cuello.

Dejemos que este tiempo detenido sea candela del mar
por unas horas.

Del fin no temas su falsa evidencia,
sino el desorden que al otro lado asoma.
Mira cómo ruge la vida escalonada
en el estrépito del precipicio:
en forma de ave,
                    en fuente de aire,
en yunque de sueño,
                    en zumbido de amor.

Y aun así volveremos a este mismo lugar
y otra será la misma luz despedazada.
Dentro de ti clamará aquel dios que aquí invocamos.
Estará la piedra con su herencia de volcanes,
con su dura cruz de siglos dentro.
Estará lo que antes fue perdido,
aquello que hoy dejamos igual que un molde intacto,
lo mismo que una pausa con historia:
el himno inacabado, el hombro aquel desnudo y su armonía,
la sílaba que cristaliza en el oxígeno,
el arduo empeño de tus ojos por ponerle quilla a lo que miras,
que nunca más naufrague lo que has visto.

En la obediencia del mar,
los dos entonces,
tan sólo pediremos a la vida 
la clave de esa tarde a contramuerte.