Poesía mexicana: José Vicente Anaya



Presentamos un fragmento de “Peregrino”, un largo poema de José Vicente Anaya, publicado por Ediciones Alforja en 2002. En 1987, Anaya publicó uno de los clásicos de la literatura mexicana reciente, Híkuri, un volumen de poemas cuyos más de veinte mil ejemplares y distintas ediciones circulan en México. Además de poeta, José Vicente Anaya es el traductor más autorizado de los poetas beat en Hispanoamérica.

 

 

 

 

 

 

Velocidad /// en la carretera ///

de noche
por el desierto de Mexicali ///.
A 160 kilómetros por hora
las luces electrícas pasan en segundos,
se quedan atrás,
y el tiempo las apaga
(igual que apaga los cuerpos
de los muertos).

Velocidad /// en la carretera;
el símil de mi vida

 

Ya no dilata el amanecer.
Un día más que cae /
pequeño y rápido destello
que se dirige a un fondo oscuro.

Vamos de la negrura a la alborada.

Llegamos a un poblado.
Aquí hay que bautizarse
(Agua Hechicera es su nombre,
40 kilómetros antes de Tecate)

En el Valle de las Palmas
hay muchos olivos, pinos, eucaliptos,
pirules y tres palmas, sólo tres…

 

Un grupo de indios pai-pai
en el estacionamiento de
la terminal de autobuses de Ensenada,
duerme,
a las 12 de la noche,
sobre la tierra
harinosa café suelta
(las cobijas se ven impregnadas
de añejos sueños empolvados)
y alguien, sin hablar, me dice:
“Esta gente no ha perdido
en ritual amoroso con la Tierra”.

En Tijuana (que le llaman
ciudad del mal), ebrio,
platiqué con Dios
por la calle desvelada
que con sus luces policromas
semeja un túnel
incrustado en la noche.
Soy astilla de carabela
en el centro del maremoto, al volverme
velocidad
sobre el asfalto de la autopista. Y pienso
que he perdido pedazos de mi alma
no sé dónde
ni cuándo
tal vez en todas partes, siempre.

 

En la ciudad de Los Ángeles
retomo la calma
de un molusco enconchado. Ahí
me encuentra el anciano maestro chino.

 

Lo que desaparece
vuelve a un cauce
antaño abandonado
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Lo que aparece pro-
cede de la desaparición.