Poesía mexicana: Mario Alberto Santoyo



Presentamos una muestra de Mario Alberto Santoyo (León, 2002). Ha sido publicado en las revistas Castálida, Cardenal, Punto de partida y Ágora del Centro. Artista en el festival de arte urbano Mexicráneos. Aparece en la antología Nido de poesía por la editorial LibrObjeto.

Esta colaboración fue seleccionada en la Convocatoria 2020.

 

 

Domus Áurea

a Alberto Campo Baeza

Hundo en las caderas de la luz mi rostro,
camino por su pecho
como un surtidor
que tintinea cegado
entre las paredes blancas.

Voy del perfil a la transparencia,
de cuarto en cuarto
como un soplo.

Músculo solar,
ópalo incoloro, cuyo cuerpo
harto de ornamentos
busca
durante la mañana
la Desnudez.

 

 

Camino Real

a Ricardo Legorreta

Camino encerrado por la luz,
por el día que tropieza a cada hora
y nos empapa con su incandescencia
entre la ciudad
a la mitad de abril  y de anzures.

Nos asedia el color,
de pronto tiene cuerpo,
como las flores se desgrana:
pétalo celeste que revienta
a la mitad del patio.

En la recepción las cosas son distintas:
el cuarzo vuelve a ser cuarzo,
la luz se carboniza en el mural.

Los espejos de la sed
se cortan y se despliegan
por el viento inmóvil en el salón.
Es más seguro ahí dentro.
Las sombras nos desconocen fuera,
las paredes amarillas,
la lluvia horizontal de la fuente:
el color nos asedia
pero sigue siendo color.

 

 

Nórdica Bienal

a Sverre Fehn

Se despoja de su opacidad.
se va quedando desnudo,
turbio entre la transparencia.

Solo.

Tintinea, fractura el silencio
como una manta hilo por hilo.

Crece como una raíz de cuarzo
dejando pasar la claridad.
Triada de perfiles:
sombras apagadas como charcos
en el centro de la luz.

Se cristaliza la voz.
El manglar que tienes por cabellos
es de vidrio su garganta y su pecho
un bosque de escarcha,
artilugios solares que reposan
sobre una colcha de nieve.

Toda la vida te has consagrado al frío,
al mármol que arrastran tus mejillas
como soplos de carne invernal,
paneles y vigas cruzan las paredes
de una cicatriz escandinava.

El aroma glacial de los cuerpos
acosa tu quietud.
Sientes el rocío de los pétalos,
caminar sobre ti
siente a la humedad
borrar el invierno de tu rostro.

Las paredes y la nieve
soportan un cuerpo
y la altura de un pabellón.

 

 

Curutchet

a Le Corbusier

Esta naturaleza brota del asfalto.
La nueva Arquitectura construye los horizontes.

Las paredes nos persiguen,
caminamos con ellas:
nos habitan.

El espacio es una importación de dimensiones,
mezcla y cristal solitario
donde las Terrazas
elevan el vuelo
y se convierten en Quintas fachadas.

Lo tradicional se vuelve moderno:
colmenares de Hormigón
sobre Pilotes.

La vida es una carrera hacia el anonimato,
vista por los aviones de un Buenos Aires extranjero.

Cae la mudez sobre la tierra.

 

 

Casa Estudio

Soy la mente que se imaginó
esta casa cuando aún era jardín,
el pensamiento que en las habitaciones la soledad somete.
soy el jardín con su flor incendiada,
la escalera, los colores,
la galería de sombras huecas,
el tiempo sin horas.
Soy una pared más en este patio
y me quedo tranquilo dentro de la casa.
Es ahí donde vivo,
donde

que no hay un poeta en el mundo
que le escriba a Barragán como yo.