El neolirismo francés



Queremos entender la poesía francesa del siglo XX. Lo hacemos de la mano de Christine Andreucci, que ha publicado La poésie française contemporaine: enjeux et pratiques. Ahora leemos un fragmento dedicado al neolirismo, llamado también por James Sacre y Jean-Michel Maulpoix como lirismo crítico. La traducción es de Rocío Cuenca.

 

 

 

 

El neo-lirismo

 

En la década de 1980 apareció una corriente que podemos bautizar como “neolírica”. Jean-Michel Maulpoix es el principal teórico con obras como La voix d’Orphée o La poésie comme l’amour por ejemplo, cuyos títulos dicen bastante sobre el regreso a la tradición lírica (Orfeo y su lírica) y las temáticas románticas (el amor). Jacques Réda favoreció su aparición especialmente cuando dirigía la revista La NRF[1]. La reacción de esta nueva generación se trata, sobre todo, de ir en contra del privilegio otorgado a la forma por los movimientos vanguardistas y textualistas, y  en contra de la noción de experimentación. Se expresa, entonces, un rechazo muy claro hacia las investigaciones formales que a menudo se traduce como un retorno al verso regular. La poesía también busca volver a ser “legible” para la gran mayoría, pensando así frenar el descontento que existe, en gran parte, por culpa de las vanguardias modernistas. En general, la expresión sentimental es otra vez el centro de atención, al igual que el tema personal que había sido declarado muerto en los años 60.  Pero en un modo menor. En efecto, esta nueva generación lírica rechaza la exaltada ambición que pudo existir antes que ellos, negándose a creer que su palabra pueda cambiar el mundo (c.f Rimbaud “changer la vie”). Formalmente, el verso domina a expensas del poema en prosa, del aforismo o el fragmento. En 1991, J. Réda publica Lettre sur l’Univers et autres discours en vers français. Al utilizar los diversos metros tradicionales, el poeta pugna por un regreso “a las reglas más estrictas” frente a la consternación de los poetas y del público contemporáneos.

A su vez, llama la atención la fluidez de la escritura, en un discurso continuo que se desarrolla sin ruptura. La sintaxis de la comunicación cotidiana ya no se rompe, la corrección gramatical está de regreso y el discurso no ofrece nada incompleto o hermético.

En el plano temático, la naturaleza vuelve a ser central, objeto de contemplación como lo demuestra la frecuente mención de las estaciones en numerosos títulos como los Poèmes des saisons de Paul de Roux, el Calendrier élégiaque de Jacques Réda o La fin des vendanges de Hédi Kaddour…

La atención de los poetas se enfoca en los instantes frágiles de lo cotidiano, sin ambición metafísica ni voluntad emblemática, como en el caso de los poetas ontológicos. Los pequeños hechos cotidianos son señalados con emoción y modestia. Se trata de un lirismo sin énfasis, más bien en modo menor, siempre consciente de la fragilidad de la voz, consciente también de las críticas de que ha sido objeto. Así, las palabras de James Sacré expresan esta ambivalencia: “Tengo la impresión de que la poesía ha sido siempre una tarea íntima, para comenzar”. El poeta esboza una rápida historia de la poesía hasta el Romanticismo: “finalmente, el Romanticismo sustituye a los dioses antiguos por la figura del Yo y firma esta extraordinaria invención con la palabra “lirismo” (…) No es nada sorprendente que un lirismo tan íntimo (…) Tuviera tan mala prensa (…) Pero de hecho, más que un verdadero debate en torno al lirismo, me parece que asistimos a una continua profundización de la noción de intimidad”. Sacré inventa la noción de “lirismo crítico” para designar una expresión que no excluya de sí la distancia crítica: “la oposición entre crítica y celebración lírica es una visión falsa del espíritu”.

James Sacré exalta la infancia campesina en Vendée, todavía evocada en su reciente colección Si peu de terre, tout. Su último libro, Une petite filles silencieuse, dedicado a la enfermedad y muerte de su hija, confirma un tono elegíaco reivindicado desde 1972 en pleno estructuralismo con Cœur élégie rouge. Sin embargo, este lirismo incluye su propia crítica, una posición siempre distanciada, donde el poema reflexiona sobre el poema y a menudo pone en escena su propia génesis:

 

A cause du sentiment qui me vient

Que j’écris pour pas grand chose et sans rien dire

 de si important, trop occupé je vois bien

D’un tourment tout personnel, à cause de cela soudain

Je ne sais plus comment continuer, j’essaie

De voir si des notes prises (petits carnets rouges pleins d’encre et

de silence obscur)

Pourraient m’aider à grossir autant que je voudrais

 (Mais pour aboutir à quoi?) ce livre en chantier.

Tellement peu de projet et je me souviens si mal de tout.

Continuer c’est pourtant pas comme s’arrêter (mais j’en sais rien non plus),

 Malgré les mots de quelques uns qui font semblant de savoir;

Le sentiment d’écrire à côté. Des choses dont le contexte échappe à mon poème aveugle.

 

 

A causa del sentimiento que me viene

que escribo por poca cosa y sin decir nada

de importante, muy ocupado veo bien

un tormento personal, es por eso que de repente

no sé más cómo continuar, intento

ver si  las notas tomadas (cuadernillos rojos llenos de tinta

y de oscuro silencio)

podrían ayudarme a engordar tanto como quisiera

(¿pero para lograr qué?) este libro en proceso.

Tan pocos proyectos y recuerdo tan mal todo.

Continuar no es sin embargo como renunciar (pero no sé nada tampoco)

A pesar de las palabras de algunos que pretenden saber;

El sentimiento de escribir al margen. Las cosas cuyo contexto escapa a mi ciego poema.[2]

 

Desde hace una década, existen polémicas bastante animadas entre las nuevas líricas y las tentativas de una poesía experimental, entre aquellos que están a favor o en contra, citaré aquí por ejemplo a Jude Stéfan atacando a las neolíricas por ser el retorno a una literatura “convencional y retrógrada”, o “incluso la poesía confesional se destaca por versos bellos y fluidos”.[3] Y continúa el poeta: “nunca tuvo el ánimo para cantar”[4] y no forma parte de “los felices” libres para “detenerse en el camino y cantar sus penas, sus alegrías”.[5] De esta manera, para él es mejor “arrancar un llanto” y esperar a que el hombre “haya terminado de cantar en vacaciones”,[6] pero ellas tienden a atenuarse, sin un líder o una escuela real.

 

 

Notas

[1] NRF son las siglas para La Nouvelle Revue Française. Se trata de una de las revistas literarias más célebres fundada en 1908.

[2] Traducción propia

[3] Variété, Paris, Le Temps qu’il fait, 2000, p. 21.

[4] Xénies, Paris, Gallimard, 1992, p. 68.

[5] Idem, p. 20.

[6] Hordé, p. 151.