Una reseña sobre Durmiendo en Gaza, de Najwan Darwish



Presentamos una reseña de León Cuevas sobre Durmiendo en Gaza de Najwan Darwish, libro traducido por Diana Sofía Calderón y Alí Calderón, y publicado por Círculo de Poesía y Valparaíso México en 2017. Najwan Darwish es uno de los poetas contemporáneos más prestigiosos de Medio Oriente. León Cuevas Estudió Artes Visuales. Egresado de la Escuela de Escritores de SOGEM. Estudió la Maestría en Apreciación y Creación Literaria en Casa Lamm. Sus cuentos y poemas se han publicado en diversas revistas.

 

 

 

Las sobras de la explosión

Si despiertas entre ruinas es porque duermes entre estallidos, porque habitas entre fronteras que no duermen y tratas de conciliar el sueño entre las balas y las minas. Después haces tu vida diaria en lo que quedó de la guerra, y eso significa presenciar un albergue invadido por delincuentes contratados o ver tanques militares circulando entre las carreteras. Toda esta violencia e intensidad es lo que refleja el poeta Najwan Darwish. Reportero, poeta y editor palestino que vive en Israel y quien comenzó a destacar desde el 2000 hasta colocarse como uno de los poetas árabes más representativos de hoy. Autor de poemarios como Nada más para perder (2016) o No eres poeta en Granada (2018). En esta ocasión hablaremos de su libro Durmiendo en Gaza, publicado por la editorial Valparaíso México. Traducido al español por Diana Sofía Calderón y Alí Calderón.

De inicio el título de esta obra no sólo sugiere un panorama bélico sino que te pone dentro de él y sabes lo que vas a enfrentar una vez que abres las primeras páginas. Cada poema es una bala intensa, es una explosión de emociones que te hacen observador de alguna invasión judía sobre suelo palestino o de otros conflictos de zonas fronterizas. Tomando en cuenta que justo Gaza es el límite entre los dos países que se han encontrado en pelea constante. El libro está dividido en diferentes secciones: “Carnet de identidad”, “Los refugiados”, “Levantándome de su amor”, “Reservado” y “Lumpen”.

Arranca de golpe con la sección “Carnet de identidad”. Najwan Darwish siendo árabe en el suelo israelí afronta la desterritorialización como un fantasma habitual, además de que siendo periodista puede ver con lupa las huellas de la cultura musulmana y la cultura judía, sus diferencias políticas e ideológicas. Con su poema homónimo “Carnet de identidad” hay prácticamente un juego de nacionalidades despojadas y reencontradas, estas sirven como una especie de prólogo o introducción y prepara hacia “Jerusalén”, “Durmiendo en Gaza” y “Nunca te detendremos”, los siguientes poemas que describen más detallado el conflicto. “Carnet de identidad” es un texto que por cierto no está hecho en la estructura de un poema, ni de una prosa poética, sino de una especie de ensayo poético: “En cualquier caso yo fui un sirio de Belén que hizo escuchar la voz de su hermano armenio y fui un turco de Koya que por la puerta de Damasco entra en Jerusalén”, un juego de identidades con tono irónico, algo que también evidencia cuando dice “A pesar –de que como bromean mis amigos– los kurdos sean famosos por su severidad, yo estaba más blando que una brisa veraniega mientras abrazaba a mis hermanos de los cuatro confines de la tierra”, nos invita a la risa y la tragedia. De ahí en adelante hace referencias sobre las rutas que llevaron a los sefaraditas hacia Jerusalén y desembocan en el mismo patio de los moros, el dolor de los semitas simultáneo al dolor que provocan los semitas. Hoy en día hablar sobre estos problemas entre las dos naciones, tanto hebrea como palestina, es un no llegar a nada porque cada lado va a tener su versión, una de las formas en las que se puede tratar el tema es justo mediante la ironía de una persona que puede bifurcar su visión entre dos tierras. Los poemas siguientes, “Jerusalén”, “Durmiendo en Gaza” y “Nunca nos detendremos” concretan esta idea que comienza a construir el carnet de identidad y lo hacen a manera de subir la tensión. Por ejemplo, en “Jerusalén” hay referencias históricas como antecedentes, se menciona a Medusa como un personaje principal, que tomada de la mitología griega tiene su mismo poder y maldición de hacerlo todo de piedra, pero ahora como hermana mayor de Sodoma y Gomorra, Medusa convierte en pecado todo lo que ve, también en exceso y descuido, Al mismo tiempo el término de medusa en la lengua árabe está relacionado con guardián y con cosas positivas. Entonces aquí se puede crear un contraste interesante donde Medusa como guardiana de lo bueno es guardiana también del caos, y desde épocas de la edad antigua hasta el presente, el caos ha convertido a todo en piedra, en escombro y a la vez todo se entierra bajo el suelo. Es así como las personas que le rezan a Medusa son las mismas que entierran cadáveres. “Permite que quienes oran por ti se vayan al infierno” un verso que hace más claro este argumento. El poema “Durmiendo en Gaza”, homónimo al título principal, arranca con imágenes más viscerales, “dormiré como lo hace la gente cuando caen las bombas”. Si el poema anterior nos daba un contexto histórico, este nos da los hechos presentes y de Babilonia caen las palabras como misiles hasta Beirut y las calles de Dahieh para hacernos ver esos panoramas desoladores que habitualmente se nos vienen a la cabeza cuando nos dicen Siria, Palestina o Líbano.

La segunda parte del libro “Los refugiados”, te lleva de la mano para seguir caminando por las calles atacadas, no sólo para explorarlas sino para conocer a quienes las habitan. Con “Cogñac armenio”, “País” y “Los refugiados” se visualiza a familias de zonas a la defensiva, en un conflicto periódico, una guerra consigo mismos, las familias que heredan la insolación por el fuego en el cielo.

La siguiente parte es “Levantándome de su amor”, esta podría ser la sección que aparentemente parece más “random”, pues sólo abarca tres poemas que no parecieran tener nada que ver con el resto del libro y que contienen elementos cursis, pero al leerlos de nuevo, te percatas de que los tres están unidos por el deseo de un romance y el despojo de lo amoroso. Entre “Levantándome de su amor” y “Oración por el ruido del Cairo” hay una crítica a lo nupcial, en el poema sobre el ruido del Cairo, el último fragmento habla de cómo la festividad, al igual que el amor, sólo son pasajeros, al otro día estás en la realidad y la hermosa relación no fue más que un espejismo a mitad del desierto. Mientras que en “La madre de Charles” se ve un instante hacia atrás, entre los recuerdos infantiles del autor y un juego con la maternidad de su propia madre con la madre de Baudelaire, nos hace sentir una memoria dolorosa, al mismo tiempo no son coincidencia estos guiños a un poeta romántico y simbolista que habló sobre emociones oscuras y recuerdos del dolor.

Después viene “Reservado”, una de mis partes favoritas del libro, aunque no es momento de posturas personales. Es la sección más larga y cada poema funciona como una pieza completamente independiente pero a la vez con un grado de intensidad emocional y un mismo tono atmosférico. Algunos títulos como “Ahí”, “Alegato contra la historia”, “El autobús de la pesadilla”, “Nubes”, “Mayram” mencionan referencias cristianas, al mismo tiempo elementos de la muerte. A un lado se queda el judaísmo para hablar de otros símbolos bíblicos que conviven y contrastan con la religión musulmana, justo como es la ciudad Jerusalén, un espacio en donde conviven judíos, musulmanes y cristianos en sociedad, aunque sus ideologías de raíz sean opuestas. Esta parte cierra con broche de oro mediante el poema que lleva el título de esta sección, “Reservado”, el texto es corto y a la vez dice mucho, nadie se sienta en los asientos de la esperanza porque están y estarán siempre reservados. Esto es la voz de todos aquellos oprimidos que buscan justicia, un fragmento de paz pero que con el tiempo se empiezan a resignar que eso no podrá pasar. Tal vez la armonía esté reservada para las personas privilegiadas económicamente, pero también ellas parecen no aprovecharlo. Podemos pensar en Israel como la tierra que vinieron a reservar fuerzas extranjeras pero dejaron los asientos desocupados por si alguien que no sea palestino los pueda ocupar. La esperanza ante esto no existe y es mejor madurar para no hacerse ilusiones.

La última parte es “Lumpen”, el término queda perfecto si durante todo el libro se habló de las personas que respiran la periferia y además son acusadas constantemente por las naciones europeas israelitas y de Estados Unidos. Aquellos consorcios que no pueden avanzar más allá de ser terroristas con una mira y viven bajo las miras del occidente, La periferia siempre ardiente, en el aire, en el suelo y en las aguas. Esta es la parte dedicada a las almas que caminan viendo cómo otros países se beben sus arenas. Estos seres lumpen son los que ven proyectados los sueños de otros mientras los suyos fueron robados, los que oyen cuerpos caer, los que divagan en los barrios bajos presenciando a lo lejos cómo se construyen grandes hoteles de lujo.

La violencia cotidiana y el desastre pueden ser un tema recurrente en la poesía pero si se vive y se describe desde adentro puede transmitirse de manera más visceral y a la vez increíble. No es lo mismo retratar estos panoramas con ojos de un viajero como los hace PJ Harvey en su libro El hueco en la mano (2015), que hacerlo desde las entrañas. Ni siquiera se compara escribir la situación desde la visión de un poeta judío que como un árabe que vive entre judíos. Podremos comparar las tonalidades si leemos de nuevo el poema “Jerusalén” y después leyéramos “Jerusalén y tú”, de Asher Reich. Podremos percatarnos de los matices tan distintos entre ambas obras. Najwan Darwish es un infiltrado, un reportero que retrata al fuego desde el núcleo, un poeta que duerme entre sus enemigos y un eterno testigo crítico. Del periodista nace el poeta y del poeta se mantiene el periodista, y cada mañana sube al balcón de su casa a ver mortales fuegos artificiales, luego baja entre los muros y los cuerpos para hacer un collage de realidad, uno o más textos con las sobras de la explosión.

 

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