66 poetas mexicanas (Parte I)



Mario Urquiza Montemayor ha construido una muestra de sesenta y seis poetas mexicanas contemporáneas. En esta primera entrega leemos textos de autoras de distintas zonas del país  nacidas entre 1996 y 2001. En esta muestra aparecen textos de Ariatna Gamez Soto, Paloma Sheherezade, Karen Odette Rodríguez Martínez, Mirna Coreliel, Michelle Gómez Álvarez, Melissa del Mar, Tanya Trejo Smith Mac Donald, Sandra Dolores Gómez Amador, Jatziri Carolina González Rivera, Mariana del Vergel, Melissa Nungaray, Renata García Rivera, Shantal Abrego, Nancy Marlene Ruiz Pacheco, Daniela González, Yosselin Islas, Zurisadaí Santos Pe, Citlalli Emiret Romero Aviles, Nadia Bernal y Carla Alfaro.

 

 

 

 

DOSSIER: 66 POETAS MEXICANAS

Primera parte (2001-1996)

 

 

 

 

 

 

 

Ariatna Gamez Soto
(Estado de México, 2001)

Estudiante de letras modernas italianas en la FFyL de la UNAM. Ha publicado en diversos medios como Ágora (COLMEX), Punto de Partida (UNAM), Círculo de Poesía, Plástico: Revista literaria, Small Blue Library, entre otros. Aparece en la antología digital En la palma de tu mano (Zompantle, 2021) y en Nido de poesía: tercera generación (Librobjeto Editorial, 2021).

 

 

 

 

Poética del llanto

 
No me gusta llorar
me da miedo deshidratarme

 
ver mis ojos a punto de
S E R
           D E T O
                           N A D O S

 
Llorar es deshacerse
y no volver al río

 
secar la piel
hasta explotar

 
el olor a hierro
en la sangre:
un manantial coagulado

 
ll
o
v
e
r
sobre un cuerpo
que olvidó tomar
2 litros de agua al día

 
No me imagino
trabajando como plañidera
para limpiar el alma
de un muerto por crenación
mis lagrimas son demasiado saladas
(casi piedras que me
rompen)
para poder dar vida a otras

 
no existen mares solo de sal
se necesita el agua
contaminada por la vida de otros
el llanto que alguna
criatura divina
se encarga
de verter

 
Llorar es morir poco a poco
dejar que los espíritus escapen
de un organismo yermo

 
partirse
            en dos
con los músculos convertidos en tierra
y las venas
sin glóbulos blancos o rojos
vacías de toda nostalgia

 
detrás del llanto
solo quedan dos huecos
completamente drenados

 
una cascada de
sollozos

 
No me gusta llorar
porque me da miedo convertirme en piedra
en la sal que tomarán de un montón de agua evaporada
en esa lluvia que nunca vuelve

 

 

 

 

Al Oxxo que siempre me acompaña

 
En un Oxxo
todxs somos iguales

 
un no-lugar
porque en todos lados
lo encuentras
amarillo gris rojo

 
Dicen que en cada esquina de México
puedes atravesarte con uno

 
Yo digo que aparecen
después de invocarlos
cuando estoy borracha
o tengo hambre

 
Puedo afirmar que la isla
donde vivía Melusina
es una de esas tiendas

 
la pirámide funesta
de la que hablaba Sor Juana
no era más que la sombra
del letrero de un Oxxo 24 horas
          que iluminó al mundo
          cuando ella estaba despierta

 
Seguro detrás sus paredes
se encuentra la solución a la teoría de cuerdas
la cabeza congelada de Walt Disney
y las obras completas de Cesárea Tinajero

 
Todo lo que se pierde en esta ciudad
se encuentra en el sótano de un Oxxo
y todo lo que el mar devora
un Oxxo los escupe en sus refrigeradores

 
Es una deformación espacio-tiempo
un agujero del que todo sale:
nada más que basura espacial

 
el conjuro mejor logrado de toda la historia
          alguna vez oí
          que si repites la palabra Oxxo tres veces
          enfrente de un espejo a las tres de la mañana
          tu casa se convertirá en una tienda

 
Dicen que el metro
tiene túneles escondidos
que conectan una red secreta de Oxxos
y donde encuentras
una que otra niña caníbal
ratas gigantes
la gran innovación de la poesía
que definirá a este siglo

 
porque mientras los Oxxos existan
lxs  poetas de México
no morirán de hambre

 

 

 

 

Paloma Sheherezade
(Huatulco, Oaxaca 2001)

Estudiante de la licenciatura en Letras Españolas en la Universidad de Guanajuato. Poemas suyos han sido compartidos en las revistas Página Salmón, Monolito, Small Blue Library y en el Festival Internacional de Poesía “Soñéis con un poeta” organizado por la revista Cardenal.

 

 

  

Equilibrio

Creo en el empuje dorsal
hacia el talante de mis pechos
casi
como un credo somático

 
y en el arqueamiento de la vertebra
hasta acabar
en la curvatura del empeine
como un solo arco de hueso

 
y un poco
de pulmón elástico.

 
Prefiero tener pegada al paladar
la palabra equilibrio

 
clavar en la hendidura
de la boca misma
la lírica anatómica

 
y en su cantata dominguera
consagrar la voz
a la pulsante arquitectura
de otro cuerpo en equilibrio

 
jugar al tango
entre músculos adormilados
y volver
para madurar las horas
con los ojos cerrados.

 

 

 

 

Corona solar

 Creo en un aro espinado
más plasmático que vegetal.
Se me presenta como:
caprichosa arista conjugada
en multiplicidad de espigas,
segmentos de la diáspora
todavía unida al plexo.
Pienso en su perfecta moldura
de estrella licuescente
en ebullición naranja,
casi pura lava
y un poco de materia inconclusa
escapando a los reinos cromosféricos
a través de la mirilla
dislocándose lento,
hasta homologar parte de ella misma
en su propio anverso.

 

 

 

 

Karen Odette Rodríguez Martínez
(Estado de México, 2000)

Estudiante de letras hispánicas en la Universidad Autónoma Metropolitana y redactora en el periódico Modernidades.

 

 

 

 

Sous les mers

 
Estamos esperando el barco azul en la tiniebla.
Cristales rotos, rojos
Cristales rotos rojos
empapan la cara.
Me guía temblorosa la luz del faro, ilumina mi
barca la negra centella blanca.

 
Ebrio el mar con su espuma asimila su honda
tristeza,
le repugna el éxtasis en el que se mese, los
barqueros de tu sed tenaz ya os lloran.

 
Ebrio el mar vomita, se agita o se sonroja;
Imitan a las mujeres refinadas estrellas borrachas
finitas.

 
Lucha por no hundirse, como la luz temblorosa
Desviada por la fuerza de la tiniebla:
en nuestros cuerpos nos penetra sombra del viento
traemos el mar muerto adentro!

 
A Norte, Sur y Este la rosa, el pétalo avivando por
el furioso viento
la luna
llena ahora se esconde.
Perdimos la náutica en el extraño pavimento reflejo
de espejo nocturno
cielo.
Las estrellas lloran la mezcla de mi mar dulce.
Nos ha desvestido borrascosos y turbulentos
arrullos de mareas hambrientas.

 
La dulce mar nos baña con sus aguas saladas. Las
confundimos con los aceites que recorren piel y boca,
ahogo y certidumbre.
Es el mar corriente que alguna vez cruzo con su toro
Europa,
que hoy nos reclama como suyas

 
La pequeña barca levita sobre las olas, pero se templa
Cuando el dedo de yeso os llama.
La pequeña barca se mece sobre las olas, nos
Recuerda la cuna, a Dios y las figuras de cemento
Que ya nos reclaman.

 

 

 

Virtud XXI

 
Los hombres muertos se desnudan,
asemejan caídas de sombras. En su afán
miradas instantáneas los aclaman:

 
el Polvo desesperado, Mezclas de
tierra viva, voces en desplome y tierra
muerta.

 
Ofrendas vivas de muerte adornan
fúnebres capas de tierras desiertas.

 

 

 

 

Araceli Amador Vázquez
(Ciudad de México, 2000)

Poemas suyos aparecen en las revistas; Verso Destierro, Ablucionistas, Biombo Poético, Revista Cultural Mood Magazine, Small Blue Library, Hiedra, Kametsa (Perú) y en los periódicos Paréntesisplus, Exilio y La Razón. Actualmete es miembro de los talleres de “Poesia para volar” impartido por Cultura UNAM y “La pluma crece en la palma de la mano” del Centro Cultural Futurama. Ha colaborado en las antologías Campanas del Brezo, Editorial Ave Azul y Viejas Brujas III; Memorias Futuras, Aquelarre Editoras (2021). Poemas suyos han sido traducidos al italiano. Es autora del libro Sirenas de Cuarzo; el lugar privilegiado, Editorial Verso Destierro (2021). Actualmente estudia en la Facultad de Derecho de la UNAM.

 

 

 

 

Platino amanecer

Para Adriana Tafoya

 

Como si fuese una dulce naranja, el burro acerca el hocico al sol y se lo come a gajos.  Cada mañana recuerda el camino hacia el atardecer, se detiene a buscar más naranjas sobre la colina. Qué travieso borrico; se ha llevado el día entre los dientes. Se lo come, hasta que la noche tiene una mordida y cuando lo devora sale la luna. Entonces las ramas se convierten en mecates y la noche pasea a este burro. Qué bella mujer lo acompaña; negras olas son sus cabellos. Se mueve al trote del tierno animal, lleva en la mano un globo de plata.

Qué bella mujer; tan blanca en la oscuridad, con sus largos dedos busca en el pelaje del asno, entonces, encuentra palabras y las teje, una a una forma un collar; dice que tiene por oficio el de poeta. En sus menesteres no se da cuenta que aspira el sol lentamente, un gas amarillo se le filtra en la blancura, pero está tan concentrada que no se contamina.

Los primeros pájaros tapizan el helio, ahora son negros como la poesía. El gallo que canta ahora es azabache y de su canto salen notas negras y redondas. La mujer sigue haciendo collares con ahínco, como si de sus dedos dependiera el deseable día plateado. ¡Por fin!, ya no huele a soledad, ahora los lirios surgen de la tierra.

 

 

 

Inocencia

 

 No divagues,
que tus alas
no se entreguen a las pasiones
porque el águila
acecha tu vuelo.

 
No divagues,
desuella su rostro
de tres pieles
con los poros
de la indiferencia.

 
No divagues,
llena con estambre tus huecos,
une las tres pieles con luz.

 
No divagues,
que en tu pecho no haya codornices
ni cementerio de alados seres;
un matadero de gallinas.

 
No divagues,
porque de tanto volar hacia Dios
se te puede incendiar la vida.

 
No divagues, niña.
No te entregues al rojo camino,
donde las palomas se arrastran
y los tigres vuelan.
Porque en el centro
de una cama
se entretejen todas las intrigas
                                                  del universo.

 
En la jaula de los pichones
siempre hay un último canto;
el lamento del inocente
que estruja como la tristeza
de un perro.

 
Es el huevo que se pudre
                                          en su grito.

 

 

 

 

Mirna Coreliel
(Puebla, México, 2000)

Estudiante de la licenciatura en Lingüística y Literatura Hispánica por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Colabora como editora y columnista en el blog cultural Lector, Hazme Llorar. Se interesa por los estudios teóricos del erotismo en la literatura, la fotografía y la danza, además de la creación poética y narrativa.

 

 

 

Analfabeta 

 
Las más dulces coplas
tan elocuentes
al catar mis labios
ni siquiera han sido escritas.

 
No actúo como quisiera
no hablo lo que pienso
no comprendo lo que dicen.
Soy tonta, ya lo he aceptado,
lenta
para bien y para mal.
Olvido rápido,
mi cumpleaños,
nuestro aniversario
y alimentar a los canarios.
Por eso
no es un milagro
que siga viva,
que haya olvidado
matarme
el día de hoy.

 
Que soy tonta y brisa fresca
que soy tonta y mármol frío.
Soy mujer de pocas letras
llorona estéril, medio muerta:
una niña analfabeta
acariciando tu silueta
con la boca tartamuda.
Indefensa hasta los nervios
la que se ahoga, como idiota
con su propia lengua.

 

 

 

 

Pecera 

 
De mi miel es territorio
me carcome fresca
se pudre en las entrañas.

 
Isla diminuta y sobrepoblada
casa triste de aquellos
que se han quedado sin aliento.

 
No hay más agua
que el salivar de los perros,
hambrientos
gotas corroídas y tormentas de sangre
para no secarnos, vida.

 
Peces tiernos,
diminutos
que se están ahogando.

 

 

 

 

Michelle Gómez Álvarez
(Estado de México, 2000)

Obtuvo el primer lugar del Premio Estatal de Cuento y Poesía para niños y jóvenes San Miguel Cañadas, Tepotzotlán, 2018. Participó en el festival internacional de poesía, en el marco del V Festival de Letras Iberoamericanas FLIL en Toluca, 2018. Obtuvo el primer lugar en el Primer Concurso de Literatura “Horacio Zúñiga Anaya”, Universidad Autónoma del Estado de México, 2020, y el segundo lugar en el cuarto concurso de poesía “Félix Suárez”, Cui Ixtlahuaca, 2021. Actualmente es estudiante de Ingeniería en Computación por la UAEMéx y es miembro de la IEEE.

 

 

 

 

Coral

 
Sumerge undívago
a los secretos astríferos
del atolón.
Sorbe su sal,
amuleto que sosiega
la marea del vigoroso marino.

 

 

 

Incienso

 
La alborada
enciende tus mejillas,
carmesí que reverbera
en efluvios deleitosos.
Embelese y quema,
dulce incienso de verano.

 

 

 

 

Melissa del Mar
(Ciudad de México, 1999)

Estudia comunicación y medios digitales en el Tecnológico de Monterrey. Cuenta con el diplomado en Literaturas Mexicanas en Lenguas Indígenas (2019), por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. Es ganadora del Premio Mujer Tec (2021), en la categoría de Arte y Gestión Cultural otorgado por el Centro de Reconocimiento de la Dignidad Humana del Tecnológico de Monterrey. Ha sido publicada en espacios digitales e impresos como Periódico de Poesía, Buenos Aires Poetry, New York Poetry Review, CONECTA, Reforma, El Universal, Milenio, MásCultura de Librerías Gandhi. Ha dado conferencias en TEDx, Feria Internacional del Libro, Festival Mesoamericano de Poesía, Encuentro Nacional de Mujeres Poetas Jóvenes, entre otros. Forma parte de la antología Novísimas. Reunión de poetas mexicanas (1989-1999). Su trabajo poético se ha presentado en México, Argentina, Bélgica, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Haití, Italia, España, Estados Unidos, Pakistán, Perú y Uzbekistán. Ha sido traducida al inglés y al uzbeko.

 

 

 

Resurrección

 
A la mañana la despierta un cordero
que enreda sus ojos en las hebras de mis sábanas.
Me susurra credos que soñaba olvidados, su balar señala el porvenir.

 
Salgo de la casa que habito
y en mi jardín encuentro
una puerta que cruzo sin detenerme a abrirla, el cordero me acompaña.

 
Podo el desierto que recuerdo
y siento de cerca un Mar.
Miro al centro de su abismo,
veo pasar a una mujer meciendo en sus brazos
a la niña que es ella misma.
 

Me llama por un nombre
en el que me reconozco,
en donde ella también lo hace;
nos sabemos en aliento y palabra.

 
Entre el yermo y el centeno,
yo también gesto en mi vientre,
broto, crezco espora, fluyo limbo,
me doy vida
cruzando el sendero para llegar a la que soy,
a la que ha de nacer de nuevo.
Así, siendo mi propio hito, inicia el territorio de la historia,
que esta vez cuento sin culpa,
que ahora escribo sin pecado.

 

 

 

Génesis

 
Una voz me dijo al oído, cuando nací en silencio de la entraña de la tierra:
“todos los males del mundo se harán en tu nombre”

 
¿En mi nombre verdadero?
Así, nací con culpa, entre tinieblas y abismos,
sin saber por qué cubrir el cuerpo y callar el duelo.

 
Del mito que es pecado original,
mi vientre como ofensa ha sido señalado,
pero hoy, en el celaje que de mi brote
germinó, entiendo que

 
                                          mi herencia es más que carne,
                                                y, para saberme mañana,
                                                          devenir aliento.

 
Cada lamento
regresa siempre a mi nombre,
todas las marcas sangran mi rostro,
porque construyeron nuestra existencia,
a partir de una lágrima que nunca fuimos.

 
De mi bulbo ha crecido el polvo, el llanto, la herida.
Sí, de mi grieta escaparon langostas,
pero lo que nos plaga no es mi cuerpo,
sino el verbo que busca separar al agua,
cuando somos una gota,
en la huella que nos hermana.
 

 
De
(r)
ramada
en mí,
basta con la lluvia para llenar la hendidura.
 

 
                                                                       Es verdad, me perdí en una cueva que lejana
                                                                                              nunca fue mi hogar,

 
pero, ahora,
me sé la cierva que, buscando agua,
encontró en la palabra
su reflejo.

 
Decido que soy más que llanto y silencio,

 
silvestre,
                                                                                        como ellas,
hierbas que
curanderas
escriben en conjuros de lengua libre
lo que habrán de saber
las que habitan este monte
                                                                     donde también florecen laureles.

 
          Fluyo en mí, como ya todos los mares lo han hecho
          y me hundo en la llaga para ahogarme
          hasta volver a existir.

 
Me parió la palabra que me invoca,
en donde
crezco brote en el yermo, la tierra prometida,
el Edén que siempre hemos sido,
sin necesitar ser aradas.
 

 
Y si como a otras me llevan,
busca en la palabra.
Sabrás encontrarnos a raudales
entre el rosal y el tronco,
anunciadas en zarzas ardientes.

 
Donde montañas de gris tizne veas,
sabrás que estamos sepultadas siendo también caverna
que se levanta sobre el suelo para gestar tu pascua.

 
En nuestra resurrección
                                    dirás mi nombre,
el que solo tú conoces,
y todos los nombres que soy.

 
Al pronunciar con el verso que nos invoca,
te será susurrado
lo que ya sabías:

 
          Que en nosotras arden
          todos los Mares,
          que no soy, ni fui pecado.

 
Que no nací de un fragmento,
no me yergo mitad, ni gracias a un huesocostilla
        soy.

 
 
    Entonces,

 
             nos verás desdoblar heridas en la luz menguante,
                             urdir el corte en cicatriz,
                                          correr la memoria trazada,
                                                     aullar nuestro nombre, danzar libres del estigma que
                                                                  una roca profesó
                                                                          y aprender a hacer lo que siempre nos fue negado:
                                                                                       habitarnos.

 

 

 

Tanya Trejo Smith Mac Donald
(Ciudad de México, 1999)

Además de su amor por la literatura, tiene formación musical y ha participado en proyectos como pianista y también como cantante. Actualmente estudia la carrera de Psicología en la UNAM. Su sueño más grande es ser novelista y lograr publicar sus novelas algún día.

 

 

 

El Renacer de las Estrellas

 
Detrás de las columnas del Partenón
Entre carrizos de Tebas
O viñedos de Parma,
Miran a las estrellas;
Y dibujan los propios ojos que miran
Para sentir que son mirados de vuelta.

 
Conectan los puntos mediante líneas invisibles;
Invencibles, conquistan las tinieblas
Desde los tiempos inmemorables en que
Los faros citadinos no habían nacido,
Y los faraones reinaban sobre desiertos ambarinos.

 
El brillo de algunas recuerda al oro,
Aquéllas blanquecinas, son diamantes
En la gala nocturna.
Y los ojos que conectan los puntos
Mediante líneas invisibles,
Dibujan su rostro en las estrellas.
En sus manos, el tesoro; en sus cráneos, la corona.

 
Ahora, los faros citadinos opacan las estrellas.
Entre el humo metropolitano, los ojos se derriten
En lágrimas involuntarias que desvanecen los trazos
Del tesoro y la corona.

 
“Compra tu corona en la tienda más cercana;
Está en descuento, incluso al dos por uno,
Para una reina como tú.”

 
“Basta de andar entre las estrellas,
Con la cabeza en las nubes,
La cintura en el corsé
Y los pies en zapatillas de cristal. “
 
Acepta. Acepta.
A las cosas por su nombre.
El espejo se rompió y ya no dice
Quién es la más bonita,
Ni las bestias tienen corazones de príncipe.
Los cuentos de princesas son una mascarada
Para impedirnos ver nuestro verdadero rostro de guerrera.
Así que acepta. Acepta, y de paso, ¡Compra también!

 
No. Que tanto amar el rostro de lo innato no te ciegue los ojos de vidente,
Capaces de ver lo posible. Lo que no ha sido. Lo que puede ser por tu mano.
En ti misma y en el mundo.

 
‘Puedo amarme en presente y en futuro.
El amor propio es amor por una potencia,
Que se actualiza constantemente.
Es vestirse como la luna,
Esculpirse como estatua de Pigmalion,
Pintarse, independientemente de si como un Rubens,
Como un Degas, como un Goya o como un Picaso.

 
Al mirar a las estrellas, acepto las posibilidades:
La guerrera, la princesa, la poeta, la amante,
La simple mortal, capaz de despertar la ira de Hera,
Y cuyos huesos ahora yacen en el firmamento.

 
Porque ser una gran estrella no implica estar en
Broadway o en Hollywood o tener un reino a tus pies.
Sin embargo, no es cosa simple, ni el brillo es innato.
No por esto creas está tan fuera del alcance como nuestros
Ojos nos hacen pensarlo, cuando las miramos recostadas en el pasto
Allá a lo lejos, en el cielo nocturno.

 

 

 

 

Yo Contengo Multitudes

 
Yo contengo multitudes;
Mi piel es la playa y mi ombligo es el mar.
Ofrezco tributo a la luna con mi sangre,
Llevo mi cuello como estandarte erguido.
Mi boca es fuente de infinitas paradojas enamoradas
Que entrelazan sus piernas como dos enramadas.
El tiempo y la circunstancia no me contienen
Porque yo contengo multitudes.

 
En mi habita la romántica, la bruja, la monja,
La gitana, la vestal, la cortesana, la condesa
La adelita, la madona, la amante, la madre
La sacerdotisa y la poetisa, la diva, la femme fatale,
La que es igual a ellos en todo menos en esencia,
La suma de todos los arquetipos,
La que se define por pensar y por pensarse.
La que nunca ha ‘sido’; la que siempre ‘deviene’.

 
Mi libertad está en mi pluma;
Mi canto, en la contemplación.
La forma de mi movimiento la contiene
El molde de mi imaginación que es infinita
Porque yo contengo multitudes.

 
Habito en el jacuzzi, en la seda, en el vino,
En la luz de las velas y en el jazz de a lo lejos.
Habito en la playa, en el yoga, en las grandes bibliotecas,
En las noches eternas y en las páginas blancas.
Soy infinita.

 
Te besaré y te sanaré, te miraré y seré tu espejo.
Te reconoceré en lo oscuro interminable, infinito,
Como mis pensamientos y como los tuyos.
Tomaré tus ojos y los llenaré de estrellas.
Le daré símbolos a tu historia; seré tu símbolo.
Mi piel será lienzo de tus fantasías, porque yo
Contengo multitudes.
 

 
Poemas por: la Magnolia Rosa

 

 

 

Sandra Dolores Gómez Amador
(Ciudad de México, 1998)

Estudió Literatura Inglesa en la Universidad Nacional Autónoma de México. Ganadora del tercer lugar en el Concurso Nacional de Poesía Jesús Serrano Valle. Fue seleccionada internacional del Rio Grande Valley International Poetry Festival y tres de sus poemas fueron incluidos en la antología Boundless 2021. Sus poemas, reseñas y ensayos han sido publicados en revistas digitales nacionales como Periódico de poesía, Sin Embargo, Malvestida, Revista Hiedra, Small blue library y Estudios ITAM. Voluntaria permanente de traducción en Health Alliance for Austin Musicians y Border Arts Corridor.

 

 

 

 

 

Nuestros cuerpos fueron ola[1]

 
El azul de la espuma
que te atraviesa el pecho, ese destello
frío y lleno de sal,
es mi recuerdo encarnado.

 
Vives entre fragmentos,
te tropiezas con mi fantasma,

te persigue lo finito de mi voz.

 
Nuestros cuerpos fueron ola, aferrándose a la orilla
del puerto. A la madera crujiente,

consumida por los pasos de aquellas efigies transparentes

deshabitadas ante el llamado de tu cautividad.

 
Fuimos una burbuja de cristal, siempre destinada a quebrar.

 
Y en tu sollozo perfeccionado,

hiciste de mi nombre boca,
hiciste de mi cuerpo aliento,
hiciste de mi pecho lengua materna,

tu único lenguaje del dolor.

 
Nuestros cuerpos fueron ola, agua disuelta en la ribera del mar.

 

 

 

 

En medio de la catástrofe

 
Siempre has sido un hogar repleto de ausencias,
                                                                   de caminos borrados por el paso del tiempo,
de polvo minado en el cuerpo.

 
Casa desalojada,
                          antorcha que no ilumina,
                                                             memoria del abandono.

 
                                             Porque en medio de tu sequía sólo hay quebradura,
                                                                          herida arrancada,
                                                                          tragedia de nadie.

 
Tú que vives entre espectros,
                 entre recuerdos que no son tuyos,
                                 entre lo que un día fue y que ya no es:
                                                                                   ese medio mundo.

 
Pero quién atestará la catástrofe si no eres tú,
quién apagará los incendios o levantará las ruinas o traerá a bordo lo que se hundió:

 
                                                                                  quién sino tú.

 
Porque también siempre has sido tierra en medio del naufragio,
                                                        ternura que forcejea contra el desamparo de este mundo,
piel cálida que abriga en la soledad,

 
                                                                                                                    quién sino tú.

 

 

 

 

 

Jatziri Carolina González Rivera
(México, 1998)

Estudiante de Lengua y Literaturas Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México, ha sido participe en open mic, recitales y conversatorios sobre poesía y la mujer en la poesía. Alumna de los talleres “La pluma crece en la palma de la mano” del Centro Cultural Futurama y “Creación literaria de géneros breves” del Centro Cultural Xavier Villaurrutia. Publicó Exhumaciones (2019) y ha colaborado en la revista Small Blue Library, trabaja como artista en el proyecto propio de collage análogo AullidoDada, Historia de un derrame.

 

 

Caída

 
Querías el fruto verde de la rama
por su verde
por su firmeza
y no por su sabor.
Lo tumbaste con un palo
y la caída fisuró
lo que creíste que era su belleza
entre tus manos
por la presión de tus dedos
fragmentó
y hasta verlo expuesto advertiste
sus semillas su corazón
y lo tiraste,
pero preferí ser alimento
para mi tierra
que tu digestión.

 

 

 

 

Chubascos

 
El pronóstico de siempre:
tormentas eléctricas
gritos por la mañana
y la sensación térmica de la incomprensión.
Impredeciblemente se te inundaba la calma,
goteabas de dos a tres minutos
mientras improvisabas un balde con tus palmas
luego, continuabas tejiendo mis cabellos
y yo llegaba a la escuela
con las trenzas todavía húmedas de resignación.

 

 

 

 

 

Mariana del Vergel
(Aguascalientes, Ags., 1998)

Es egresada de la carrera de Letras Españolas por la Universidad de Guanajuato. Fundadora del Encuentro Nacional de Revistas Literarias (ENAREL) “Fernando Benítez” y coordinadora del primer Encuentro Nacional de Mujeres Poetas Jóvenes. Ha publicado sus poemas y ensayos en diversas revistas literarias como Punto de Partida, Punto en Línea, Revista Feminismo/s, Campos de Plumas y en Liberoamerica; así como en la publicación [entre paréntesis] (ICA, 2020) y en la antología Crisis (Página Salmón, 2021). Obtuvo la beca para el Curso de Creación Literaria para Jóvenes de la Fundación para las Letras Mexicanas en 2021 y actualmente es becaria del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico de Guanajuato 2021. Es directora editorial de la revista de creación y crítica literaria Los Demonios y los Días (www.losdemoniosylosdias.com).

 

 

 

Quilombo

 
Una mujer guarda en su cabello
un grano de arroz,
la brevedad de su pertenencia

 
mejor y único escondite
para el hambre de los suyos
que es una y la misma

 
me gustaría escribirle
a su cabello en crecimiento,
un lento acordonar la mata

 
de su pelo tumultuoso,
hablar de la blandura
y de su caída, cuando envejezca

 
me gustaría decirle
desentierra tu peineta y tus horquillas
y desata tu cobriza cabellera

 
el mundo que solo sabe repartir
la semillas por puños o por gramos
no cuenta lo sabio de su herencia

 
sus cabellos susurran entre sí
la invisible unión entre las letras
e s c l a v i t u d

 
y yo solo intento trenzar
mi cabello con el suyo
a un nuevo grano: este poema

 

 

 

 

Sillas  

 

Te sientas, nos sentamos, se sientan
poltronas, butacas, reclinables
de madera, forja, terciopelos
móviles, binarias, secreteras
puestas todas a descanso
utilidad y pensamiento
respaldo de memorias, confesiones
balbuceadas a dios
en la sala de espera.

 
Por ahora, dice la psicóloga, no es nada
levántese, por favor, tome aire,
medite en caso de, camine, repare en las roturas,
vuelva a cada una de sus partes
ya es hora de cambiar su respaldo
ya es hora de tomar la paralítica
por lo que es:
las serpientes tienen
también cuatro patas
y muchas veces
se les quiebra
la vara con que miden.

 
Y yo solo veía los huecos,
el espacio que hay
entre las sillas.

 

 

 

 

Melissa Nungaray
(Guadalajara, Jalisco, 1998)

Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma del Estado de México. Es autora de los poemarios Raíz del cielo (Secretaría de Cultura de Jalisco/Literalia, 2005), Alba-vigía (La Zonámbula, 2008), Sentencia del fuego (La Cartonera, Cuernavaca, Morelos, 2011) y Travesía: Entidad del cuerpo (La Zonámbula, 2014).

 

 

 

Resquicio arborescente

                                                A Yeti

 
Entras en la avenencia de un poema
sin acallar la distancia que convoca
la innata respuesta al instante.
Ecos portátiles contienen el hálito
de múltiples visitaciones.
Todo deslumbramiento
desviste el espejismo.
El cielo y su pupila ventrílocua
tiñen el horizonte de raíces
hasta el último peldaño
en que la noche estriba sus memorias
para encontrar el camino
que confirma la visión del hallazgo,
ambigua estación que tiembla en derredor
de las manos que soslayan el mundo.
Ausencia que edifica
el cuerpo medular del presente.
No hay nada más que tu nombre
al revés del tiempo,
estampa de luz que fluye
del cántaro a la luna.
Y este silencio presidido por las olas
triza el secreto: la resonancia inconexa del rocío.
En la constante variación de acontecimientos:
la gota inaprehensible. El ojo antes de ser semilla
en mis manos se disuelve. La carne yerma la página.

 
Cada día es un Dios,
la palabra es el antecedente de la destrucción.

 

 

 

 

 

Shantal Abrego
(Guadalajara, 1997)

Editora y poeta. Ha publicado en diversos medios impresos y digitales, entre ellos: Broken English, Larvaria, Revista Himen, Gata que ladra. Egresada en Estudios Literarios.

 

 

 

Mátrix

                     a David

 
Poco me preocupaba
la dimensión donde vivimos
A los seis años pensé
por primera vez
que esto podría ser una simulación
—vi Mátrix—
y así, lo había contemplado
como una posibilidad ni buena ni mala
neutral

 
Mientras me visto
a veces dudo quién mira
si aliens, dioses, productores de televisión
y si mi cuerpo desnudo
—proyección nada íntima—
es real o algo más
Cómo podría saberlo, pienso
y se me quita la pena

 
El café es más incierto que su sabor
¿o existirá algo “auténticamente colombiano”?
Despertar en la mañana porque me sueña dios
o el algoritmo empujándome a no tender la cama
y estaría bien el beneficio de la duda
pero eso era antes
porque hoy, contigo
muero por saber si somos reales
Por favor
que este amor sea
en toda dimensión
por favor
que este amor sea
al menos
aquí

 

 

 

 

Saber lavar los trastes

 
El espejo exacto de la cuchara
donde pretendo no estar
se multiplica entre el jabón
por el número de comensales

 
enjabono las copas, tintineantes
campanas de este templo universal
donde junto las manos con mis hermanas, mi madre, mi abuela
orando hasta que se enrojece la piel

 
no se puede lavar dos veces el mismo plato

 
nosotras no heredamos loza antigua
sólo el recuerdo y la persecución
en cada olla que enjuago
se arremolina espuma de distintos mares

 
todavía no termino de secar
y la comida ya debe estar servida
Sentado a la mesa, Sísifo sonríe

 

 

 

 

Renata García Rivera
(Guadalajara, Jalisco, 1997)

Cursa la Licenciatura en Letras Hispánicas en la Universidad de Guadalajara. Publicó su primer libro, Sombras desde el árbol, a finales de 2020. Participó con poesía en el libro La descendencia de Ozymandias (2014) del artista plástico Sergio Garval, y escribió texto de sala para su exposición Los caprichos de Caín (2017) en Zacatecas. Participó en el II Congreso Internacional de Estudiantes Interamericanos de la Universidad Bielefeld, en Alemania (2019). Creadora seleccionada para representar a los estudiantes de UdeG el evento 25 Años de la Red Universitaria (2019). Ha publicado en revistas locales. Cofundadora del colectivo Inubicables. Fundadora de Conticinio Poesía. Forma parte del taller de poesía Calle de Cervantes. En 2020 fue invitada al I Encuentro Virtual de Arte: Cajamarca-Guadalajara. Recientemente participó en la exposición “Las Ausentes”, organizada por Casa de Engracia.

 

 

 

Aprender a flotar

 
Hundirme hasta el fondo del aire

 
Respirar neblina
  silencio
  aura tibia
  lágrimas

 
La espuma
humedece la arena

 
Un espasmo

 
Una nada en los músculos

 
Un palpitar blanco

 

 

 

Aterrizaje

 
 

1

 
Por la madrugada
un pájaro abre mi cortina de ceniza

 
unta lágrimas a mi sueño

 

 

2

 
Sobre mi casa crece
una cabeza con cola

 
La veo tocar la Tierra
propagar su universo
en billones de gritos tornasol
como monedas arrojadas a una fuente

 

 

3

 
Mi sombra despierta

 
El árbol me llama a la ventana

 
La luz
tenue
es un velo cansado
 

 

 

4

 
Amanece

 

 

 

 

Nancy Marlene Ruiz Pacheco
(Ciudad de México, 1997)

Estudió la licenciatura en Lengua y Letras Hispánicas en la FES Acatlán, UNAM. En mayo del 2017, ganó el primer lugar de concurso de poesía Los amorosos hablan, organizado por estudiantes de la UNAM. Participó en dos ocasiones en un encuentro literario organizado por Casa de Lago UNAM. Presentó ponencias sobre literatura contemporánea, y ha leído sus poemas en diversos coloquios, entre ellos el Coloquio Nacional Efraín Huerta, organizado por la Universidad de Guanajuato, y DELLE, organizado por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

 

 

 

 

Lo que queda

 
Cuando de mí quedaba poco
un poco de voz y un poco de sed
un poco de ser y estar
un poco de lagrima y luz en ella

 
al filo de mi silueta se aprensaban
las personas que viven sólo
en la memoria

 
porque todo existe en el recuerdo
cuando olvidamos sentimos que
algo ha muerto y suspiramos

 
cuando de mi quedaba poco:
el libro abierto, el vestido gastado
y el gato durmiendo
lo que creía poco lo era todo
y ese todo no ha muerto:
la voz, la sed, el ser y estar
la luz en la lagrima
el gato durmiendo
el vestido gastado
el libro abierto.

 

 

 

 

Poiesis

 
Tengo un dios entre mis dedos
fecunda las hojas con tan breve tacto que la
dactil caricia dura lo que no dura la palabra

 
tengo un dios sobre mis dedos
callado y con miedo
¿por qué callas si la creación nace del nombre?
si el acto de nombrar es la evidencia de existir

 
la geometría se ordena para desordenarse
y el intacto cuerpo cae sobre sus deseos
sobre esta tierra en la que los dioses
hablan desde el silencio del silencio

 
tengo un dios bajo mis dedos
que escribe con los ojos al cielo

 

 

 

 

 

Silvia Castelán
(Estado de México, 1997)

Actualmente estudia la licenciatura de Escritura Creativa y Literatura en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Ha participado escribiendo principalmente poesía en la revista argentina Buenos Aires poetry, Cardenal revista, Void, en la revista independiente Yerba Mala, en la plataforma de difusión cultural Pata de Mono, y en la editorial digital Brokn English. Algunos poemas fueron publicados en la antología de poesía Novísimas (2020) hecha por la editorial Libros del perro. También, como artista, sus piezas digitales han tenido aparición en la plataforma de difusión artística Obras de Arte Comentadas y en el espacio de difusión artística virtual Punto Medio. Formó parte de la residencia artística en el taller Tajo con la UCCT (Unidad de Conciencias ColectivasTerrestres). Es parte del consejo editorial de poesía para la revista independiente hidalguence Estroboscopio. Participó en 2019 en el Curso de Creación Literaria para Jóvenes de la Fundación para las Letras Mexicanas en Xalapa, Veracruz, es miembro de la Congregación Literaria de la Ciudad de México, ha sido tallerista literaria en Red Local y participa con regularidad en eventos de lectura de poesía en voz alta como: Penca Poética, Perra Mala, Nadie quiere escuchar tus poemas de amor, Festival Magma, y Festival Verbo.

 

 

 

 

Tripa

 
Nitrógeno, carbono, festín de nutrientes
y los poros sabuesos rastreándolos con las bocas hambrientas
quiero la ducha de las plantas, fósforo
paladear rayo de sol aunque no esté condimentado
cuando era niña, mi padre intentó que lo probara,
no me gusta
quería más milanesa empanizada
cómo sabes que no te gusta si no lo has probado
se esforzó por no poner los ojos en blanco y terminó, como siempre,
comiéndose todo lo que él tenía
y todo lo que a mí me sobraba
es que en esta casa no se desperdicia la fotosíntesis
no sé, no sé, mamá piensa que de haber sido una niña promedio,
adepta a la luz y al agua
quizá no tendría la postura abyecta, el tronco torcido y venenoso,
tal vez, no sé, no miraría tanto al piso
como hago ahora para decirle que no se preocupe,
                                                                                          a
                                                      que arriba no hay nad
quizá no me vería encorvada
con los miembros tristes
como aquella suculenta desparramada que con tierra en las manos,
me regaló mi madre,
suculenta a la que Natalia nombró tripa
a pesar de que le dijeron
tripa no es nombre de planta

 

 

 

 

Bioluminiscencia

 

Cuando se va la luz en el metro
me pasa algo
como cuando en la secundaria
la maestra de religión cerraba las cortinas del salón
para poner la pasión de cristo

y las manchas amarillas
en la playera de mi uniforme
se ponían muy laguna de manialtepec:
(ahí donde dicen
que en las noches sin luna
el agua se disfraza de luciérnaga)
fosforescentes, húmedas

y esperaba, con el cuerpo cemento seco
que pusieras tu mano en la mía
y la taparas con el suéter verde
con el nombre de tu hermano
bordado arriba del bolsillo
antes de que al Jesús guapo
que eligió Mel Gibson
le pusieran la corona de espinas

 

 

 

 

 

Daniela González
(Saltillo, Coah. 1997)

Egresada de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Coahuila. Ha cursado diversos talleres impartidos por escritores de su ciudad, desarrollándose en el ámbito de la poesía y la narrativa. Ha colaborado también en revistas digitales como Revista Timonel de Sinaloa, Revista Kametsa y en el espacio digital de Small Blue Library.

 

 

 

 

Primavera y el adiós

 
Caminábamos hacia la orilla de un lago
que reflejaba todas las luces del mundo
del cielo y de la noche
cuando supe que ibas a irte

 
Supe también que guardaría de ti
cada faro a contraluz
como el agua guarda el reflejo de las flores
y te quedarías en aquel viento que sopló para nosotros
el aroma de las margaritas
¿Dónde estará ahora ese aroma?

 
Supe que te ibas     Que ibas a irte
y yo guardaría en algún lugar de la memoria
el espectro de tus cosas
el último mojar de tu pluma en el tintero
tu saliva negra y las últimas luces de esta ciudad

 
Te quedarías para siempre
en el ruido de las hojas de los árboles
que se mecen por el viento de abril
y cercan el sendero que caminamos
para llegar hacia aquel lago nuestro

 
 
Yo lo guardaría todo
antes de que el polvo poco a poco se acumulara
sobre nuestra superficie

 
Esa noche
supe que te ibas
y que yo me quedaría contigo

 

 

 

Condicional simple

 
Podría quedarme en este apartamento
hasta que mis huesos crecieran y rompieran
el mosaico amarillo de tu suelo
para echar raíces y florecer
a pesar de la sequía

 
Trasplantar mi corazón
del pecho a tu librero
para que habite junto a todos
tus autores favoritos
que no he leído
que no leeré

 
Podría mi piel reflejar
el patrón irregular de luces
que decoran tu pared

 
Drenar mi sangre
para llenar nuestras botellas
de vino vacías
y servirla en tazas para el café
porque en tu mundo no existen
las copas de cristal

 

 
Podrían mis manos danzar
sobre las teclas de dos máquinas
para escribirle al aire este poema
que no has leído
que no leerás

 
Podrían mis pestañas leer tus cuentos
y mis oídos escucharte cantar
en medio de la noche
mientras describes una quimera
al ritmo de la música
que retiembla en el apartamento

 
Dibujar con mis labios tu forma de hablar
y guardar en mi memoria tu recuerdo
del reflejo de las luces en los lagos de Xalapa
que nunca he visto
que nunca veré

 
Podría esta noche no terminar nunca
y perderse entre las medias tintas de tu indecisión

 
Podría yo vivir contigo
salir contigo a caminar
en plena madrugada
bajo la luz que irradia la farola de la esquina
por la que nunca hemos pasado
y nunca hemos de pasar

 

 

 

 

 

Yosselin Islas
(Hidalgo, México, 1996)

Escritora, poeta y abogada. Editora en la revista digital “Aleteo Poético”. Ha publicado en la antología “Mirada, palabra, poesía” (Editorial UDG, 2020), en la antología “Selfie Poética” (Complejo Cultural de los Pinos, 2020) y en las revistas digitales “Ablucionistas” y “Mood Magazine”. Autora del libro “Llena Eres de Gracia” (Editorial Los Ablucionistas A.C, 2020). Participante del 9° Festival Internacional de Poesía Ignacio Rodríguez Galván 2019 y del World Festival of Poetry WFP-21K.

 

 

 

 

Jaculatoria de fátima

 
Oh, Jesús mío, perdona nuestros pecados,
líbranos del fuego del infierno…
El Santo Rosario

 
Camino con mi “producto” a rastras,
maldiciendo el sendero oscuro
al que me condené hace más de 10 años.
Las cuentas del rosario no han sido suficientes
para elevarte y liberarnos.
Privados de toda muestra de compasión,
intento sepultarte en lugares sagrados,
pero te destierran como a un sinsentido,
aun siendo tú, partidario del encuentro.
Te exhumo cada que se apaga la vela, porque
el final no siempre es una cruz de cal a los 9 días,
el final, lo hemos perseguido sin el valor de alcanzarlo
¿Si te suelto, qué sería de nosotros?
Habitamos en los lugares que no se nombran,
te miro de frente para recordarnos indispensables
compañeros del reniego humano,
despreciados, sin derecho a redimirnos
desde que nos concibieron por
motivos que la conciencia no alcanza a entender.

 
Sin ceremonias dignas de despedida y
con letanías tortuosas:
“Lleva al Cielo a todas las almas,
especialmente a las más necesitadas
de Tu Misericordia”,
lo he repetido hasta que las lágrimas de María
se acabaron en mis manos.
¡Cómo quedarme en esta vida, si estoy unida a lo que perece,
cómo vivir la vida, si no es unida a tu muerte!

 

 

 

Llena eres de gracia

 
El anhelo y un dolor,
el recuerdo y un cadáver
sin nombre, sin cuerpo.
Extravío que se siente
en todas partes.

 
No soy más que
una fuente de sangre,
atada por el instinto
a la encomienda;
atarme a otros para evadir
el caudal del río
para no irme
y así me encuentres,
por si un día regresas.

 
¡Aspira y que no quede nada,
aspira hasta quedar vacía!
Mis ojos puestos en la lámpara,
con un cuerpo manipulado,
de todos menos mío,
que no me pertenecía.

 

 

 

 

 

Zurisadaí Santos Pe,
(Ciudad de México, 1996)

Egresada de la licenciatura en Literatura Intercultural por la UNAM, Campus Morelia. Coautora del libro para niños y niñas Dicen las abuelas (PAPIME, 2017). Antologadora de Las que amamos, antología poética que reúne las palabras de mujeres mexiquenses, (2020). Ha colaborado en distintos congresos académicos y de creación literaria con obra propia, así como en publicaciones autogestivas e independientes. Fundadora de Poemujería: poesía, mujeres, periferia, espacio de difusión de escritura creativa producida por mujeres del Estado de México. En el rostro se le ven las abuelas, las tías, las sobrinas, las amigas y hasta la madre.

 

 

 

 

Para Silvia Regina de Lima Silva o Pugno por Lot como condimento

 

 

I.

 
El poema se pensó, vino al mundo
y se pronunció entre nosotras,
las tímidas del cuerpo lodo
que se formó del polvo soplado más el llanto.

 

 

 

II.

 
El estrés es una reacción obvia al peligro
la parálisis es la consecuencia visible.
Fuiste material para practicar alquimia,
fósforo de alta disponibilidad,
conserva viva en favor de caprinos.
No dormiste contraída muscularmente hablando
no dormiste más o dormiste siempre
si el sol te quemó la cara no te diste cuenta
no conociste de cerca la putrefacción.
En el altar al dios desconocido había un puño de tu polvo:
«Monumento a la mujer que tuvo un mal día,
un mal esposo y un problema para dormir».
Hijas tuyas en el síntoma,
insomnio generacional acumulado,
intentándonos salvar perdemos
y perdidas respiramos aliviadas.
La heredad se compone de dos bolsas
bajo los ojos
costosas guardadoras de tristeza
cuota de la fundación del mundo.
Cuando todo estaba por todas partes
cuando no existía la palabra manantial
ni arroyo ni río ni lago ni la palabra palabra
dicen que dijo dios —¿para dónde va tanta agua?
la escondió bajo nuestros párpados cual alfombra
cual travieso con prisa
cual dios que barre
cual dios amo de casa
¿cuál diosa?
Tenemos las preocupaciones quietas de un linaje recóndito
semilla cansada que brota a su tiempo
raíz acuática dentro de un contenedor de vidrio
tal vez desértica sin sobrevivir a la sequía
tal vez cachanilla movida por el viento
tal vez de flores que se cierran de noche
rizoma secreto, lateral, extendido.
Nadie sabe qué te hicieron antes de quedar registro
por qué te ardían los ojos al cerrarlos
por qué te despertaba un dolor en el vientre
por qué nunca hallabas el sueño profundo
yo digo que es porque diosa barrió el mundo y la basura la puso muy dentro tuyo
esta afirmación es para nosotras
contenedores somos de calidad discutible
y contenido de dudosa procedencia.
Finalmente, el cuerpo es sal
y una es puro cuerpo.

 

 

 

 

Citlalli Emiret Romero Aviles
(Sultepec, Estado de México, 1996)

Psicóloga, poeta. Ha ganado algunos premios y menciones honorificas como el premio Verte leer es poesía (2017), Premio a la juventud (2018), Palabra en el viento (2019) por el centro cultural de Ecatepec y el Certamen Internacional Argentina (2019). Publicada en la gaceta digital “La experiencia de la libertad”. Ha participado en festivales y ferias del libro en México. Su poesía se encuentra en revistas, diversas antologías y compilaciones de Latinoamérica.

 

 

 

 

Al fondo de mí mismo

 
El ojo de Dios
infiltra mi piel,
mira la angustia que balancea
por mis mares íntimos.

 
Su aceite
cae al fondo de mí mismo,
se aloja en gotas de clarividencia.
Su presencia celeste me habita.

 

 

 

 

Noctámbulo

 
El perfume de la luna
se adentra por la ventana,
trae consigo tu nombre.
Lo escribe en los muros de mi cuerpo.

 
Entre la noche y el sueño,
-casi en silencio-,
tu recuerdo me regocija
al renacer el alba.

 

 

 

 

 

Nadia Bernal
(Estado de México, 1996)

Estudió Periodismo en la Universidad Autónoma de Querétaro. Ha sido publicada en distintos medios digitales e impresos como Liberoamérica, El Periódico de las Señoras, y Punto de Partida. Autora del poemario El dolor de vivir en Woodstock (El Humo, 2019). Actualmente es beneficiaria del Programa de Estímulos a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA).

 

 

 

 
Mi abuela confundió
la mantequilla con
el frasco de mayonesa
y me puse a llorar
porque no puedo aceptar
que la muerte se acerque de a poco,
y que mi abuela
me mire triste.
Me dice que
no entiende la diferencia.
Yo la entendía hasta
que me pidió que le explicara
para qué se usa la mantequilla.
Entonces pienso en la memoria
y yo también miro a mi abuela:
Está en posición recién nacida,
me pide que le trence el pelo
y mis manos me tiemblan.
Me dice que todo lo olvidó:
su cuerpo tendido sobre la alfombra,
la boca llena de sangre en la epilepsia
y la vez que me dio a beber
de su leche materna.
Me dice que ya no se acuerda
para qué se usa la mantequilla
ni la vez que le quitaron la matriz
por un cáncer mal diagnosticado.
Me dice que está confundida:
que si los hotcakes
llevan mayonesa
o mantequilla,
qué si soy su hija o
la niñera de sus hijos,
que por qué lloro si mis pupilas
son dos aceitunas
y las aceitunas no tienen llanto,
que en dónde está su madre
y si ya está lista la sopa.
Mi abuela confundió la mantequilla,
la mayonesa
y la diabetes que enfermó a mi abuelo,
también olvidó mi cara
y cómo se llama mi madre,
olvidó cómo se usa el retrete
y por qué lleva puestos esos pañales.
También olvidó mi nombre
pero a veces me llama negrita
y me deja recostarme sobre su cama.

 

 

 

 

Una casa con las paredes lloradas

 
Desde hace días duermo en el piso
de una casa que no es la mía,
una casa que se parece al cuerpo
que arrastro desde hace años:
ajena.
Así duermo en este piso
en donde caminan las chinches
y me picotean como si su hambre
fuera uno de los agujeros que cargo en
el estómago y nunca cierra.
Duermo (entrecomillas)
porque en realidad nunca puedo conciliar el sueño,
porque sueño es igual a pesadillas
en donde mamá tiene un cuerpo
que desconozco,
cuerpo que quiere decir mi cuerpo.
Así duermo en esta casa
con las paredes lloradas
sin cama ni sábanas limpias,
una casa que se deshace
porque una también se cansa de sostener el cuerpo
y fingir que sí hay motivos para acabarse el desayuno
y vestirse de un lenguaje atorado en ventanas
que siempre están cerradas.

 

 

 

 

Carla Alfaro
(San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, 1996)

Estudia la maestría en Ciencias en Recursos Naturales y Desarrollo Rural en el Colegio de la Frontera Sur Fue participante del taller de “Creación Literaria” por “El Ingenio” durante el periodo 2011- 2014.   Actualmente es integrante de la colectiva “Poesía de Servilleta” que agrupa a poetas chiapanecas. Su trabajo ha sido publicado en las revistas independientes: “La Voz Disidente” no.2, “Armando Duvalier” no. 4, “Campos de Plumas” no.8 y “La Ensalada Fanzine” no. 2, así como en la antología de poética “80 Voces Trascendiendo la Palabra” de la editorial El Alquimista.

 

 

 

 

Libertad Cautiva

 
La libertad se pierde en las distancias
en la cautiva espera del retorno
en la demora del vuelo incierto.

 
¿Es acaso una jaula la incertidumbre?
quizá solo el castigo
quizá el camino,
la búsqueda.

 
Que distancia más grande
sombra que ruge en la soledad
lejanía que abate el pecho herido.

 
Y así
se retiene la tristeza
en las grietas de la piel
en la cotidianidad del ser.

 
No hay retorno
solo espera
y la necesidad de un día florido.

 

 

 

Viento

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                          Te recuerdo otoño

fuego que incendia el cielo
y tus hojas
cayendo lento.

 
En la colina el viento
se hermana con la lluvia.
Ha de florecer la memoria
del aire dulce
la luz
y la cumbre
y entre el alba y la noche
se ha de habitar
el olvido de soledades.

 
El aliento del tiempo
sopla entre los árboles
y sobre su marea
hojas desprendidas flotan.
El andar del tiempo
a su destino llega
y yo soy hoja suelta.

 
He de encontrar mi horizonte
y esconder el dolor
cuando cobijada en el aliento del cielo
mi trayecto pare
en un suspiro.

 
Y mi palabra calle bajo la ausencia
y mis ojos cierren sus puertas al mundo
en tanto el eco de mi voz
se unifica con el cantar de las aves.

 

 

 

 

 

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1 Este poema fue acreedor del tercer lugar en el Concurso Nacional de Poesía Jesús Serrano Valle en junio del 2021.

 

 

 

 

 

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