Poesía mexicana: Ériq O Rulo Sáñez



Leemos poemas de Ériq O Rulo Sáñez (Ciudad de México, 1986), pertenecientes a Yo No Vine A Hacer Amigos. Es narrador y poeta. Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri 2014. Premio Nacional Punto de Partida 2010 y finalista del Premio de Literatura Infantil El Barco de Vapor. Es egresado de la Escuela de escritores de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM) y estudió la carrera de Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Textos suyos han aparecido en diarios y revistas de circulación nacional como El Universal, Letras Libres, Revista Este País y Círculo de Poesía, así como publicaciones electrónicas de España, Estados Unidos, Chile y Argentina. Autor de La Novela Zombi. Ficciones (Conaculta, 2014/ Amazon Kindle/ eBook, 2021), Yo No Vine A Hacer Amigos (Amazon Kindle/eBook, 2021) y poesía en lengua inglesa en la antología Depths Of Summer (Wingless Dreamer press, 2021). Becario del FONCA 2021-2022.

 

 

 

 

 

 

 

Es un joven capaz de robar o de mentir. Lleva las manos sudorosas el deseo, sabe que aquello que ansía es una moneda de otro dueño y él la busca entre los bultos. No. El deseo se deja hacer, deja que el sol mismo se agache. El deseo tiene la sombra larga y abnegada, fugitiva, como árbol que se enreda entre las nubes para capturar al sol. Como un roce de manos o como no llevar anillo. Deseo, hombre tirado boca arriba mirando enredarse las ramas de los árboles con él o con la luz. Hombre que se quita el pasto para volver al manicomio. Deseo, mujer de pelo interminable como un árbol. Deseo que cambia de forma y de color, deseo de abrigo o de bochorno. Deseo bisexual, deseo de manada. De vientos medianos, duros, recios como un tronco. De tantos rostros, de tantas cosas, de manos vacías, de hacer upgrade, de vengarse.

 

 

 

 

Cómo nos hace falta en ocasiones
bebernos la mañana en un café
para que el mundo pueda comenzar,
para que el hombre de mi estudio se levante.
Cómo nos falta, a veces, morder unos labios
como robando el jugo de una mandarina
que no esté rancia madurando hasta la nieve
fría y azulada en el frutero del ayer.

 

 

 

 

Tú crees tener control sobre las plantas
porque eres una mala jardinera,
tú crees domar la lluvia al esconderte
detrás de un techo breve de paraguas.

 
Tú crees poder decirle al sol que caiga
tan sólo porque apagas lamparillas
y crees poder matar un ave en vuelo
con una red  para atrapar mosquitos.

 
De abril no tienes tú mayor dominio,
de abril tú no eres libro bien llenado,
de abril tú no eres ni una plana en blanco.

 
Creíste tener fuerzas sobrehumanas
cuando la tierra adentro a ti te guarda
para que no te aplaste cualquier bota.

 

 

 

 

Las luminarias de la calle, cuando niño, tenían aspectos especiales para mí, primas mayores, se agachaban a mirarnos en las afueras de las fiestas de los grandes. Las madrugadas cubrían todo con su cobre y con el brillo remojado de su vaho. Lejos del ruido de la música de cumbia, junto a los coches, en los toldos, se iba el tiempo. Muy poco había que hacer, charlábamos, decíamos cosas turbias; parece que a la luz de ciertas horas, los niños se comportan, vagamente, como los adultos que serán.