Poesía inglesa: Alan Jenkins



Leemos poesía inglesa. Proponemos la lectura de uno de los textos más llamativos del poeta y editor inglés Alan Jenkins (Surrey, 1955). Ha merecido reconocimientos como el Premio T.S. Eliot (2000), el Forward Poetry Prize (Best Poetry Collection of the Year, 2005) y el Cholmondeley Award (2006). La aproximación es de Sebastián Madín Vera.

 

 

 

 

 

Street Life

 

I come home at all hours; all hours se receives
her callers, her gentlemen Friends, upstairs.
In the Street, a car draws up, she breaks into a foolish Little run.
I know her. Even in the rawest weather, she wears
no tights or stockings, leaves three buttons of her blouse undone.
Seeing me, calling, she comes over. We are alike, we share
the same sad, comical fear of being caught
together on our corner, of our long views falling
short, of being caught, of being caught.
Flirting with me, she fiddles with her hair, her shoes,
makes something up when I ask her how she got the bruise
that cascades down her cheek, the purples, reds and blues
of a fruit tart; the colors, almost, of my glans the night
I paid her twenty quid and pushed it up her, dry and tight.

 

 

 

 

Vida en la calle

 

Llego a casa a todas horas; a todas horas ella recibe
esas llamadas, de sus amigos caballerosos, de arriba.
En la calle un carro se acerca y ella rompe a correr torpemente.
La conozco. Incluso, en la temporada más fría,
no usa mallas ni medias, se deja la blusa abierta,
a tres botones.
Me mira, me llama, se acerca. Somos iguales,
compartimos la misma tristeza, el miedo y la gracia
de ser atrapados en aquella esquina, de nuestras largas miradas
quedándose cortas, de ser cautivos, de ser atrapados.
Coquetea conmigo, juega con su cabello, esos zapatos,
se inventa algo cada que le pregunto por ese moretón,
por su mejilla cae una cascada de colores, morados, rojos y azules,
como una tarta de frutas; así, casi cómo aquella noche
en que mi glande le pagó veinte libras
y empujo hacía arriba, seco y apretado.

 

 

 

 

Für Elise

 

Oh her answering machine, Beethoven’s petite phrase
I heard a hundred times a day when I was eight or nine
and my sister, five years older, practising for her exam.
She took her grades so seriously each night brought a migraine;
sometimes she’d stop and shake witg fury after just three bars
if she wasn’t perfect. And now I wish that I’d learnt too
(I refused the lessons, the piano whas hers, like the phone)
since even listening can show me for the fraud I am,
a “music lover” who can’t read a note and barely understands
the structure of the simplest piece, like this one – let alone
the later string quartets; or how unhappiness and pain
are made safe and beautiful, far from what I knew
then and can’t handle now – unsmiling silence, my mother’s sing
of disappointment; the aching head in shaking hands.

 

 

 

 

Para Elisa

 

Oh, su contestadora, con la pequeña frase de Beethoven
que escuché cien veces al día cuando tenía ocho o nueve años,
y mi hermana, cinco años mayor, practicaba para su examen.
Ella se tomaba sus calificaciones tan enserio que cada noche sufría migraña;
a veces, paraba y se agitaba con furia, eso después de solo tocar
tres compases que no perfeccionaba. Y ahora desearía también haber aprendido
(rechacé las lecciones, el piano era suyo, tanto como el teléfono)
ya que, al escucharla, puedo ver el fraude que soy,
un “amante de la música” que no puede leer una nota y
apenas las comprende
la estructura de la pieza más simple, como esta – por no hablar de
los cuartetos de cuerda; o cómo la desdicha y el dolor
se vuelven seguros y hermosos, lejos de lo que sabía
y que ahora no puedo manejar- silencio sin sonreír, el canto de mi Madre
lleno de decepción; cabeza dolorida entre manos temblorosas.

 

 

 

Für Elise (2)

 

Tu parles joual? From high above the grey St. Lawrence,
the early settlers’ house were a stage set, out of scale.
The fields of Abraham. The field of battle. We’d made peace
abruptly in the hotel lift one night, after three days
of sparring over lunch and dinner, speaking looks
in the special papers and the plenarysessions, unspoken stuff
joking with the late-night crowd in the St Lawrence bar.
The kernel of the hard core, I called her, Elise, young star
of Montreal, Quebec City; I could see through the tough
and witty surface, see into the pale grey eyes and the books
of poems for what she wanted me to see, or so the pale gaze
semmed to tell me; I knew the craving for release
that a single mother like her must… I couldn’t fail.
Tu vas jouir? Three monts of phone calls. Letters. Torrents.

 

 

 

 

Para Elisa (2)

 

¿Hablas joual? Desde lo alto, por encima del gris St. Lawrence,
las casas de los primeros colonos eran un escenario, fuera de escala.
Los campos de Abraham. El campo de batalla. Una noche, hicimos las paces
abruptamente, en el ascensor del hotel, después de tres días
de sparring durante el almuerzo y la cena, hablando entre miradas
en los papeles especiales y las planeaciones, preparándose,
bromeando, de noche, con la multitud en el bar St. Lawrence.
asdadasd, la llamé, Elise, una joven estrella
de Montreal, Quebec City, puede ver a través de la sólida
e ingeniosa superficie, vi en sus ojos pálidos y en sus libros
de poemas lo que ella quería que yo viera, o esa
mirada pálida que se acercó a  decirme; Conocí el anhelo de liberación
de una madre soltera como ella… No podía fallar.
¿Hablas joual? Tres meses de llamadas. Letras. Torrentes.