Las cartas de Lou. Texto de Audomaro Hidalgo.



Audomaro Hidalgo nos entrega otro texto en su columna Textos y contextos. Se trata de la noticia de la publicación de las cartas que Louise de Coligny-Châtillon, Lou, le envió al poeta Guillaume Apollinaire. Dice Hidalgo: “Ciento dos años pasaron entre la última carta escrita por Apollinaire (enero, 1916) y la publicación de estas cartas, que nos permiten intimar en esta pasión de dos seres encendidos por el mismo fuego”.

 

 

 

 

 

Cartas de Lou

 

Gallimard publicó las cartas de la condesa Louise de Coligny-Châtillon. Son alrededor de 50 documentos (cartas, postales, telegramas) encontrados en el archivo Apollinaire. Conocíamos únicamente las 222 cartas que el poeta había escrito a su amada amante, además del inspirado y belicoso Poèmes à Lou. Ahora esta historia pasa de aparecer como un epistolario a ser una verdadera correspondencia. Ya entrevemos el resorte compartido de los deseos, los revueltos miedos y las emociones convulsas de los protagonistas de este idilio salvaje, iniciado en una reunión nocturna en honor del opio, en Niza en el 14, año infausto. Hoy Lou toma la palabra y en una carta de 1915 le dice a Guillaume: “Mi Gui, estoy loca de excitación, te amo con locura (…) te escribo rápido con la impaciencia de estar sola en mi cama, a oscuras (…) quiero que me desnudes para que veas bien mis nalgas rosadas (…) quiero todo el vicio y toda la voluptuosidad (…) quiero que me fuerces, que me amarres si es necesario, poséeme entera (…) estoy en un estado de deseo y de pasión, que si estuvieras aquí esta noche (…) me acostaría boca abajo dócil, amorosamente, tú separarías mis nalgas demasiado sensibles, demasiado nerviosas, y despacio, muy despacio, pero con firmeza, me penetrarías voluptuosamente, profundamente, y yo moriría de dolor, de placer y de amor bajo esta nueva caricia y nos desvaneceríamos los dos en un espasmo violento (…) Gui, no puedo más esta noche. Siento una loca necesidad de tu amor, de tus caricias, también de tu severidad. Castígame, humíllame, te amo infinitamente y eres mi maestro adorado”. La escritura de Lou no desdeña el ardor, el desparpajo, el humor, los reclamos, tampoco la provocación, porque Lou es una allumeusse: “imagínate que prendí un terrible incendio en el corazón de un guapo lugarteniente que parte en estos días para el Frente. Un incendio espantoso. No querían que me fuera. ¡Qué delirio! Pero es la costumbre. Como tú sabes, no puedo moverme sin que caiga sobre mí una historia extraordinaria en plena cara”. Las misivas de Lou la revelan como a una mujer sensible, vital y enamorada hasta la médula de la vida y de su vate: “Sabes que eres mi poeta, EL MÍO, de nadie más…”. Desesperada y espontánea, Lou le pide, casi le exige a Guillaume: “Apúrate a matar a todos los alemanes para volver pronto”. De golpe se descubre escritora: “te anuncio una noticia: voy a comenzar mi diario. Será fantástico y no cochino. Te lo mostraré después de la guerra…”. Ciento dos años pasaron entre la última carta escrita por Apollinaire (enero, 1916) y la publicación de estas cartas, que nos permiten intimar más en esta pasión de dos seres encendidos por el mismo fuego. Separados y comprometidos con nuevos amantes, Lou le dice a Apollinaire: “siempre serás mi amigo.” Amigo en el sentido que le daban en el XII y en el XIII a esta palabra, no en el degradado y pérfido de nuestra época. Los editores, no sin interés, creen que podría haber aún más documentos quemantes de Geneviève-Marguerite Marie Louise de Pillot de Coligny-Châtillon en la memoria traspapelada de Guglielmo Alberto Wladimiro Alessandro Apollinare de Kostrowitzky. La poesía edificó un puente de fuego entre Lou y Apollinaire, polvo serán, más tendrán lectores. Encendido polvo pasional.