Nuevo libro de Visor Libros México: Balada en la muerte de la poesía de Luis García Montero

Presentamos cuatro fragmentos del nuevo título de Visor Libros México, se trata de Balada en la muerte de la poesía del poeta Luis García Montero (Granada, 1958). El libro cuenta con un prólogo de José Andújar Almasa e ilustraciones de Juan Vida. Ha publicado, entre otros libros, Habitaciones separadas (1994), por el que recibió el Premio Loewe y el Premio Nacional de Poesía, Completamente viernes (1998), La intimidad de la serpiente (2003), por el que recibió el Premio Nacional de la Crítica, Vista cansada (2008), Un invierno propio (2011), el ensayo Un velero Bergantín (2014) y el libro infantil Lecciones de poesía para niños y niñas inquietos (2017). Su obra se ha reunido en Poesía. 1980-2015 (2015). Luis García Montero es una de las voces fundamentales de la poesía contemporánea en lengua española.

 

 

 

Balada en la muerte de la poesía

I

La poesía ha muerto, dice. Una pantalla de televisión siempre repite lo que dice. Once segundos, como un endecasílabo, y ya parece una noticia vieja. El viento y sus imágenes son una forma de repetición. La poesía ha muerto, dice.

Cae la lluvia fuera de las estaciones, sin la herida del tiempo, sobre el baúl de la ciudad, sobre los recuerdos y las sábanas del amor desahuciado. La poesía ha muerto, es una noticia. Puede verse el cadáver mientras la gente huye de sí misma, mira hacia otro lado, evita contestar y un cielo color aguardiente pudre la pantalla. Queda al fondo una mujer a la que se le doblan las rodillas. La poesía ha muerto, dice.

Estuve muchas veces en la taberna donde servía café para las mañanas de invierno y alcohol para las noches sin salida. Estuve con ella, me manché con el delantal sucio de la misericordia. Ahora sufro su muerte, callo y me siento más solo. Y pesa el reloj, y son frías las paredes de la casa.

 

II

No fue un crimen. Dice y repite la televisión que no fue un crimen. Las primeras investigaciones no han encontrado signos de violencia. Las cosas se parten, se desgastan, se pierden. Las cosas se ven venir: una fatalidad, un destino agotado. Hay muchas huellas y un lugar. Hay una esquina en la que encontraron el cadáver. Lo descubrió un borracho que regresaba tarde y gris al rincón de sus botellas vacías. Pidió socorro una viajera blanca que se había levantado antes de hora para tomar un tren en dirección al norte.

En la esquina del tarde y el pronto suceden la mayoría de los hechos. Se han registrado huellas digitales, hojas secas, un cuervo, un número de teléfono escrito a toda velocidad en una multa de tráfico, un kilómetro cansado de su propia distancia, una corona rota, un rumor de agua que parecía una conversación, un libro sucio y el plano de una ciudad mal doblada. Había muchas cosas, pero ningún signo de violencia.

No fue un crimen repite la televisión. Todo lo repite y lo hace viejo a los once segundos. No fue un crimen. Fue la lenta, silenciosa, abandonada manera de actuar del mes de octubre. Fue la ejecución dictada por los años cuando deciden quedarse sin estaciones y sin tiempo.

 

 

III

¿A qué hora es el entierro? Debo enterarme antes de que se ocupen todas las localidades en el teatro indiferente de las noticias viejas. Necesito un escenario para el dolor, una memoria que quiera soportar el estremecimiento del patíbulo. Rafael no está. Ángel no está, Jaime no está, Javier no está, José Emilio no está, Rosalía no está y además nunca tuvo teléfono. Puedo llamar a algunos amigos, viejos amigos que todavía queman con una palabra en la mano, pero quizá no sepan la noticia. Y yo no voy a dársela. Me resisto a ser un mensajero amargo, una cadena de televisión, un día partido como un mástil, un fin de semana muerto. Es justo dejarlos que crean unos segundos más. No soy el delator de las manzanas mordidas y la ropa que se mancha por culpa de otro amor. Sólo quiero buscar una tristeza común, una incredulidad compartida, un abrazo con más ayer que hoy, un roto en el silencio, la hora de un entierro.

 

 

VIII

¿Cuánto tarda en llegar una noticia hasta el siglo XV? Estás muerto, Manrique, aunque todavía no lo sepas y el mar, la hierba, la flecha y la prisa de los ríos persistan en tus labios tan callando. Todavía pronuncias la palabra iguales sin saber lo que ha pasado.

El tiempo ya no es una oración. El tiempo no tiene Dios, pero tampoco tiene sujeto, verbo o predicado. ¿Cuánto tarda en llegar una noticia hasta el castillo de arena en el que sigues escribiendo? Vive mientras puedas. Vive mientras maduren las cosechas y las uvas cumplan la orden de convertir en pulpa la lentitud de los racimos y de la Historia. Vive mientras tu tiempo no pierda la respiración por culpa de tanto correr, amigo mío. Porque un día llegará la noticia y sabrás que los cuerpos y los árboles son una máscara que se pone el vértigo para que las semillas renuncien a su memoria de ser, a la razón de su canto. La claridad es oscura en estos laboratorios. Primero te sorprenderá la luz artificial. Después la noche de los artificios.

 

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