Original ajeno: John Ashbery



El poeta dominicano León Félix Batista construye en Círculo de Poesía un dossier de poesía en lengua inglesa, Original ajeno, que incluye traducciones de los siguientes poetas: David Antin -John Ashbery -W. H. Auden -William Blake -Raymond Carver -Guy Davenport -Clayton Eshleman -Lyn Hejinian -Richard Kenney -Ted Hughes -Philip Lamantia -Marlene NourbeSe Philip -Ezra Pound -Adrienne Rich -James Schuyler -Charles Simic -Charles Tomlinson -Derek Walcott -Charles Wrigth. Leemos aquí sus versiones de John Ashbery (Nueva York, 1927-2017). Fue parte clave de la Escuela Poética de Nueva York, junto a nombres tan relevantes como Frank O’Hara (1926-1966), Kenneth Koch (1925-2002), James Schuyler (1923-1991) y Barbara Guest (1920-2006). Estudió en la Universidad de Harvard graduándose cum laude en 1949, y luego obtuvo una maestría en la de Columbia (1951). En Harvard se doctoró con una tesis sobre W. H. Auden. Fue profesor de literatura, además de periodista y autor de más de una veintena de libros de poesía. Obtuvo el Premio Pulitzer, 1976, por su libro Autorretrato en un espejo convexo, (Self-portrait in a convex mirror).

León Félix Batista (Santo Domingo, 1964), estudió en Nueva York. Ha publicado, entre otros, Delirium semen (México, 2010), Caducidad (Madrid, 2011), Música ósea (Perú, 2014), Prosa del que está en la esfera (Buenos Aires, 2006); Inflamable (Montevideo, 2009), Sin textos no hay paradiso (Colombia, 2012), El hedor de lo real en la nariz imaginaria (Quito, 2014), Mosaico fluido (Sao Paulo, 2014) y Prosa de fabricación casera (Estados Unidos, 2018). Aparece en varias antologías, entre ellas Zur Dos (última poesía latinoamericana, Bartleby, Madrid, 2005), Cuerpo Plural (antología de la poesía hispanoamericana contemporánea, Pretextos, Valencia, 2010) y Poesía esencial dominicana (Visor, Madrid, 2011).

 

 

 

 

 

 

CUATRO POEMAS DE ROPA

 

 

Un agujero en tu calcetín

 
Un hombre camina en la ciudad
como si retrocediera de otro sitio.
Los otros tienden brazos, tocan manos.
Así es como se hace, día a día.

 
Mi teléfono se encuentra intervenido.
Llamaré a la policía.
No, obviamente no, parte del
“procedimiento”,
el mensaje suavemente ocupa el puesto.

 
Contemplamos las conchitas de crustáceos muertos
hace tiempo, esperan el final de la Edad de Bronce.
Nosotros vamos más allá, pasaje que es peor.
Y ellos nos reintegran nuestro pobre impermeable.

 
Entonces el gobierno entra en acción
y los demás se apiñan y disuelven.
Eso es algo, una especie de
capilla. Tendrías que admitirlo.

 
Simplemente… se mueren. Y eso es todo.
Cuando hemos regresado
en un clima casual
el hechizo ya es múltiple por encima de los cielos,

 
contemporáneo como nunca,
como tiene que ser un ingrediente.
Los oficiales de la clase, dramáticos que hastían,
se han marchado. Se suspende
una lágrima en el aire medio.

 
Este futuro nos hace bondadosos.

 

 

 

  

Esbirro y suéter

 
Se trata de esta cosa ondulación,
de que fuimos principiantes envolviéndonos en ello cuando comenzó.
Una vez sucedido hubo otra cara de las cosas:
no llegaban a la puerta ya los árboles; las estaciones
siempre “se olvidaban” de incluirte en el listado,
ese tipo de cosas.

 
Esos ásperos ociosos a los que llamamos hombres
están encima nuestro, y no hay respiración fuera del reino.
A veces vendrá un plan
para librarse de uno de ellos
pero hay pausas extensas en las que la yerba crece
alta sobre el muro elemental
detrás del que ladrillos, precios estimados y víboras se mezclan.
Es que no tenemos mente:
cada uno de nosotros ha catado demasiado de los otros,
y el concierto ahora está enfermo.
No más lluvia de la que refugiarse,
sólo un tejo ennegrecido
que a unos pocos cede el paso
al expectante cementerio
a mezclarse entre soldados
con botones conmemorativos.

 
Un hombre puede deshacerse así, drenar la Ciénaga del Desaliento,
construir hábitats individuales para pájaro y persona,
conveniente y también necio.

 
Creo que ya ocurrió
en algún oasis de desierta arena
donde esperan sólo conocer ahora
qué ha pasado aquí, y asimismo partir
y plantar otros destinos en la vía estrellada
que la luna hace en el agua. Y entonces liberar
jolgorio a los viñedos y toneles de llovizna
en que pudo haber pasado ¡y pasa
todavía! Paz a los cervatos,
las cortinas enlazadas. Esta es la vida,
y si estamos para ser más que música, los chales
ondulantes y abanicos de una posibilidad mayor
que la mía, que nosotros. Así que siempre vemos.
Desde aquella boutique universal de la que resbalamos.

 

 

 

 

El pequeño vestido negro

 
Todo aquello que tratamos de manera desafiante de
desenmarañar está esperando, próximo al trayecto. Sí,
pero la marcha es insistente y relajada al mismo tiempo,
un emerger del fondo. Tu plan parece bueno.

 
Conocí una trigueña una vez en Omaha, decía,
novedad que nos dejaba atónitos. Él no estuvo alejado
del camión por largo tiempo. En el suelo húmedo el sauce
nuevo descarga hojas, reproche para todos.
Por qué no puede el barro sujetarnos con firmeza,
para que él pueda leer,
extraer algo claro de aquellas notaciones que llegan
cada día, como cartas, oh, no en la casa sola.

 

 

 

 

La camisa blanca

 
De repente todo está de nuevo inmóvil.
Necesito decir algo.
No es tan fácil. No pongas atención.

 
Ningún monto de cautela aflige
la rugosa calabaza. La ribera estéril.
Un motor de combustión quiere decir
que funciona con defecto.

 
Cosa del pasado,
tú en tus límites,
creciendo,
mi lugar de labor.
La banda ya ha expirado.

 
Mas, de no ser por los cambios,
¿a qué lugar iríamos? Tan sólo con tener
la ilusión no es suficiente.
Pero incúlpelas por ello;
sírvase enseguida.