Poesía mexicana: Dalí Corona

Leemos tres poemas de Dalí Corona (Ciudad de México, 1983). Algunos de sus libros son Es autor de los libros VoltarioDesfiladeroAnsiado Norte y Cartografía del tiempo. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte.

 

 

 

 

Tres poemas sobre la vejez

 

La vejez nos distancia a cada minuto​​ 

de la imagen inmóvil donde quien fuimos​​ 

observa fiel al muerto que seremos.

 

José​​ Emilio​​ Pacheco

 

 

Claridad dormida, vacila la luz frente a la sed que somos. En el ojo ocurre un pájaro, un tropo aéreo que se pierde cuenca adentro; miodesopsias que descubren el animal moribundo que nos nace.​​ 

 

Moscas volantes, todo en la pupila son fantasmas, surcos irregulares que oscurecen la vista: los sueños que alimentan la metáfora. ​​ 

 

Estamos condenados a interpretar cada silueta, a equipararla con un objeto conocido. Alquimia textual, la intuición gobierna y nombra a detalle los espectros.

 

Es la ceguera y su rumiante manantial de sombras, la neblina y su caudal de signos, de nubosidades que se cuelan en la lengua y dibujan vagamente una silueta.​​ 

 

Es la vejez y su galope, el tiempo atado a nosotros como un sol que nos persigue, perro faldero, y lame la mano nuestra para luego devorarla. ​​ 

 

 

 

 

 

 

***

 

En la vejez asistimos también a nuestra infancia. Frente al cuerpo que se acaba levantamos un castillo de recuerdos, fragmentos de la memoria súbita que llega rayo, olor y torbellino.​​ 

 

En la vejez que nos confunde se reinventan las costras del tiempo, sangran nuevamente muchachos de luz, amigas del colegio. Se ama y se odia como en los primeros años. Como lo hacen los niños que entre palabras balbuceantes cantan bestias la cólera del pecho.

 

 

 

 

 

 

***

 

La alternativa es matar la biografía. Derribar el muro de la razón y del espacio. Celebrar la inteligencia hollada como una fruta, como un durazno que se pudre sobre una mesa olvidada y que arroja al mundo su semilla estéril.​​ 

 

Volver a la tierra y sentir las esporas de la muerte aprisionando cada músculo, cada coyuntura; sentir el río seco de la boca, el sexo inútil, los pájaros del pecho mudos.​​ 

 

La alternativa es abrazar la soledad y decir adiós a los incendios, despedir al caudal, al llanto y a la vida total que abría su camino en nuestro vientre; decir adiós al alimento, al cálido aroma de los besos; despedirnos de todo y de todos para que la oscuridad que fuimos se vuelva transparencia.

 

 

 

 

 

 

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