Archivo Venezuela: Oswaldo Flores

Leemos, en el marco del dossier de poesía venezolana preparado por Giordana García Sojo, algunos fragmentos del poema inédito "Contra el amparo de la tierra" de Oswaldo Flores (Caracas, 1985).

 

 

 

 

 

 

 

Oswaldo Flores Cumarín (Caracas, 1985) Poeta, docente y licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela.​​ Fue galardonado, en el año 2022, con el Premio Nacional de Literatura Stefania Mosca en su mención poesía por su poemario​​ Mal de oficio. Actualmente forma parte del colectivo poético experimental​​ Los 4 grados del fuego: laboratorio ensamblático de topografías poéticas multiversales.

 

 

 

 

 

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Responsorio

 

 

 

 

(contra el amparo de la tierra)

recoja. un cachito

 

Antes, mucho antes de ser cuerno, fue verde la osamenta.

Blanda como un beso, una cavidad.

Antes, mucho antes de ser cuerno, el arma se abre y alimenta como un vientre.

Su hendidura es noble.

Antes de cuerno, de cornucopia, de insignia cabría, guardó el agua de las aves,

la vida y su lenta parsimonia, la orfandad silente de la fruta.

Antes, mucho antes de ser el cuerno el arma más dócil

 

 

 

 

 

 

 

 

(contra el amparo de la tierra)

párese. bueno

 

Se inclina como un peso daga, un peso lágrima, la apuntalada figura de mí.​​ 

De arriba cae, desde el peso, en línea ósea hasta la huella.​​ 

Cae de donde la idea cunde.​​ 

De donde un arco tensa el horizonte y dispara mi certera carne contra el amparo de la tierra.​​ 

Mi presencia es una herida a solas.​​ 

Arriba aún la mano tiembla.

 

 

 

 

 

 

 

(contra el amparo de la tierra)

mire. un árbol en la noche

 

El desamparo yergue un palo sobre la noche, para herir la noche.​​ 

Como si bastara espantar con garabato la maleza oscura y crecida por todas partes. Y la noche nunca olvida su cuchilla. Todas las noches, en cada resplandor, la tiene.​​ 

Pero el árbol es más fuerte.

 

 

 

 

 

 

 

(contra el amparo de la tierra)

haga. un cuchillo

 

La campana trina fuerte en y son dos hombres, cuatro brazos y dos hombres, dos martillos y cuatro manos, y yunque y son dos hombres.​​ 

La campana trina fuerte, en la fragua afina, en el rigor de las candelas, la transparencia hiriente de la hoja, la sentencia lapidaria de la herida que allí duerme.​​ 

Del salto que allí arrebola, el punzón hace su música.​​ 

El descanso del martillo también suena.​​ 

El lomo de la hoja es atestado por un hombre, son dos manos y un martillo, y la campana que ya anuncia la muerte que será.​​ 

 

 

 

 

 

 

 

 

(contra el amparo de la tierra)

medite. frente al fuego

 

Como granos huecos destilando polvo se nos queda la sombra en las esquinas. Una película de costumbres, impregnado hedor:​​ 

 

Ademán de echar cabeza, sudores y más sudor.​​ 

 

Como el discreto​​ polvo del tiempo en los granos.​​ 

Cuando su corazón es devorado por el​​ insecto​​ diminuto​​ que se hace larva, otra vez insecto y finalmente vuela.

 

 

 

 

 

 

 

 

(contra el amparo de la tierra)

cruce. una calle

 

Dentro de la cabeza. En sinfonía matemática. Sucede el orden imposible. Suceden a la glándula todas las dimensiones y cada cuadrante, cuadrilla o perímetro, levanta la intuición y decanta el ritmo de cada cosa en su presunto:​​ 

 

Ese carro y su velocidad. La zancada en los cuerpos, mi peso, mi vectoriana magnitud, su resistencia al soplido. El cálculo silente de las revoluciones, de sus minutos. Todo en mí ya lo sabe. Seré capaz, con certeza. No llegaré al golpe.​​ Ileso me libraré de esta formación. Aunque de una acera a otra acera, mis cálculos no sean siempre perfectos: hay gente capaz de matarte por la orden de un semáforo.

 

 

 

 

 

 

 

 

(contra el amparo de la tierra)

mire. por la ventana

 

Un ave o una piedra. Algo contundente ha dejado una estrella,​​ 

como el dibujo de un niño,​​ o un sol,​​ en el vidrio de la ventana.​​ 

Viene​​ desde el borde,​​ trepando como una araña filosa.​​ 

Sus patas son largas, bien dibujada​​ el astro​​ por sus bordes.​​ 

Y​​ el brillo de lo que pasa detrás​​ va como​​ deshilando​​ un​​ rocío.​​ 

¿De verdad has visto el vidrio roto?

 

 

 

 

 

 

 

 

(Contra el amparo de la tierra)

cumpla. su amenaza

 

No hay tiesto para la rabia profunda​​ 

ni flor que encarne el miedo que provocas.​​ 

No hay belleza que sacuda de tu dolor​​ 

¡ah,​​ mundo! Boca vil.​​ 

Sigues apilando piedras sobres nuestras calaveras.​​ 

Sigues enredando sierpes para nuestras hijas.​​ 

Pero bastará un día, te prometo,​​ 

para que tu mordida ya no quiebre​​ 

y tu cascabel sea nuestra sonaja.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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