Diciembre
Camino hacia tu piel para observar de cerca el esplendor,
los signos y los pliegues de la carne,
el color que han marcado todas tus resistencias.
Y camino despacio para reconocerme, para hacerme,
en aquel que se acerca, tan solo tu aliado.
Tú recibes mi herida, mi tiempo protegido
y el que no lo fue tanto, recibes la consciencia
del hombre atribulado, del ser humano solo
que apostó por callar para que no supieran
la razón del dolor y el abandono. Y la recibes, dulce,
con todas las sonrisas que has sabido mostrarme.
Ya no quedan fantasmas, ya el origen de todo en nuestra huida,
y hay un renacimiento entre tus labios y estos que son mis labios,
sin palabras a penas, mordidos de placer, amansados de amor,
acercados los unos a los otros para, así, celebrarse.
El lenguaje que soy, el de la intensidad cuando digo tu nombre,
cuando sencillamente te digo que te quiero,
no es lanza ni fusil, ni tropa que resiste en la trinchera,
es libertad y es vuelo, es razón y es verdad para contarte.
Tú me observas de cerca, abres tus ojos para mirar los míos,
adviertes este tiempo que es vértigo y temor,
porque el comienzo de cualquier cosa es
de vértigo y temor, sencillamente. Pero no hay gravedad
que salte por encima del abrazo primero, o del primer temblor,
para apagarlos.
Camino hacia tu piel donde observar de cerca tu estallido;
tú me esperas allí en el lugar en que todo se asombra.
Y revienta de júbilo diciembre.
Silencio
Rescatar cada parte de ti que se desnuda,
y hacer ofrenda.
Entregar a la calma el tiempo de quererte,
abastecer de bálsamo la zona más externa de tu cuerpo,
y dejar que se extienda hacia mi cuerpo.
Posar la omnipresencia del vestido encima de la cama,
que las prendas conquisten su quietud,
que no vistan a nadie.
Y hacer de tu desnudo voz de canto.
Y dime cómo entonces traer el tiempo lento,
que se apaguen las horas de todos los relojes,
que no sea consciencia ni retén este fulgor purísimo,
este sentirte, despojándonos ambos del misterio
de un viernes que se apaga
para depositarnos sin límite en un sueño
de cuerpos que se sienten.
Dime de qué manera en esta noche
podemos comenzar, descubierto el rumor de lo que somos,
desde lo que hemos sido.
No hay nada que nos venza,
no hay miedo ni hay talud,
todo lo fragmentario se convierte
en un hilo de cuerpos,
La luna está ahí arriba, y es bastante.
En la cocina quedan los platos de la cena
como una lejanía. Lo cercano es tu olor,
mi búsqueda de ti, y alternativamente tu búsqueda de mí,
nuestro delirio.
La palabra es ahora un error que se cuela
entre las sábanas, parece que dijiste.
Silencio.
Un rotundo silencio y un tiempo protegido para lo que nos queda.