Qué comer, qué beber y qué dejar como veneno
I
Solo ahora, en primavera, puede el lugar ser nombrado:
tulipán, narciso, manzano silvestre, cornejo,
brotes rosa verdoso, blanco verdoso, amarillo
hasta donde sé. Todo el invierno estuve perdida.
Otoño, me encontré aquí, sin textura que mis dedos
conozcan. Luego, peor, el anhelo blanco nos hundió
profundamente por tres meses. Sin calor de flores.
Eso fue el invierno. Pero ahora, en primavera, brotes
inundan nuestros árboles. Diez millones de exquisitos brotes,
mínimos y vistosos, abren sus pétalos alados,
bramando desde cenicientas ramas teclas vibrantes,
los acordes del triunfo de la primavera: corazón en puño,
cornejo; grial, álamo; rocío de vino, manzano silvestre.
La canción es bebida, es color. Ven. Ahora. Prueba.
II
La canción es bebida, es color. Ven ahora, prueba
lo que el mundo tiene para ofrecerte. Cuando comas,
sabrás que la música se presenta en muchas formas —
la audacia de mirto de crepe, la dulzura de narciso—
más allá del sonido, formas que nunca te dijeron
pudiesen ser ciertas. Y no lo son. Salvo que son
muy reales ahora, esta primavera, tú las conoces, pruébalas.
Verdes como la col, canciones de primavera; brillante cual vino,
la música. Rostros de esta temporada sonríen
con desmedido desenfreno —¿ves las sonrisas
abrirse en cada rama?— hasta que tú, también, sonrías.
Amplio carnaval del color, carnaval del aroma.
Todos nos tambaleamos por las calles, ebrios ahora
del grial de álamo. Rocío de vino: manzano silvestre.
III
Del grial de álamo, rocío de vino. Manzano silvestre
se ilumina celosamente para competir.
Pero por la profunda mancha de manzano silvestre,
tulipán aprende la modestia. Solo el rubor,
aprende álamo ligeramente. Nunca enciendas
un fuego tan oscuro hacia el corazón. Tulipán se quiere
ligera bajo las hojas, nunca, como manzano silvestre,
pesada bajo la fruta agria. Nunca cargada.
Así álamo vierte solo un poco de vino
en su copa, mientras manzano silvestre, la indómita,
actúa como si su cuerpo fuese una fuente.
Ella vertería vino sobre ti, solo déjala.
Desvergonzada, se planta y reparte,
por la calle de cualquiera, brillantes invitaciones.
IV
Por la calle de cualquiera, brillantes invitaciones.
Chúpalas. Trágalas. Cómelas enteras. Así,
sé codicioso al respecto. El resplandor llama
y tú atiendes porque deseas probar,
porque quieres ser acogido dentro
del código de tal color: rojo para la sed; verde
para el hambre; rosa, un beso; y blanco, mánchame
ahora. Ensúciame con el tacto. ¿Es así?
No. Eso no es, dices, a lo que te referías.
¿No es para nada a lo que te referías? Perdón. Mis disculpas.
Tu mano se extendía, tiraba de esta camisa
de flores y pensé, supongo que pensé
que estabas hambriento de algo hermoso.
Ven ahora. El resplandor aquí podría llenarte.
V
Ven. El resplandor ahora aquí podría llenarte,
¿pero y mañana? Quién puede saber lo que el siguiente
día traerá. Es así, ahora, en primavera.
Cuatro días atrás, cornejo era un puño
en protesta. Ahora mira. Incluso ella se despliega
al placer de la temporada. No te
avergüences de ti mismo. No lo hagas. Esto
nos pasa a todos. Hemos quedado al descubierto
Estamos desnudos y hemos aprendido a amarnos.
Te digo, no te avergüences. ¿Quién es
más libertina que la danzante mirto de crepe?
¿Se avergüenza ella? Por qué, incluso cornejo,
esa planta justa de Dios, está llena de lujuria
estallando en resplandor cada primavera.
VI
Estallando en resplandor cada primavera,
te traigo hacia mí. Me pregunto, ¿sabes
por cuánto tiempo he querido estar aquí? Cada año
me tomas, me levantas y me llevas adentro.
Jubiloso es el cuerpo de narciso
estirando sus dedos tubulares a través del día,
sintiendo su propia pasión coreando el aire
con melodía caliente y colorida. Es una textura
que amo. Esto es la vida. Y también tú me amas,
inhalas todo mi ser cada primavera. Se ha ido
el invierno, terrón pesado cuyo cuerpo de hielo
cayó en mi lecho. Debo dejarte, pero esperaré
a través del calor, el otoño y el frío para oírte gritar:
Los narcisos han brotado. ¡Dios mío, qué belleza!
VII
¡Los narcisos han brotado, Dios mío! Qué belleza
se orquestó sobre nosotros anoche. Y si
vuelvo a dormir, despertaré con una floración
más sonora, la sinfonía derribando paredes
del invernadero y entrando al mundo: música.
Algo como el retorno de las aves, el crescendo
de cada mañana elevándose al tono más brillante,
colores desplegándose, fascinantes pétalos.
La canción, el color, elevado éxtasis
de la primavera. Dios mío. Esta belleza, esto,
es lo que he anhelado. Toda mi vida está aquí
en el centro sin nombre —cornejo, narciso,
tulipán, manzano silvestre, mirto de crepe—
solo ahora, en primavera, puede el lugar ser nombrado.
Nota de la traductora.
Los poemas aquí presentados constituyen una “corona de sonetos” que da nombre al libro What to Eat, What to Drink, and What to Leave for Poison (2006) de Camille T. Dungy. En esta versión al castellano, se ha procurado mantener una constancia rítmica en la extensión de los versos, priorizando la riqueza de las imágenes originales. Si bien en el original la autora emplea versos de diez sílabas métricas, en la presente versión se ha optado por un verso de arte mayor para compensar la diferencia silábica entre ambas lenguas. Se ha respetado la construcción de catorce versos por estrofa, fundamental en la estructura de la corona.
Camille T. Dungy (Denver, Colorado, 1972) es autora de cinco poemarios, de la colección de ensayos Guidebook to Relative Strangers, y del aclamado libro de memorias Soil: The Story of a Black Mother’s Garden. Es una figura de gran relevancia en la ecopoesía tras editar la antología histórica de poesía ambiental afroamericana Black Nature: Four Centuries of African American Nature Poetry. Fue galardonada con el American Book Award y con las becas Guggenheim, Academy of American Poets y National Endowment for the Arts. Su obra explora las intersecciones entre raza, maternidad y ecología. Actualmente es profesora distinguida en la Universidad Estatal de Colorado y conduce el podcast Immaterial para el Museo Metropolitano de Arte (MET).
Cristina Gálvez Martos (Caracas, Venezuela, 1987) es poeta, docente de inglés y traductora. Ha publicado Psicopompa (Monte Ávila Editores, 2015 – Premio en poesía del Concurso para Autores Inéditos); Bicorne (Casa de las Letras Andrés Bello, 2016); Fauna de Cal (Casa de los Escritores del Uruguay, 2020 – Premio de poesía Saúl Ibargoyen/ reedición por Ediciones Azalea, 2022); Animal más oscuro (plaquette antológica digital, Fundarte, 2022) Diario del Eclipse (plaquette digital, Petalurgia, 2022), El corazón del mar se iba tras de mí (Ediciones Dospájaros, 2023) y Hermana amarga (LP5, 2024).




